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coronavirus

¿Qué efecto ha tenido el fin del estado de alarma? El cambio en la curva de Aragón

El final de algunas de las restricciones, como el toque de queda, no ha supuesto un aumento de los casos. El año pasado, el número de contagios se disparó a los pocos días de acabar el estado de alarma.

Reparto de mascarillas por las terrazas del Tubo de Zaragoza.
Desde el 9 de mayo se atenuaron algo las restricciones a la hostelería en Aragón.
Oliver Duch

El final del segundo estado de alarma se fijaba como un posible punto de inflexión. El pasado 9 de mayo, la relajación de algunas medidas se presentaron como una posible amenaza para la evolución de la pandemia en Aragón. Supresión del toque de queda, libertad para entrar y salir de la Comunidad, ampliación de aforos y horarios en locales cerrados y transporte público… Los ingredientes hacían que, quien más quien menos, se temiera un posible repunte de casos. El final del primer estado de alarma en junio del año pasado, con su vertiginoso pico epidémico posterior, era un precedente peligroso.

Sin embargo, en esta ocasión la evolución de la curva ha sido muy distinta. El final del estado de alarma llegó en una tendencia de bajada y con la vacunación echando una mano en la reducción de la transmisión de la enfermedad. Desde que terminaron esas medidas de control, la trayectoria se ha mantenido en descenso, pese al ligero repunte -más bien estabilización- que hubo la segunda semana.

Así, el 9 de mayo Aragón tenía una incidencia acumulada semanal (IA7) de 128 casos por 100.000 habitantes, mientras que ha terminado el mes de mayo con 70,2. Este indicador se ha reducido por tanto un 45% en poco más de tres semanas.

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Esta trayectoria contrasta con lo vivido tras el final del primer estado de alarma. Entonces, la Comunidad venía de un confinamiento estricto y de unas restricciones a la actividad mucho más severas, que permitieron que la incidencia se desplomara. El 21 de junio de 2020, cuando se levantó el estado de alarma, Aragón tenía una IA7 de solo 9,3 casos por 100.000 habitantes. Sin embargo, un mes después este indicador ya se había disparado hasta los 148,2 -es decir, creció casi un 1.500% en solo cuatro semanas-. Después la curva siguió subiendo hasta llegar a los 350, en lo que acabó siendo la segunda ola de Aragón, cuyo origen se vinculó a los temporeros de la fruta en la frontera con Cataluña.

El contexto de un momento y otro son distintos. Ahora, el porcentaje de inmunizados es muy superior, por el avance de la vacunación y porque hay más gente que ya ha pasado el virus. Esto hace que la transmisión sea más complicada. Por contra, la variante británica que ahora es dominante la favorece, con respecto a la situación del año pasado. El epidemiólogo veterinario Nacho de Blas añade que entonces “salíamos de un confinamiento estricto”, por lo que subir era casi la única opción, mientras que ahora estamos “en una desescalada descafeinada” que hace que haya una mayor inestabilidad, aunque de momento con clara tendencia a la baja.

Si se confirma ese descenso, Aragón podría ponerse en pocos días en el nivel de incidencia más bajo desde el pasado verano. Estos días, la IA7 ronda los 70 casos por 100.000 habitantes. En este 2021, solo en marzo hubo un dato mejor, los 60,5 casos que se alcanzaron el día 17 de aquel mes. Si, como se espera, la curva llega a caer por debajo de este nivel en los próximos días, la pandemia presentaría sus mejores datos en Aragón desde mediados de julio de 2020, tras salir del confinamiento del segundo trimestre del año.

Pese a esta favorable evolución de la pandemia, De Blas hace un llamamiento “a la prudencia”, y más teniendo en cuenta la presencia de “cepas más transmisibles”. En el Reino Unido, por ejemplo, la variante india amenaza con una nueva ola que está haciendo replantearse su plan de desescalada al gobierno de Boris Johnson.

Por contra, la evolución de la vacunación debería jugar a favor. La semana que viene podría alcanzarse la simbólica cifra del millón de vacunas administradas, lo que hará que aproximadamente la mitad de los mayores de edad tengan ya al menos una dosis, y uno de cada cuatro cuenten con la pauta completa. Ahora mismo, más del 90% de los aragoneses mayores de 75 años tiene las dos dosis; en los mayores de 60, más del 80% tiene al menos una; y estos días se avanza en la franja de entre 50 y 60, con más de la mitad de aragoneses de esta edad con una dosis.

Aunque los expertos insisten en que la vacunación no corta por completo la transmisión, sí la dificulta. Del mismo modo, tampoco impide que el virus logre infectar el organismo del vacunado -se dan casos de hospitalizados con una y hasta las dos dosis-, pero reduce notablemente la gravedad de la enfermedad y minimiza las posibilidades de que acabe causando la muerte.

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