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Tercer Milenio

Oro y plata en física o matemáticas: el músculo gris de las otras olimpiadas

Nuestro joven talento también gana medallas. Sus disciplinas olímpicas son la física, la biología, las matemáticas, la geología... Les gustan los desafíos y batir sus propios récords. 

Sobre la pista de atletismo de Unizar, de izquierda a derecha: David Díez Ibáñez, Marina Sanz Gracia y Alejandro Martín Contreras, de la asociación Quintescience; el equipo Goya I –Mónica Pueyo, Pablo Gutiérrez y Adriana Esteban–; Daniel Ulibarri Sánchez; José Manuel Ezquerra Aznárez –también de Quintescience–; y Lucía Santas Lajusticia.
Sobre la pista de atletismo de Unizar, de izquierda a derecha: David Díez Ibáñez, Marina Sanz Gracia y Alejandro Martín Contreras, de la asociación Quintescience; el equipo Goya I –Mónica Pueyo, Pablo Gutiérrez y Adriana Esteban–; Daniel Ulibarri Sánchez; José Manuel Ezquerra Aznárez –también de Quintescience–; y Lucía Santas Lajusticia.
Francisco Jiménez

En las olimpiadas del conocimiento también hay clasificaciones, finalistas y medallistas olímpicos. Nadie se lesiona, pero sí se entrenan, incluso en los recreos, para llegar bien preparados al gran día en que toca medirse con los demás y, sobre todo, con uno mismo.

Los jóvenes atletas –estudiantes de ESO o bachillerato– no tienen que esperar cuatro años hasta la próxima ocasión; si no se interpone ninguna pandemia, la cita con los deportes del conocimiento: física, química, matemáticas, biología, geología, geografía, filosofía..., es anual y las fases nacional, internacional o iberoamericana, se celebran cada vez en una sede distinta.

"En la práctica, las olimpiadas son algo más que un concurso", asegura Fernando de la Cueva Landa. Los alumnos que participan en ellas tienen la oportunidad de acercase a la ciencia de una forma distinta, retadora y también disfrutona. Quienes las organizan saben que las olimpiadas son una buena carta de presentación con el fin de captar, como futuros profesionales, "a algunos de nuestros talentos más brillantes". La Universidad de Zaragoza invita a la primera matrícula a los clasificados en la fase nacional. "Casi todos nuestros matemáticos más conocidos provienen de las olimpiadas", señala De la Cueva, profesor de secundaria jubilado y encargado de la Real Sociedad Matemática Española (RSME) para la Olimpiada Matemática Española en Aragón.

Además de promocionar las matemáticas, considera que estas pruebas las dotan "de un contenido lúdico que lamentablemente han perdido casi por completo por muy diversas razones, por ejemplo, la confusión entre ejercicios y problemas, que han desaparecido de las aulas". Entre 100 y 150 estudiantes aragoneses participan cada año en la Olimpiada Matemática. Y ya van unas cuantas ediciones. La de este curso será la número 58 en España y en sus orígenes está el impulso de un profesor aragonés.

"Por iniciativa del aragonés Pedro Abellanas la Junta General de la RSME aprobó en 1963 la organización de una olimpiada matemática de ámbito nacional, con premios y becas para estudiar la carrera de Matemáticas", relata De la Cueva.

Aunque no adoptaron el nombre de olimpiadas hasta 1958, fecha de las primeras Olimpiadas Internacionales de Matemáticas, a propuesta de Rumanía, el espíritu olímpico ya se intuye en los orígenes de las primeras competiciones matemáticas nacionales, los concursos Eotvos de Hungría (1894). Dos años después, al calor de la misma efervescencia de fin de siglo e impulsadas por el Barón de Coubertin, renacían las Olimpiadas de la época moderna (Atenas 1896). "A principios del siglo XX, este tipo de competiciones se extendió por todo el centro y el este de Europa –prosigue–. La forma actual del concurso data de 1938 y fue establecida en las competiciones W. L. Putnam, organizadas en Estados Unidos y Canadá". Hoy, más de cien países de los cinco continentes seleccionan a sus mejores estudiantes de secundaria y envían a quienes obtienen medalla de oro nacional a este campeonato mundial de matemáticas.

Haciendo balance, "nuestra tierra ha obtenido medalla de oro en cinco ocasiones: José Luis Rubio de Francia (1966), Alberto Elduque Palomo (1977), Fernando Galve Mauricio (1987), Adrián Rodrigo Escudero (2007) y Alberto Angurel Andrés (2016). Parece que cada 10 años Aragón obtiene un oro. ¡Ya pronto nos toca! –suspira De la Cueva–. En la última edición, el bilbilitano Javier Badesa Pérez, de 3º de ESO y con tan solo 14 años, obtuvo medalla de plata. Su futuro durante las tres próximas ediciones es más que prometedor". Todos los nombres de este palmarés matemático son masculinos, y es que "los chicos vienen a ser como el 75% de los participantes o más", estima quien, junto a Alberto Elduque, en su día campeón ‘olímpico’ y hoy profesor de Unizar, organiza esta competición en Aragón desde hace años.

En otras olimpiadas, la participación femenina es claramente mayor. Así ocurre en la Olimpiada de Biología, en cuya fase autonómica han participado desde 2007 un total de 706 chicas y 302 chicos. A lo largo de la década que viene celebrándose la Olimpiada de Geografía, el promedio de alumnas participantes es del 65%.

Jóvenes inquietos y curiosos

¿Cómo son estos estudiantes de competición? "Somos jóvenes inquietos, muy curiosos, con ganas de aprender mucho sobre lo que nos gusta", se autorretrata Daniel Arribas. Este conquense se colgó el bronce en la XXVI Olimpiada Internacional de Biología (2015) y preside la asociación Quintescience, que reúne a más de un centenar de exolímpicos de toda España, unos 15 de ellos aragoneses. Para Olga Villagrasa Flores, profesora de Biología y Geología del IES El Portillo de Zaragoza y miembro de la Junta del Colegio Profesional de Biólogos de Aragón, que organiza la olimpiada, son sencillamente "impresionantes, lo mejorcito", por eso a ella se le "revuelve el estómago cuando la gente habla mal de la juventud". Es bastante común que "quien se presenta a una olimpiada, se presente a varias", dice. Para facilitar que puedan hacerlo, los organizadores de las diversas olimpiadas se reúnen y coordinan para repartirse las fechas; febrero es el mes más cotizado. "Aragón tiene talento para tener representación allí donde haya una competición por Comunidades Autónomas", declara Villagrasa, y demanda mayor apoyo institucional que el que actualmente reciben "para no tener que depender de la colaboración de entidades privadas" a la hora de afrontar los gastos.

Las olimpiadas sirven de carta de presentación de los diferentes grados universitarios ante los estudiantes de secundaria más brillantes

Las olimpiadas amplían los horizontes de cada disciplina. Las de biología, "sirven para reivindicar esa parte práctica que tanto motiva al alumnado y que a los profesores nos da tanta pena cuando se dan estas asignaturas sin pisar el laboratorio", reconoce Villagrasa. El diseño de esta competición hace que los 15 finalistas del primer examen teórico pasen a un examen práctico que tiene lugar en la Universidad San Jorge y que es "casi un premio, porque los chavales hacen dos prácticas en laboratorios universitarios con todos los juguetes científicos habidos y por haber". Mientras los estudiantes compiten, sus profesores asisten a una charla pensada "para darles recursos actualizados y apoyarles".

Fernando de la Cueva destaca lo que las olimpiadas aportan a la mejora de nuestro sistema educativo "por cuanto suponen, para los muchos profesores que, de modo completamente altruista, vienen preparando a los alumnos, una necesidad de actualización permanente de conocimientos, una búsqueda de problemas nuevos y de métodos de adaptación a los planes vigentes de nuevos y más atractivos contenidos".

En su opinión, existe "un error cada vez más común: suponer que la enseñanza debe estar dirigida solo al alumno medio, lo que lleva a no plantear cuestiones que no puedan ser resueltas por la mayoría de los alumnos o la formalización exagerada, que aproxima cada vez más la enseñanza media a la mala enseñanza universitaria". Estas circunstancias hacen "cada vez más fuerte la sensación de matemáticas-barrera, anulando su capacidad formativa, al crear en los alumnos una sensación de impotencia".

Más allá del oro, la plata y el bronce

Resolver un asesinato, como parte de un equipo de geología forense, o buscar un pozo de agua para abastecer a una población son algunas de las pruebas que han formado parte, en diferentes ediciones, de la yincana que deben superar, en equipos en los que se mezclan estudiantes de distintos centros, los participantes en la Olimpiada de Geología. Pretenden así, "además de combatir la escasa visibilidad de esta ciencia en los institutos, mostrar el papel que desempeña el geólogo en la sociedad", explica Aránzazu Luzón Aguado, profesora del departamento de Ciencias de la Tierra de Unizar. Coordina una olimpiada, que se celebra en Aragón (y en España) desde 2010, que está concebida "para llegar a un público más amplio: por un lado los estudiantes brillantes, pero también esos alumnos que en el instituto no son tan brillantes, pero a los que les abrimos la mente, mostrándoles que la geología es mucho más que los minerales que ven en clase". Con este fin, organizan unas pruebas que revolucionan la rutina del campus zaragozano, al que llegan en autobuses los participantes de Huesca y Teruel. En total, ese día se implican en la organización unas 40 personas, incluyendo estudiantes de Geológicas voluntarios y profesores que corrigen las pruebas sobre la marcha. Porque, la jornada culmina con una tercera prueba a la que acceden, "como en las Olimpiadas deportivas, los ocho mejores clasificados en las pruebas anteriores y que tiene un formato de concurso televisivo, con sus compañeros como público, de forma que los que no han pasado no se sientan excluidos". Este año, tuvo el formato del rosco de ‘Pasapalabra’, tensión y diversión incluidas.

Pasando la antorcha

La llama olímpica no solo no se apaga, sino que se multiplica. Los grandes clásicos mantienen alto el pabellón. La Olimpiada de Física comenzó en 1990 impulsada por Alberto Carrión, entonces coordinador de Física de COU, siguiendo la sugerencia de la Real Sociedad Española de Física. Desde entonces, reúne cada año en la comunidad aragonesa a entre 110 y 120 aspirantes a medalla. La Olimpiada de Química va a por su XXXV edición. La de Geografía se celebra en Aragón desde 2011 y su coordinadora, Paloma Ibarra Benlloch, explica que "no se limita a la realización de la prueba olímpica, sino que se plantea también como una jornada de convivencia en la que los olímpicos interactúan y descubren lo que es de verdad el trabajo como geógrafo junto a los alumnos del grado de Geografía y de los másteres". Más recientes son la Olimpiada Agroalimentaria y Ambiental de Aragón que organiza la Escuela Politécnica Superior del Campus de Huesca o la Olimpiada de Filosofía.

Este curso se estrena en Aragón la Olimpiada de Informática, dirigida al alumnado de ESO, bachillerato y formación profesional

Este curso se estrenará, de la mano del Colegio Profesional de Ingenieros Técnicos en Informática de Aragón, la Olimpiada Aragonesa de Informática. Su presidente, Eduardo Peris, señala que el objetivo es "acercar la informática a diversos niveles educativos: ESO, bachillerato y Formación Profesional" para que, "en un momento en que se está instalando aquí Amazon, aparezcan vocaciones tanto en chicos como en chicas, donde más falta hace". La edición aragonesa incorpora peculiaridades encaminadas a que "participar sea algo divertido, nada frustrante". Equipos de hasta cuatro personas concurrirán en categorías como Web/app de Aplicación Social, Reto de Ciberseguridad, Programación (Algorítmica) o Robótica. Quien resulte vencedor de la categoría de Programación (Algorítmica) será propuesto para participar en la fase nacional, pero están seguros que abrir el abanico facilitará que la toma de contacto con la informática llegue a todo tipo de alumnos.

A la categoría sub16, menores de 16 años, se dirige el pentatlón del conocimiento: la Olimpiada Científica Juvenil Española, cuyas pruebas combinan matemáticas, física, química, biología y geología. España se sumó a ella en 2019, gracias a los activos exolímpicos de la asociación Quintescience, que se encargan de la organización de la fase nacional. Aquel primer año participaron nueve Comunidades Autónomas y 861 estudiantes, en equipos de tres. En 2021 ya han concurrido todas las CC. AA. y Ceuta, 2.142 estudiantes. "El formato ‘online’ ha triplicado la participación", señala Daniel Arribas, para quien la orientación de esta olimpiada "educativamente tiene mucho interés, porque en otras, el gran nivel es de bachillerato, pero es antes, en los primeros cursos de la ESO, cuando se forman las vocaciones y aún puedes descubrir lo que deseas hacer".

Daniel Ulibarri Sánchez: "En las Olimpiadas conoces gente con tus mismos gustos"
Daniel Ulibarri (20 años) muestra sus medallas en las pistas de atletismo del campus.
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Hoy estudia 3º del doble grado de Física y Matemáticas. Así no tuvo que elegir. Cuando hacía 2º de bachiller en el IES Pedro de Luna de Zaragoza, fue plata en la fase internacional de la Olimpiada de Química, en París, y bronce en la iberoamericana, en Oporto; en la de Física, se quedó a un puesto de ir a la iberoamericana. Competir "es un aliciente porque conoces tu nivel real, te puedes medir, aquí no se trata de sacar un 10, sino de estar entre los mejores", pero, sobre todo, participar en olimpiadas –a lo que le animó su profesora Isabel Sucunza– "te permite ver en qué consisten las carreras y conocer gente con los mismos gustos que tú". Él no se ha perdido un partido de baloncesto, deporte que practica, de Tokio 2020.

Mónica Pueyo, Adriana Esteban y Pablo Gutiérrez: "Viajar a Oviedo nos hizo mucha ilusión"
Adriana Esteban García, Mónica Pueyo Sánchez y Pablo Gutiérrez Lavilla.
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Los tres cumplen los 15 este año, estudian 4º de la ESO en el IES Goya de Zaragoza y viajaron a Oviedo hace unas semanas para representar a Aragón en la Olimpiada Científica Juvenil Española. "Era el primer viaje tras mucho tiempo y aún nos hizo más ilusión", recuerda Mónica Pueyo. Disfrutaron de las pruebas y del ambiente, "que no era como esperaba, de típicos empollones". Juntos hacen buen equipo: "A Pablo se le da mejor la biología, a Adriana tecnología y mates, y a mí física y química". Piensa presentarse a más olimpiadas, pues "da más satisfacción resolver un problema que aprenderse un libro de memoria".

Javier Badesa Pérez: "Disfruto con problemas que hacen pensar"
Javier Badesa tiene 15 años y piensa seguir compitiendo en la Olimpiada Matemática.
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Como hacen los deportistas, el bilbilitano Javier Badesa también entrena, pero lo suyo son las matemáticas. "Disfruto haciendo problemas que hacen pensar, razonar, como los de las olimpiadas –explica–, son un reto, necesitas más ingenio y no se parecen a los de clase, que son más bien ejercicios, mecánicos". Aconseja "no frustrarse si alguno no te sale, pasar a otros, mantener la mente despejada y volver después". Aunque la mayoría de los participantes son de bachillerato, el año pasado, cuando cursaba 3º de ESO en el colegio de Santa Ana de Calatayud, fue medalla de plata en la fase nacional. En clase de Matemáticas, va un año adelantado a su edad. Juega al ajedrez y al baloncesto y toca el piano.

Lucía Santas Lajusticia: "Participar me descubrió la geología"
Lucía Santas (27 años) fue voluntaria en la Olimpiada mientras estudiaba el grado de Geología.
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Estudiaba 1º de bachillerato en el IES Juan de Lanuza de Borja cuando, en 2011, ganó la Olimpiada Española de Geología, lo que la llevó a Módena (Italia), a disputar la internacional. "Esos años de bachillerato son confusos y participar me descubrió el mundo de la geología", carrera que terminó hace unos años. Como estudiante universitaria, le resultó "entrañable" actuar como voluntaria en otras olimpiadas y ver en otros el nerviosismo que ella misma sintió en su día, por eso recomienda que, "aunque tengan ganas de llegar a lo más alto, vayan sobre todo a disfrutar la experiencia". Ahora prepara oposiciones para ser profesora de secundaria y ya se imagina llevando a sus alumnos.

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