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La gran renuncia: "En España no se puede dar una sangría de trabajadores como en Estados Unidos"

Lo llaman ‘la gran renuncia’ y trae de cabeza a los analistas: desde el inicio de la pandemia unos 4 millones de personas cada mes dejan voluntariamente sus puestos de trabajo al otro lado del Atlántico.

Los datos de desempleo en enero han sido esperanzadores, pero la tasa de desempleo sigue en torno al 14%.
Los datos de desempleo en enero han sido esperanzadores, pero la tasa de paro sigue en torno al 14%.
E.Parra/EFE

Es un fenómeno sociológico con pocos precedentes. En los meses de septiembre, octubre y noviembre una media de 4,2 millones de trabajadores han dejado voluntariamente su puesto de trabajo en Estados Unidos. Las empresas se las ven y se las desean para cubrir tanta vacante y los carteles de ‘now hiring’ (algo así como ‘se necesita’) abundan por toda la geografía norteamericana. Unos lo achacan al cambio de valores consecuencia de la pandemia; otros, al dinamismo del mercado laboral al otro lado del Atlántico; pero sea como fuere lo cierto es que los expertos temen que esta ‘gran renuncia’ -que así se conoce al fenómeno- comprometa la recuperación económica de EE. UU. ¿Es posible que en Europa suceda algo parecido? ¿Cuántas personas renuncian voluntariamente a su trabajo en España cada año?

Estados Unidos tiene unas características del mercado laboral que nada tiene que ver con lo que pasa en España. El paro allí es del 4%, mientras que en España estamos en torno al 15%. Eso hace que los norteamericanos no tengan ningún miedo en dejar el trabajo porque saben se pueden reenganchar al mercado laboral sin ningún problema. Aquí hay parados de larga duración y la gente es mucho más reacia porque el desempleo es una amenaza real”, explica Pablo Toboso, especialista en asuntos laborales de la Gestoría Toboso Alonso, en el barrio zaragozano de Las Fuentes. En esta oficina, como en tantas otras de Aragón, “no hay indicios de que pudiera darse una gran renuncia”, sino todo lo contrario: cada vez hay más gente haciendo malabares con sus finanzas y se incrementa el número de autónomos para poder compatibilizar trabajos.

A juicio de los especialistas, en España continúa pesando mucho la economía sumergida, hay más peso del entorno familiar y, sobre todo, se da otra circunstancia: la sobrecualificación de muchos trabajadores, que tienen más preparación a nivel académico que los empleos que desarrollan. “Quizá algunos profesionales con un perfil técnico muy alto sí se puedan permitir el lujo de elegir trabajo o estar una temporada en barbecho, pero para la gran mayoría de la gente es impensable. En España no se puede dar una sangría de trabajadores como en Estados Unidos", asegura Toboso.

Los carteles con ofertas de empleo se están multiplicando en Estados Unidos.
Los carteles con ofertas de empleo se están multiplicando en Estados Unidos.
Reuters

Los gobiernos de Donald Trump y de Joe Biden han lanzado muchos programas de estímulo para la gente que está desempleada en Estados Unidos, lo que parece que ha incentivado también que los trabajadores tuvieran menos reparos a la hora de dejar sus empleos: unos se han ido por miedo a los contagios, otros para cuidar de sus hijos... Hay que contar que muchos de ellos son “precarios, mal pagados, sin Seguridad Social, ni vacaciones, ni beneficios laborales, ni derecho a maternidad… Las condiciones en general son muy malas y los estadounidenses no tienen problemas en borrarse del mercado laboral”, explican desde los sindicatos españoles, tanto CC. OO. como UGT, en donde también señalan otra derivada: el paro juvenil aquí roza el 40% y, por tanto, “los jóvenes no pueden protagonizar un movimiento de renuncia a algo que no tienen”. Además, en Estados Unidos apenas existe afiliación sindical y la renuncia -más que las manifestaciones o protestas coordinadas- es "la vía más directa para mostrar el descontento". 

"Los jóvenes no pueden protagonizar un movimiento de renuncia a algo que no tienen"

¿Cuánta gente abandona voluntariamente su puesto de trabajo en España? No es fácil aproximar una cifra porque no es una estadística que quede registrada. Una vía para estudiar este asunto sería cotejar los datos del Ministerio de Seguridad Social, donde no se habla de bajas voluntarias pero sí de personas inactivas, esto es, gente que está en edad de trabajar pero decide no buscar un empleo. Según la Encuesta de Población Activa, no ha habido grandes variaciones en este registro -unos 16 millones de personas- en los años 2019, 2020 o 2021. Otra manera sería atender a las estadísticas propias que manejan las principales plataformas de búsqueda de empleo como Infojob o LinkedIn, en las que cifran en torno a unas 80.000 bajas voluntarias al año. Esto no significa, no obstante, que muchos trabajadores no fantaseen con la idea de dejar sus puestos, aunque son pocos los que deciden dar el paso (apenas un 0,34% de la población activa).

La pandemia sí ha generado un cambio de mentalidad y de prioridades en los trabajadores, pero se refiere más a valorar asuntos como el cumplimiento horario, la posibilidad de teletrabajar o, incluso, de tener balcones en la oficina. “El coronavirus ha hecho que mucha gente se replantee su modo de vida, pero no ha llegado tan lejos como para dejar los trabajos. Muchos sí se preguntan si merece la pena trabajar así, si se vive para trabajar o se trabaja para vivir, pero, claro, los gastos familiares y las hipotecas continúan”, comenta la psicóloga Berta Samper, que ha atendido en los últimos meses sintomatología de “tristeza, desmotivación o letargo emocional” derivados de la pandemia. A su juicio, en el imaginario colectivo está muy presente que la posibilidad de caer en la pobreza es mucho mayor si se está largo tiempo sin trabajo (el riesgo es hasta 40% mayor para los desempleados, según el INE), lo que imposibilita que la situación de Estados Unidos sea extrapolable a España.

Pero, ¿y qué pasa en otros mercados? Es cierto que en Reino Unido está habiendo problemas para encontrar determinados perfiles profesionales, pero los analistas lo atribuyen más al Brexit y la marcha de muchos migrantes que a las bajas voluntarias.

En China, por su parte, se está dando otro fenómeno curioso: el de los jóvenes que se hacen fotos tumbados en el sofá, reivindicando que no pasa nada por tumbase y descansar y no estar sometidos al ritmo frenético de trabajo del país. Protestan contra la precariedad laboral y lo que llaman el 996, esto es, trabajar de 9 a 9 seis días la semana. El Gobierno chino ya ha dicho que quiere prohibir estos abusos y el Tribunal Supremo ha advertido que esas jornadas son ilegales y vulneran los derechos de los trabajadores.

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