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Rita Piedrafita, optometrista en Barbastro: “Hemos salido reforzados de la pandemia. Por fin se nos ve como sanitarios”

Especializada en Terapia Visual para niños, la Óptica Somontano es uno de los dos únicos sitios de la provincia de Huesca donde se presta este servicio.

Rita Piedrafita lleva la Óptica Somontano de Barbastro desde hace 17 año.
Rita Piedrafita lleva la Óptica Somontano de Barbastro desde hace 17 año.
Heraldo

Ha hecho falta una pandemia para que los optometristas al fin hayan adquirido el lugar que les corresponde. Al menos, así lo ha percibido Rita Piedrafita, que desde su óptica de Barbastro ve cómo su labor se ha visto reforzada por la covid. “Ahora se nos ve como sanitarios, no como alguien que tiene un comercio de gafas”, asegura. De hecho, están vacunados, como otros colectivos médicos y de atención primaria.

Como prácticamente todos, su negocio, la Óptica Somontano, se ha visto afectada por la crisis del coronavirus pero, por otro lado, reconoce que pudo recuperar casi la normalidad en seguida. “Tengo pacientes que llevan tratamientos continuados que no se pueden detener así que en cuanto se levantó el confinamiento, empezamos a trabajar a buen ritmo”, explica. Además, ha notado cómo, debido en parte al exceso de pantallas de los primeros meses de encierro en casa, ahora se le da más importancia a la salud visual. “Cada vez se va entendiendo más que la visión es algo importantísimo para tener una vida normal”, asegura.

Junto con la venta habitual de gafas y lentes de contacto, la especialidad de esta óptica es la terapia visual. Es una rama de la Optometría Avanzada que trata a pacientes, generalmente niños, con problemas en el sistema visual. Esto no implica que necesiten gafas, de hecho, el 95% de ellos no las llevan. “Sus ojos ven bien, pero no funcionan coordinados, no trabajan juntos y no envían correctamente las órdenes al cerebro”, explica. Esto afecta al rendimiento escolar, sobre todo en tareas como leer de cerca. Por eso, en la mayoría de los casos, son logopedas o profesores quienes derivan a los pacientes a esta terapia. Rita trata a niños con dislexia o déficits de atención y, aunque su terapia no es la cura, sí contribuye a ella.

Actualmente, están en tratamiento 30 niños, que acuden a sesiones de 45 minutos cada 15 días. La duración de la terapia suele ser de entre cuatro y ocho meses, según los problemas que presente cada paciente. La atención en la óptica la complementan una serie de tareas que deben realizar en casa y que, a raíz de la covid, se desarrollan a través de un programa que Rita puede controlar desde su ordenador para ver la evolución.

Ella dedica prácticamente todas las tardes a esta rama de su negocio mientras Álex, su compañera, atiende al público en el establecimiento. Desde la pandemia funcionan mucho más con citas previas, sobre todo para que el cliente no tenga que esperar y para evitar aglomeraciones en la tienda. “Si se trata de recogidas, enviamos un whatsapp cuando sus gafas o lentillas están listas y concretamos una hora”, explica Rita. Esta organización es especialmente importante por las tardes, que es cuando más movimiento hay. “Tenemos aforo limitado así que es preferible citar a los clientes a diferentes horas, para que no coincidan muchas personas a la vez”, añade.

“En pleno confinamiento llevaba lentillas a las casas”

Al tratarse de un servicio esencial, la Óptica Somontano pudo estar abierta en todo momento, incluso en los peores momentos de la pandemia. En aquellas primeras semanas de la primavera de 2020 solo atendían por las mañanas, para urgencias. “Llevamos lentillas a casa de algunos pacientes y atendíamos a médicos o empleados de supermercado cuando se les rompía una gafa. Llevaban un ritmo de trabajo brutal y no podíamos dejarles sin ver”, recuerda.

A pesar de mantenerse en activo, durante tres meses, el volumen de trabajo se redujo al mínimo pero los gastos a los que hacer frente eran prácticamente los mismos. “Los pedidos de gafas estaban hechos y, aunque se quedaron expuestas y sin vender, tenía que pagarlas igual”, asegura Rita. Y eso que el dueño del local donde está la óptica le dio todas las facilidades posibles. “Él mismo me envió un mensaje para decirme que de primeras no me cobraba el alquiler hasta ver qué pasaba”, recuerda, emocionada. Cuando abrió solo por las mañana, pagaba solo la mitad y ya en mayo, al recuperar el horario habitual, la cuota volvió a ser la misma.

Rita Piedrafita volvió a su Barbastro natal hace 17 años, tras haber estudiado en Madrid, donde vivió ocho años y trabajó en el sector de las lentes de contacto. Después, se mudó a Portugal durante otra temporada, antes de regresar a tierras del Somontano. “La óptica ya existía y buscaban a alguien para trabajar pero yo les ofrecí comprarla y me la vendieron”, relata. Desde entonces, el boca-oreja ha ido dando a conocer el servicio especializado que presta Rita. “Es complicado y duro pero muy gratificante. Sobre todo al ver la satisfacción de las familias cuando los niños van tirando para adelante”, asegura. Sus primeros pacientes se han hecho mayores y algunos están ya en la Universidad pero nunca han dejado su relación con la óptica. “Incluso los que no viven ya en Barbastro siguen viniendo rigurosamente a sus revisiones”, dice.

Aunque la mayoría de sus “niños”, como Rita les llama, son de Barbastro, muchos otros acuden de pueblos vecinos, incluso desde Huesca y Zaragoza. “Si conocen a alguien que ha venido a terapia y le ha funcionado, aunque yo les recomiende a alguien de su ciudad, prefieren ponerse en mis manos”, comenta. Es la recompensa de más de 15 años en un continuo proceso de formación y mejora, dedicada a contribuir de forma positiva en la calidad de vida de sus pacientes desde edades tempranas.

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