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El calzado aragonés, un sector castigado por crisis continuas que espera remontar

La importación masiva desde Asia, la deslocalización y ahora la covid no dan tregua a los industriales de calzado del Aranda. Con apenas 17 fábricas funcionando y 12 proveedores confían en salir de esto, que el consumo se reactive y poder mantener el oficio de toda la vida

Diezmados por crisis de todo tipo desde hace veinte años, el sector del calzado de la comarca del Aranda se resiste a morir. Con un tejido industrial muy adelgazado tras haber perdido 70 empresas por el camino del más de centenar que llegó a haber, además de un millar de empleos, esta actividad productiva a día de hoy sigue siendo la única alternativa para localidades como Illueca o Brea. «Hay que mantener lo que queda: unos 17 fabricantes y otras 12 empresas entre auxiliares y proveedores», indica José Antonio Sacramento, presidente de la Asociación de fabricantes de calzado y afines de Zaragoza y provincia (Afcya), que integra a 24 empresas.

«Vivimos en una crisis continua. Tenemos un máster en sufrir. Primero fueron las importaciones masivas desde Asia. Luego las deslocalizaciones, la crisis tremenda de 2008 y ahora faltaba la pandemia, que ha acelerado cambios en los hábitos de consumo y en compra ‘online», afirma Sacramento, que pide darse cuenta del «enorme esfuerzo económico y personal» que están haciendo pequeñas empresas familiares para gestionar este cambio. «Sobrevivimos como podemos», reconoce.

En esta debacle industrial, pocos han sido capaces de aguantar. Sacramento es uno de ellos. Junto a sus hermanos dirige en segunda generación la empresa Lezna 2000 en Illueca, especializada en calzado de niños, con 23 empleados en plantilla. Aunque las ventas cayeron bastante el pasado año, piensa que se podría empezar a ver cierta recuperación el primer semestre de 2022: «Dependerá de lo que ocurra este segundo semestre, de si realmente hay apertura en comercios, de si la gente puede salir o celebrar eventos y de que las tiendas vuelvan a vender zapatos como antes».

En su caso, le preocupa mucho el goteo de clientes, que han ido cayendo desde 2008. «Son tiendas que te pedían 200 o 400 pares, pero han ido echando la persiana y nadie los ha sustituido», comenta. A este paso, «se nos van a juntar tres temporadas en estas condiciones sin haber podido salir a vender, con muchos clientes que ya no están, otros que aún tienen la mercancía en el almacén». Viene de un 2020 que a su empresa le ha supuesto una bajada en ventas del 30%. «En un año normal hacemos una media de unos 100.000 pares, el 90% para la exportación se vende fuera», explica, «por la práctica desaparición de gran parte de la cartera de clientes en España -todo ese pequeño comercio que no ha podido competir con las grandes cadenas - y el hecho de que mucha gente no esté dispuesta a pagar 60 euros por un zapato de niño».

José Antonio Sacramento dirige la fábrica de Zapatos Lezna en Illueca.
José Antonio Sacramento dirige la fábrica de Zapatos Lezna en Illueca.
Marcos Cebrián

«El problema con la pandemia es que han caído todos los mercados», añade Oswaldo Andrés, de 60 años, que empezó a trabajar en el sector del calzado con 17. Primero de obrero y después con su propia empresa, Velopell, que cumplirá 30 años en septiembre. «Hice una sociedad con el empresario de la marca Yellowstone para proveerles de materia prima», recuerda. Era parte importante de su facturación, pero cerró en 2017, ya con la producción en Rumanía. Gracias a contar con más clientes, un almacén en Portugal y otro en Elda (Alicante), Velopell ha podido salir adelante.

El pasado año, subraya Andrés, «con mucha dificultad» y un bajonazo en ventas de entre el 30% y el 40% que le ha hecho tener a su plantilla (5 personas) varios meses en ERTE. «Le sirvo mucho a Inditex, a través de Tempe, su sociedad de calzado. Le mandaba material a Turquía, Marruecos, Serbia, la India, pero este 2020 ha sido en blanco. A diferencia de 2021», indica, que «ha empezado algo mejor con pedidos de Alemania y unos meses buenos, aunque ahora se ha cortado de cuajo».

Se trabaja sin previsión alguna, comparte José Antonio Pascual Marín, propietario de Bran’s Shoes, empresa que creó en el año 2000 para fabricar calzado común, pero que después se especializó en ‘cosido billy’ que aporta más durabilidad y confort. Con una plantilla de 28 trabajadores y al haberse puesto de moda el ‘zapato made in Spain’ ha podido mantener una trayectoria de crecimiento hasta 2020, cuando se quedaron colgados los pedidos y los pagos. «Fue un desastre, pero 2021», anticipa, «va a ser peor porque muchas tiendas han cerrado».

Para Alberto Gaspar, que dirige en tercera generación Boston Shoes, fábrica de abarcas menorquinas en Brea de Aragón, la pandemia supuso un trauma. «Llevaba fabricando desde diciembre de 2019 y llegó marzo de 2020 y había servido el 10% de los pedidos me vi con 600.000 euros de producto en casa sin poder darle salida. Lo cerraron todo y rompí a llorar. Le dije a mi mujer ‘esto se acaba’. Me desmoroné". 

Con contratos firmados, explica, los clientes le decían que no les girara nada porque que no me lo iban a pagar: "Fue el mayor trauma vivido en 20 años». No obstante, rememora Gaspar, «cuando acabó el confinamiento, abrieron en mayo y gracias al buen tiempo hubo una venta espectacular. Incluso tuve que hacer reposiciones en junio». Aún así, confiesa, le tocó financiar a bastantes clientes. «Vendo mucho a las Baleares y allí apenas tienen tejido empresarial, se dedican sobre todo a la hostelería y el turismo y lo han pasado muy mal. Aún tengo del año pasado clientes que no han pagado. Pero los conozco desde hace tiempo y si no los cuidas, te quedas sin ellos». Haber pedido un crédito ICO y exportar un 50% le han permitido sostenerse.

Alberto Gaspar, al frente de la fábrica Boston Shoes en Brea.
Alberto Gaspar, al frente de la fábrica Boston Shoes en Brea.
Marcos Cebrián

La esperanza de José Antonio Pascual, de Bran’s Shoes, es que cuando el consumo se reactive, «las grandes cadenas que llevan tiempo sin comprar y se han quitado todo el ‘stock’, si llega un invierno en condiciones con frío, van a tirar de nosotros, que estamos más cerca y podemos servirles con más antelación que los mercados asiáticos. Esa es nuestra única ventaja en una situación tan complicada», afirma.

Volver a fabricar en Europa

Oswaldo Andrés también lo cree: «Nada es igual. Antes traer un contenedor de China, cargado de sintético, costaba un mes y valía 1.500 euros, pero ahora hablamos de más tiempo y de 6.000 euros. Están subiendo los precios de las materias primas y al final repercutirá en los productos. Los grandes importadores no pueden dejar aquello, pero por mis clientes en Alemania estoy viendo que quieren contar con parte de la fabricación en Europa para así tener asegurado el servicio».

«Con la pandemia, se ha producido un cambio de paradigma. Esperemos que las grandes marcas se conciencien y vuelvan a apostar por fabricar en Europa», añade José Antonio Sacramento. Reinventarse y no darse por vencidos es lo único que les queda. «Somos duros en esta zona», corrobora el propietario de Bran’s Shoes, que, sin querer pecar de pesimista, habla del problema que van a tener de relevo generacional: «Los hijos están con sus carreras y estudios y seguro que no van a querer dedicarse a esto». «Es complicado. En la fabricación todos los días surge algún problema y cada vez son más las certificaciones y auditorías que tienes que pasar», comparte Oswaldo Andrés, convencido de que el «esfuerzo que hacen a diario los fabricantes aragoneses de calzado no se paga con dinero».

Sacramento cuestiona la tardanza en la recepción de ayudas: «Bienvenidas sean. Las agradecemos mucho, pero nunca es suficiente dinero ni llega a tiempo». Mientras tanto, los créditos ICO han sido una buena herramienta, asegura el presidente de la Asociación de Fabricantes de calzado y afines de Zaragoza y provincia.

2 de 2 Fabrica Zapatos Brans / 11-05-21 / Foto: Marcos Cebrian[[[FOTOGRAFOS]]]
José Antonio Pascual Marín, en las instalaciones de su fábrica Bran´s Shoes.
Marcos Cebrián

«Lo que nos pasó en marzo con el confinamiento es que nuestros clientes empezaron a llamarnos diciendo que tenían mercancía, que les sobraba, y la que estaba por llegar que no la mandáramos. Y tuvimos que asumir estocajes y financiarlos. Los ICO fueron un buen instrumento para dar liquidez a las empresas. Había una incertidumbre tan grande de lo que podía venir que el ICO nos permitió sostenernos financieramente. Y hemos aguantado».

Todos han perdido en ventas, en clientes, pero confían en volver a levantarse como en anteriores crisis. Oswaldo Andrés recuerda que en 2017 llegó a facturar 9,6 millones aunque luego bajó a 7,2; 6, 8 millones y ya en 2020 «llegó la ruina; a ver si este año empezamos a remontar», dice. «A veces piensas: a mis años podría dejarlo ya, pero tienes gente a tu cargo y te embarcas en comprar nuevas máquinas y tirar para adelante». 

A José Antonio Sacramento le gustaría poder volver pronto a facturar esos tres millones de euros en ventas antes de la pandemia. «Va a haber una nueva explosión de consumo cuando esto termine, pero no olvidemos que se ha producido un cambio en los hábitos. Que la gente no demanda calidad, que esa costumbre de arreglarse para ir a misa los domingos y ponerse los zapatos nuevos se ha perdido y que ahora los jóvenes tienen tres días de gimnasia y dos de entrenamiento, con lo cual el deportivo se ha impuesto y ha comido mucho terreno a lo demás».

«Tengo muchas ganas de que la situación vaya a mejor y que se estabilice. Miro todos los días a los aviones, aeropuertos, tarjeta de vacunación, que los alemanes puedan venir a Menorca porque en las islas lo están pasando mal y es uno de mis principales mercados», señala Alberto Gaspar, que quiere confiar en que no cueste mucho tiempo volver a la cifra de negocio de entre 1,3 y 1,5 millones que tenía antes de la pandemia.

Oswaldo Andrés dirige Velopell, una industria proveedora del calzado que cumplirá su treinta aniversario en septiembre.
Oswaldo Andrés dirige Velopell, una industria proveedora del calzado que cumplirá su treinta aniversario en septiembre.
Marcos Cebrián

Por su parte, José Antonio Pascual quiere creer que los buenos tiempos pueden volver: «Llegamos a facturar hasta 4 millones, luego nos quedamos en 3 millones de cifra de negocio y 2.700 pares diarios y ahora estamos en los 800 pares. Confiemos en que la situación remonte y las grandes cadenas vuelvan a tirar de los fabricantes del Aranda».

Estos cuatro empresarios piden a los ciudadanos que apuesten por el calzado de calidad fabricado en España para poder mantener sus negocios y piden también más apoyo institucional. Asimismo, reivindican más unión entre todos porque alguna de las crisis pasadas, admiten, se podría haber sorteado mejor si cada uno no hubiera ido por su cuenta.

«Tenemos una cantidad ingente de fábricas vacías a precios competitivos y mano de obra formada en cadenas de producción», recuerda José Ángel Calvo, presidente de la Comarca del Aranda, que anima a invertir en la zona. La petición a la DGA para ejercer una competencia impropia, la de industria, le ha permitido aprobar ayudas por valor de 400.000 euros procedentes de remanentes de tesorería de la comarca ya autorizadas en el último consejo comarcal. «La Cámara de Comercio de Zaragoza nos ha pasado un borrador de convenio, lo firmaremos el 24 de mayo, y están redactando las bases de la convocatoria para acto seguido de la firma publicarlas», avanzó.

400.000 euros en ayudas de la Comarca del Aranda

Según Calvo, es vital para la comarca sacar a flote la industria del calzado. «Somos 6.500 personas en la comarca cuando hace seis años éramos 8.000. Illueca ha bajado de los 3.000 habitantes y Brea de los 2.000 y son las más grandes. En Gotor, donde vivo, hay 307 habitantes. Si no hay trabajo la gente se va a Épila, La Almunia o donde encuentran algo», advierte. «Los del calzado van trabajando pero seis meses al año o menos porque las temporadas son cada vez más cortas», señala. Por eso, la comarca del Aranda está volcada con el sector. Hace un par de meses, recuerda, adquirieron, en colaboración con el grupo de acción local ADRI Calatayud, un escáner 3D con una cámara que va girando y que permite el escaneado de la piezas del zapato para poder hacer muestrarios digitales. Los fabricantes, explicó, se están formando para utilizarlo en venta ‘online’.

Junto con estas ayudas, las más cuantiosas que en breve habilitará la Comarca del Aranda, la Asociación de fabricantes ha recibido ya 50.000 euros en ayudas procedentes del departamento de Industria de la DGA pero está pendiente de recibir el grueso de los 300.000 euros, incluida en los presupuestos de este año, para sectores maduros, que incluye al calzado y también al textil.

Toda ayuda es poca, reconoce José Ángel Calvo. Por eso desde la Comarca se ha pedido que no se excluya al sector del calzado de las ayudas covid al haber sido uno de los sectores más afectados. «Es generalizado. No solo en el Aranda sino todo el sector del calzado, también en Alicante y en Arnedo (La Rioja) lo está pasando canutas». Por eso, dice, «hay que mantener los puestos de trabajo mientras diversificamos hacia el turismo y la agroindustria». Para el presidente de la Comarca del Aranda, «salvar esta industria supone una obligación moral».

Fue en febrero del pasado año cuando el vicepresidente del Gobierno de Aragón Arturo Aliaga compareció en las Cortes a propuesta del PP para informar en qué punto estaba el plan estratégico del sector del calzado. Desde entonces ha pasado más de un año y las empresas conocieron recientemente dicho plan, encargado a Incyde, pero siguen a la espera de recibir la mayor parte de las ayudas. Sí confirman desde Afcya haber recibido una primera línea de ayudas de 50.000 euros.

«Solo haremos lo que quieran las empresas que hagamos», dijo hace un año Aliaga, al recordar que el clúster del calzado, hoy desaparecido, fue de los primeros que pusieron en marcha, y que desde 2018 se han mantenido en contacto permanente con la Asociación de fabricantes de calzado (Afcya) para dar apoyo al sector.

A la espera de las ayudas presupuestadas por la DGA

Preguntado el departamento de Industria sobre las ayudas en curso, responde que «el Gobierno aragonés prevé próximamente poner en marcha las líneas de ayudas dentro del plan estratégico para la Comarca del Aranda» y recuerdan que a finales de 2019 se firmó el convenio marco con la comarca y los empresarios del Aranda para el desarrollo del plan, de manera paralela a su elaboración». No obstante, «la paralización que supuso la covid-19 provocó el retraso en su presentación, lo que no ha impedido», precisan, «que el trabajo empezara a desarrollarse a principios de 2020». En 2021, señalan las mismas fuentes, se cuenta con una partida presupuestaria que asciende a 300.000 euros destinada a las empresas de confección textil y calzado.

Asimismo, desde Industria trasladan que «mantienen reuniones periódicas con agentes del sector y representantes de la comarca para seguir profundizando en el impulso a esta comarca. Otro de los objetivos del departamento, indican, es «promover la reindustrialización de la comarca, por lo que se ha trabajado activamente con el Ministerio de Industria en el plan Reindus y se consiguió modificar algunos criterios para que pudieran adherirse las localidades de Brea e Illueca». Además, concluye, a finales de 2020, la ministra de Industria, el vicepresidente del Gobierno de Aragón y el presidente de la Comarca del Aranda firmaron el acuerdo para poner en marcha el plan de sostenibilidad de Turismo que dejará una inversión en la comarca de 2,4 millones. Como gerente de dicho plan, acaba de ser elegido Ángel Marquina.

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