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Viaje en patera con destino Burbáguena: el corazón de la España vacía que acoge a los migrantes

El pueblo turolense, de 200 habitantes, tiene desde este mes un centro de primera acogida de Accem para hasta 50 migrantes. Aunque es un lugar de paso, se busca que algunos acaben trabajando y viviendo en la comarca.

Amadou, Mohamed, Aboubacar y compañía caminan con calma por las calles de la localidad turolense de Burbáguena. Hace unos meses cada uno de estos nueve migrantes se embarcó en una patera atestada de gente con un destino incierto. Hoy, tras jugarse la vida y sufrir experiencias de todo tipo, viven a orillas del río Jiloca, en un alojamiento de emergencia de Accem a la espera de que el Gobierno central les asigne una plaza definitiva en alguna ciudad española.

Por la calle saludan con su precario castellano a los vecinos con los que se cruzan. “Buenos días, ¿cómo estás?”, aciertan a decir. Para este pueblo de apenas 200 habitantes la apertura de este alojamiento para migrantes con capacidad para hasta 50 personas ha sido toda una revolución. Aunque no ha faltado algún que otro recelo, la particular mezcla parece que de momento ha cuajado. “Si su comportamiento es bueno, me parece bien que estén aquí. Pueden dar vida a esto, porque el pueblo hace tiempo que va para abajo”, dice en la farmacia María Jesús Martín, vecina de toda la vida de Burbáguena.

“Si su comportamiento es bueno, me parece bien que estén aquí. Pueden dar vida a esto, porque el pueblo hace tiempo que va para abajo”

El centro abrió el pasado 12 de mayo en una antigua residencia de la localidad y cuenta con la financiación del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Es un dispositivo de primera acogida, es decir, un lugar en principio de paso hasta que estas personas tengan un destino concreto, mientras esperan a que se resuelva su petición de asilo en el país. Pero la demora, que debería durar días, en ocasiones se prolonga varios meses y hasta un año. Es ahí donde aparece el objetivo de que, si es posible, alguno de ellos acabe echando raíces en un territorio especialmente afectado por la despoblación. “Las capitales están masificadas, creemos que un entorno rural puede ofrecer más posibilidades de trabajo para asentarse”, señala Sonia Salcedo, directora del centro.

Ya ha habido agricultores que han preguntado si se les puede contratar, y los proyectos empresariales previstos en localidades cercanas como Calamocha o Bea también pueden ser una oportunidad. “El reto es lograr la inclusión laboral y social, así como la autonomía de la persona. Que puedan alquilarse un piso y vivir aquí”, añade Salcedo.

Joaquín Peribáñez, alcalde de Burbáguena, en la cancha del pueblo.
Joaquín Peribáñez, alcalde de Burbáguena, en la cancha del pueblo.
Guillermo Mestre

El alcalde de la localidad, Joaquín Peribáñez, señala que han trabajado en este proyecto “de la mano” de Accem desde el principio. Ahora quiere conseguir viviendas para rehabilitarlas y ofrecerlas a estas personas “para que formen parte de la sociedad”, para que se incorporen “a la actividad del municipio y la comarca”. “¿Por qué no?”, se pregunta. Según señala, ha habido “una mínima parte” del pueblo que ha mostrado su disconformidad con el proyecto, algo que achaca “al desconocimiento”. Mamen Valero, la farmacéutica de Burbáguena, coincide en que “hay incertidumbre a lo desconocido”, especialmente entre la gente mayor, pero ve a sus nuevos vecinos “muy tranquilicos”.

“Tienen mucha motivación para aprender a hablar, avanzan rápido”

Les gusta el fútbol, por lo que pasan muchos ratos en la cancha del pueblo, donde juegan como si disputaran la final de un Mundial. El pasado domingo disfrutaron de lo lindo viendo un partido de fútbol femenino en Calamocha. Por las mañanas limpian las habitaciones y los baños y avanzan con la parte burocrática: empadronamientos, revisiones médicas… Tienen dos sesiones diarias de inmersión lingüística, fundamental para poder comunicarse, ya que algunos de ellos solo hablan sus idiomas nativos. “Tienen mucha motivación para aprender a hablar, avanzan rápido”, señala la directora del centro.

Tienen libertad para entrar y salir del edificio, aunque por la noche deben recogerse a las 23.00. Las instalaciones están atendidas las 24 horas del día durante todo el año, gracias a un equipo de once profesionales con turnos de mañana, tarde y noche. La inmensa mayoría son hombres, casi todos huyendo de la guerra de Mali. “Muchos llegan de zonas rurales, igual no han visto ningún edificio alto en su vida, por lo que aquí se encuentran más seguros y cómodos que en Madrid o Zaragoza”, señala Elena Orús, trabajadora social que trabaja con ellos.

Sonia Salcedo, directora del centro.
Sonia Salcedo, directora del centro.
Guillermo Mestre

Julia Ortega, responsable de Accem en Aragón, recuerda que los migrantes “tienen derecho a un acompañamiento integral durante su estancia aquí” tras pedir asilo. Una vez que pisan suelo nacional -bien sea tras llegar en patera o en un vuelo regular-, no se les puede expulsar si declaran su intención de pedir asilo. Según explica, se les da un permiso de estancia y "dejan de estar en situación irregular", a la espera de que su expediente se resuelva.

Por encargo del propio Ministerio, Accem es su puerta de entrada en Aragón. Es la entidad que debe asegurar su protección, su acompañamiento y su protección social, así como tramitar su petición de asilo. Como durante los seis primeros meses no pueden trabajar, se les dan “las herramientas necesarias para que se puedan integrar y prepararse para vivir por sus propios medios”, como señala Ortega. Si no tienen recursos, se les proporciona comida y lugar de alojamiento. Tras seis o nueve meses en esta primera fase, luego se les da mayor autonomía, si fuera necesario con ayudas sociales.

Ahora, con el cierre de fronteras, la llegada de migrantes se ha frenado considerablemente. Cuando se recupere el ritmo anterior a la pandemia, volverán las demoras y los tiempos de espera interminable sobre las peticiones de asilo. Por eso, en Accem son conscientes de que el centro de Burbáguena, con capacidad para 50 personas, se llenará. “La gente tiene que saber que los migrantes aportan mucho a la sociedad, tanto demográfica como económicamente. El saldo final de la inmigración es positivo para el país de acogida”, recalca la responsable de Accem.

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