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educación

"Todavía me escondo detrás de la puerta de clase cuando tengo que abrirla"

Asun Miranda, la profesora zaragozana agredida por un alumno con una ballesta, señala que hay heridas que aún no se han cerrado seis años después.

Asun Miranda, en el instituto en el que aún es profesora.
Asun Miranda, en el instituto en el que aún es profesora.
Heraldo

Cada día, la zaragozana Asunción Miranda, 'Asun', entra en el aula en la que estuvo a punto de morir. Esta profesora nacida y criada en la capital aragonesa, pero residente desde hace tres décadas en Barcelona, sufrió hace seis años la agresión de un alumno de 13 años que entró al instituto Joan Fuster de la Ciudad Condal armado con un puñal y una ballesta. Ella resultó herida en la cara y el cuello por una flecha de la ballesta; su hija se llevó una puñalada en una pierna; y un profesor sustituto, compañero suyo, fue asesinado.

En la semana en la que se ha producido un hecho similar en Gerona, Asunción Miranda dice que las heridas aún no se han cerrado en su familia.

-Seis años después, ¿cómo se encuentran usted y su hija?

-Como persona adulta me ha costado superarlo, pero he aprendido a vivir con ello. Me he dado cuenta de que no hay nada más que hacer. No ha habido la justicia que quería, pero hay que seguir. Lo de mi hija es diferente. Le rompió el rotuliano y tuvo que pasar una operación para volver a caminar. Se queja de la pierna, se le engancha y no puede correr de forma continuada. Pero lo peor son las secuelas psicológicas. Tenía 13 años y no entiende lo que pasó, no entiende por qué intentaron matar a su madre, a ella, cómo mataron a un profesor.

-¿Qué recuerda de aquel 20 de abril de 2015?

-Me vienen a la cabeza dos cosas. Primero cuando se abre la puerta y me agrede. Él llegaba tarde, llamó y yo le abrí la puerta. Sigo dando clase en esa misma aula, y cuando alguien viene tarde y tengo que abrir para que entre, me escondo detrás de la puerta, no doy la cara, porque la última vez que la di pasó lo que pasó. Y luego me acuerdo del momento de estar mi hija y yo en la ambulancia.

Problemas para dormir

Miranda explica que los días posteriores estuvo muy arropada, pero que fue “como cuando se muere alguien, que no eres muy consciente de lo que ha pasado”. “Luego me fue saliendo todo”, relata. Tuvo problemas para dormir y para concentrarse porque “cuando cerraba los ojos, esas imágenes volvían a mi cabeza”.

A los pocos días, el juez archivó el caso al considerar inimputable al chico, por tener menos de 14 años. A Asun aquello le dolió: “Debió estar un tiempo en tratamiento, siempre muy protegido... A mi hija nadie la protegió salvo sus padres”. Tiempo después, buscó unos abogados y decidió denunciar. Le sentencia, de junio del año pasado, exoneró tanto al menor como a sus padres, pero condenó a la Generalitat a pagar una indemnización como responsable del centro, aunque la cantidad fue “ridícula”. “Yo no quería dinero, quería justicia”, dice esta profesora zaragozana.

"Mi hija volvió a la escuela tres semanas después de la operación y sus compañeros no le ayudaban ni a llevar la mochila"

Miranda cree que ni ella ni su hija han sido bien tratadas como víctimas, y apunta que lo que más le dolió fue que “sus compañeros de clase (los de la hija) no le arroparon”. “Ella había llegado nueva al instituto y el grupo de amigos del asesino estaban en la clase desde preescolar. Se hizo un cordón de apoyo a la familia del niño. Mi hija volvió a la escuela tres semanas después de la operación y no le ayudaban ni a llevar la mochila, y los profesores no supieron gestionar el asunto”, denuncia.

Aunque le ofrecieron al menos un año de baja, ella volvió a trabajar a los cinco meses porque “prefería volver a tener actividad”, recuerda. Estuvo tres años en un centro del departamento de educación de ayuda a los profesores, organización de cursos y actividades pedagógicas… Pero más tarde pidió volver al Joan Fuster. “Quise volver al instituto porque pensé que nadie me tenía que sacar de ahí”, dice. Reconoce que la vuelta fue dura: “Ir por los mismos pasillos donde pasó todo, dar clase en la misma aula... Aún ahora, si noto a alguien cerca de mí de forma sorpresiva, me altero”.

Pese a ello, dice que ha superado lo que pasó. Su hija lo lleva peor. “El otro día, que se cumplieron seis años, entré a la habitación y estaba llorando, diciendo que nos han abandonado, que nadie se acuerda… Es una carga que lleva desde los 13 años. Yo le digo que cada vez que llora o se siente mal, él le vuelve a ganar”, relata. Desde entonces está visitando a un psicólogo. "Tiene que sacar lo que lleva dentro", dice su madre.

Ya con 60 años, esta profesora piensa jubilarse al final de este curso. Planea incluso comprarse un piso para volver con frecuencia a Zaragoza, donde guarda amigos y familia que también le arroparon tras lo sucedido. Asunción Miranda se crió en la calle León XIII del Centro zaragozano y estudió en las Teresianas de la calle Zurita. Su primer destino profesional fue Castejón de Valdejasa, donde estuvo un año, y en 1986 se trasladó a Barcelona en busca de trabajo. “Mi familia proviene de la zona de Sabiñánigo y Biescas. Quiero ir a visitar los lugares de mis antepasados y buscar información sobre ellos”, planea.

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