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La UME supera con nota el último gran examen del año: la riada del Ebro

La anticipación de los militares evitó desalojos en los municipios ribereños. Otra satisfacción para un batallón que este 2021 lidió también con Filomena y el volcán de La Palma.

El jefe de la UME, Manuel Moreno (izquierda) junto al comandante Luis Martínez. Detrás, la brigada Raquel Ramiro y el cabo David Tello. El pasado jueves, en el puente del río Ebro en Alfocea.
El jefe de la UME, Manuel Moreno (izquierda) junto al comandante Luis Martínez. Detrás, la brigada Raquel Ramiro y el cabo David Tello. El pasado jueves, en el puente del río Ebro en Alfocea.
FRANCISCO JIMENEZ

La reciente crecida del Ebro se ha convertido en el último examen del año para el batallón zaragozano de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que gracias a su anticipación contribuyó a evitar que el río inundara los cascos urbanos de varios municipios ribereños. Su responsable, el teniente coronel Manuel Moreno, reconoce a HERALDO que el día y medio de adelanto con el que fueron movilizados fue clave, ya que les permitió reforzar motas y llevar a cabo un importante trabajo de contención. Para el mando, 2021 ha sido un año especialmente exigente. Y no le falta razón, lo comenzaron plantando de cara a la borrasca Filomena y les has tocado lidiar hasta con la lava de un volcán.

«El jefe del Servicio de Protección Civil en Aragón, Miguel Ángel Clavero, nos avisó para acudir a la Ribera Alta el 11 de diciembre. Ello hizo que pudiéramos ganarle casi 36 horas a la crecida, algo que resultó fundamental de cara a la semana posterior», explicaba Moreno el pasado jueves mientras inspeccionaba la zona afectada en Alfocea. El oscuro precedente del 1 de marzo de 2015, cuando no se detectó bien el nivel del río en Castejón (Navarra) y hubo que desalojar a 1.500 vecinos de Boquiñeni y Pradilla, estaba en la memoria de todos. Pero, esta vez, la lección estaba aprendida.

Los primeros lugares donde se desplegaron los militares de la UME fueron Novillas, Alcalá, Cabañas y Remolinos. «Teníamos dos subgrupos tácticos con unas cien personas cada uno, a los que había que sumar otro centenar de efectivos repartidos en la plana mayor y otros grupos de apoyo como sanidad, alimentación o policía», recordaba el teniente coronel. Según este, el jefe de Protección Civil les dio cumplida información sobre lo ocurrido en riadas históricas como las de 2015 y 2018. «En Gallur se produjeron inundaciones en la zona deportiva y aguas abajo del pueblo, por lo que achicamos allí agua», rememoraba Manuel Moreno.

Los mandos de la UME tenían claro que la inundación de los campos era «inevitable», por lo que se centraron en «evitar el desalojo de los pueblos» protegiendo los cascos urbanos. «Tuvimos que cambiar los turnos de permiso a unas 20 personas. Pero todos estaban dispuestos a actuar, son gajes del oficio», apuntaba el teniente coronel.

El primer objetivo era reforzar las motas para evitar que se repitiese lo de 2015. «Entonces, el dato del nivel del agua en Castejón nos confundió y no se pudo reaccionar a tiempo», recordaban. Según los militares, «la colaboración de los ayuntamientos y vecinos fue decisiva». Hubo lugares como una granja lechera de Remolinos donde los soldados protegieron a los animales con un «cordón merlón», colocando sacos terreros para impedir la entrada del agua

Para la UME, fueron más las complicaciones registradas en la Ribera Alta que en la Baja, porque el río Gállego no aportó más agua. «No afectó tanto el deshielo y hubo menos lluvias en el Pirineo que las que cayeron en Cantabria y el País Vasco, que fueron excepcionales según Aemet», recalcó el jefe de la UME. Ahora que todo ha pasado, el teniente coronel Manuel Moreno advierte: «Puede volver a pasar en marzo. No hay que descartarlo».

De la nieve a la lava

Para la UME, el año 2021 ha supuesto un importante reto. Lo comenzaron con la operación Filomena, capeando con las grandes nevadas que cayeron en Aragón y desplazándose incluso al aeropuerto de Madrid-Barajas. Durante el verano, les tocó participar en los incendios forestales de Graus, Autol-Valdezcaray (La Rioja), Vera de Bidasoa (Navarra) y Santa Coloma de Queralt (Tarragona). Y se han despedido con la inédita actuación en la erupción del volcán de La Palma y frenando la crecida del Ebro. «Ninguno de los cinco batallones que tiene la UME ha tenido actuaciones tan variadas», resumía su responsable desde el puente que cruza el Ebro en Alfocea.

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