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Guerra en Ucrania | "Mi colegio lo cerraron por si caían bombas. Ahora quiero ir al instituto en Zaragoza"

Olena Dervikoba ha vuelto con tres de sus hijos a Perdiguera, localidad zaragozana en la que estuvo de niña de acogida desde que tenía 7 años y hasta que cumplió 18.

Julio y Feli Murillo, con la familia ucraniana que acogen en Perdiguera
Julio y Feli Murillo, con la familia ucraniana que acogen en Perdiguera
Toni Galán

Dimas y Verónica, de 13 y 6 años, respectivamente, hacen derrapes con sus bicicletas por las calles de Perdiguera como cualquier chaval de su edad. Mientras, Olena Dervikoba, su madre, ayuda a Misa, de 6 años, con un triciclo, y habla con sus "padres", como llama a Julio Murillo y Feli Murillo. Pasó los veranos y navidades en el pueblo desde que tenía 7 años y hasta que cumplió los 18 gracias a la Asociación de Asistencia a la Infancia, de la que Julio es tesorero.

Hoy hace dos semanas que llegaron a Aragón y aunque su vida ha cambiado para siempre, la gente que les rodea y su conocimiento del español hace que no tengan que empezar de cero, como les ocurre a otros compatriotas. "Los niños sonríen todo el tiempo, tras los primeros tres días para ellos es casi como estar de vacaciones", cuenta Feli.

Huyeron de su pueblo, cerca de Yagotin, antes de que empezaran los bombardeos. "Los maestros dijeron que el colegio lo cerraban porque podían caer bombas y matarnos. Una mañana sí que vi tanques por las calles", recuerda en un muy buen español Misa, que las pasadas navidades estuvo en Huesca con la familia de acogida con la que pasa las vacaciones desde 2015. Ahora quiere ir al instituto de Zaragoza, aunque de momento se entretiene acompañando a Julio y sus hermanos al campo. "He aprendido cómo se cortan las ramas de los olivos", dice.

En principio tendría que acudir al IES Itaca, como otros chicos de la zona que cuentan con transporte escolar. "Pensaba que la escolarización iba a ser más rápida. De momento, Educación me ha respondido que la solicitud de plaza ya está registrada. Un chico como él se llega a aburrir", explica Julio.

Verónica y Misa están desde el pasado miércoles en el colegio de Perdiguera "en periodo de adaptación". "El director enseguida se ofreció para que fueran a clase, se han volcado. El problema es que necesitan a una persona de refuerzo porque Misa tiene una discapacidad intelectual, lo están valorando y precisa una atención continuada", comenta este matrimonio, que agradece la solidaridad del ayuntamiento, los vecinos y la comarca, "que se han implicado muchísimo".

Esta semana que viene tienen cita en Extranjería para hacer los papeles. Con ellos en la mano, Olena espera empezar a trabajar en una granja de cerdos de la zona. "Me gustan estos animales, era también mi trabajo en Ucrania" . Un vecino les ha cedido una vivienda para que en mayo puedan tener su propio hogar para dormir. Dimas ya piensa en las fiestas del pueblo, a finales de julio. Las conoce bien y le encanta la charanga.

Feli, Morska y Olena hablan sentadas a la mesa mientras Julio atiende a Misa
Feli, Morska y Olena hablan sentadas a la mesa mientras Julio atiende a Misa
Toni Galán

Una historia de amor con boda en plena guerra

Perdiguera tiene una relación muy especial con Ucrania. Cuando surgió la Asociación de Asistencia a la Infancia en 1997, en los primeros años llegaron a coincidir hasta siete niños de ese país jugando por las calles. Una de ellas, María Morska, también ha regresado con su familia de acogida de antaño. Nunca ha perdido relación con ella, volvió como traductora de la asociación y también de visita al pueblo con su novio con el que, como en una historia de amor de película, se casó el día antes de huir de su país.

"Me casé el día 8 de marzo y salí de Ucrania al día siguiente. Llevábamos ocho años juntos y cuando hablamos de si venía a España me dijo que quería que estuviera segura y a salvo, pero también que me casara con él. Le dije sí, por supuesto, y la ceremonia duró 40 minutos pero fue emocionante. Espero celebrarla un día a lo grande", comenta María mientras conversa a la mesa con Julio, Feli y Olena en casa de los Murillo. Acude a este hogar con frecuencia porque tiene internet y puede hablar por teléfono con su ya esposo.

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