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crecida del ebro

Vecinos de Novillas y Pradilla: "Que no sea como la de 2015 porque no se sabe ni el agua que vino"

Efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) trabajan este sábado en Novillas para reforzar la mota que la protege del río y han empezado a cortar calles con sacos de tierra para evitar que llegue a las viviendas.

Vecinos de Pradilla y Novillas.
Arriba, José Antonio Aguarón, vecino de Pradilla y los de Novillas Mara Gascón (debajo) y a la derecha Ángeles Gracia, Ángel Cabestre y María José Villanueva con sus hijos Olga, Christian y Laura, y su sobrino Jesús.
Oliver Duch

Los vecinos de Novillas están acostumbrados a estar pendientes del río, pero también viven con preocupación la llegada de las crecidas como la que se espera este domingo, que se ha comparado con la última de las más graves, la que se vivió hace seis años. "Que no sea como la de 2015 porque no se sabe ni el agua que vino", ha deseado este sábado Mara Gascón, vecina de la localidad zaragozana, mientras miraba cómo los efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) colocaban los primeros sacos de tierra que quieren servir de barrera en las calles más cercanas al cauce del río Ebro. El nivel del agua ha subido tanto que al mediodía casi había cegado el puente que da acceso a la localidad zaragozana.

El lugar ha sido un punto de encuentro de los vecinos de la zona desde primera hora de la mañana para seguir el avance del agua, que desde el día anterior ya había inundado algunos campos situados junto al cauce y obligado a trasladar animales de las granjas más próximas. "Esta mañana me he levantado de noche y ya estaba la UME con el alcalde al lado del campo de fútbol", ha contado Ángel Cabestre, vecino de 79 años, equipado con botas de agua. Por la noche ha recogido enseres en su casa porque en 2015 entró "medio metro de agua". Vive en la zona del pueblo más cercana al río pero ha salido a pasear hacia el puente con otro vecino. En la ribera se puede leer el cartel que recibe a los visitantes y que muestra el protagonismo del río para la localidad: 'Novillas. Puente natural donde el Ebro se hace aragonés'. Otros se han acercado en bicicleta. Los mayores recordaban crecidas históricas como la de 1961.

Trabajos de la UME elevando la mota que rodea el pueblo zaragozano de Novillas
Mara Gascón, vecina de Novillas, en una calle del pueblo tras la llegada de la UME.
Oliver Duch

El tráfico por las carreteras y caminos lo copan los vehículos de la UME, que ha anunciado que va a desplegar a lo largo de este sábado 292 militares, 102 vehículos y 1 helicóptero para hacer frente a la crecida del Ebro. El puesto de mando se ha instalado en Luceni.

"Si se cumplen los 3.000 litros puede ser histórica", ha explicado el alcalde de Novillas, Abel Ulises Vera, en una de las calles que bajan al parque junto al río, la zona de más riesgo de inundación, donde ya llegó la crecida de 2015. Los militares han llegado a la población en torno a las 6.00 de este sábado, después de que la Delegación del Gobierno en Aragón activara, a requerimiento del Gobierno autonómico, la situación de emergencia. Los camiones han descargado tierra junto al parque del río, con la que se van llenando cientos de sacos.

Trabajos de la UME elevando la mota que rodea el pueblo zaragozano de Novillas
María José Villanueva con sus hijos Olga, Christian y Laura, y su sobrino Jesús, en su casa en Novillas, en una de las calles cortadas.
Oliver Duch

Los trabajos se centran en la mota que rodea al pueblo, que ya se reforzó en 2015 y que los vecinos confiaban en que ahora evitara daños. Los militares de la UME trabajan para elevarla todavía más y proteger al municipio. Otro de los puntos de más actividad han sido las calles cercanas al parque y el campo de fútbol ya inundado, que apenas deja asomar la parte superior de las porterías. El agua avanza ante la atenta mirada de los corrillos de vecinos. "Dicen que viene gorda", ha comentado Sergio, uno de ellos, aunque esperaba que, como en otras ocasiones, no llegara a afectar a las viviendas. Mientras, María José Villanueva, planeaba cómo proteger su casa, en la calle La Jota, en zona de riesgo. "Hasta las 18.00 o las 19.00 no voy a hacer nada. Se irá viendo cómo va subiendo. No vendrá de golpe", ha comentado, no sin preocupación, porque ya ha vivido anteriores riadas. Tratará de subir a la planta de arriba los electrodomésticos que pueda porque en 2015 se vieron afectados por el agua.

Hasta allí se han acercado algunos amigos por si necesitaba ayuda. Para los pequeños de la casa era casi una aventura seguir el avance del río. Sus hijos Olga, Jesús y Laura cruzaban al cercano parque con su primo Jesús. Los niños se preguntaban si con la riada llegarían los siluros al pueblo.

Ángeles Gracia, vecina de Novillas.
Ángeles Gracia, vecina de Novillas.
Oliver Duch

"El agua salía de dentro de las casas para afuera", ha recordado Ángeles Gracia, otra vecina de la misma calle sobre la última riada. Se asomaba en bata a ver cómo iban los trabajos de la UME. Su vivienda se encuentra en la parte alta de la vía y no esperaba que llegue la riada, pero esta jubilada no estaba tranquila porque recordaba que en situaciones así "el agua se filtra por debajo".  Vive sola en una casa de dos plantas y en la cochera tiene una cocina por la que está preocupada. "Abajo tengo cocina, lavadora, arcón congelador y horno", enumeraba, sobre los aparatos que pueden resultar dañados. Algunos vecinos ya los iban desalojando por la cochera.

En esta ocasión se prevé una crecida de entre 2.500 y 3.000 metros cúbicos por segundo. Por el momento, hay unas 800 hectáreas de campos inundados en la localidad y los animales de varias granjas han tenido que ser desalojados, ya que el río lleva aumentando su caudal hace una semana.

Peticiones de limpiar el cauce del río

Las primeras previsiones estimaban que el pico de la avenida llegaría a Castejón (Navarra) a las 16.00 de este sábado y 12 horas después a Novillas, aunque finalmente se prevé que se retrasará unas horas, alrededor del mediodía. En Pradilla, otro municipio aragonés con experiencia en crecidas del río, hacían también cálculos sobre cuánto podía tardar. José Antonio Aguarón, vecino del municipio ribereño que recordaba las riadas históricas que ha vivido junto a la orilla del río y el cubo que sirve de agradecimiento a quienes ayudaron a afrontarlas. "He vivido ya cuatro desalojos del pueblo", ha rememorado el que fuera alguacil durante tres décadas, durante las que en momentos como este le tocó hacer "de todo", afirma. "El pueblo se inundó en 1961 y  nos llevaron a Tauste", ha recordado sobre la primera que sucedió en plena Nochevieja, cuando él tenía solo 11 años. Esta será la primera que viva como jubilado.

José Antonio Aguarón, vecino y ex alguacil de Pradilla.
José Antonio Aguarón, vecino y ex alguacil de Pradilla.
Oliver Duch

"Si limpiaran el cauce del río esto no pasaría", ha afirmado mirando los islotes de grava que se forman en el cauce. "En Boquiñeni hay una isla de 14 hectáreas", ha contado otro vecino. "Hay que respetar la naturaleza, pero hay que hacer actuaciones de limpieza en el cauce", ha pedido el antiguo alguacil, sobre el debate abierto hace años sobre cómo minimizar los daños de las crecidas de los ríos. La petición de limpiar de grava y arbustos el río ha sido compartida también por algunos vecinos de Novillas.

"Esto no hay quien lo pare", ha lamentado Ángeles, de Novillas, a la espera, como el resto de habitantes de la ribera del Ebro de ver en qué queda la crecida de este año.

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