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ARAGÓN, DE PUERTAS ADENTRO EN PANDEMIA

La fórmula de Cristian Moratiel: soledad, 60 metros y mucho deporte para superar el confinamiento

Vecino del barrio Jesús de Zaragoza, además de triatleta es copropietario de un establecimiento zaragozano, el Bloody.

Aragón, de puertas adentro en pandemia: Cristian Moratiel pasó solo el confinamiento.
Aragón, de puertas adentro en pandemia: Cristian Moratiel pasó solo el confinamiento.
Toni Galán

Que Cristian Moratiel es un apasionado del deporte es algo que resulta evidente una vez accedes al interior de su casa. Varias bicicletas, una tabla de surf, gafas y gorros de natación, medallas. Está claro que para este zaragozano de 39 años el deporte es algo fundamental en su día a día y, durante el confinamiento, se convirtió en la herramienta que le ayudó a pasar los peores momentos de la crisis sanitaria, sobre todo viviendo solo.

Moratiel se mudó en el año 2004 al número 18 de la calle Camino del Vado, edificio en el que también vivía su hermano un par de pisos más abajo. En concreto, habita en un apartamento de 62 metros cuadrados con dos terrazas y, sobre todo, con mucha luz. Algo que, con todo lo que hemos vivido, asegura que ha valorado mucho más que antes. Además de triatleta, Moratiel es copropietario de un establecimiento zaragozano, Bloody, por lo que le ha tocado vivir la crisis desde varios frentes.

“Habitualmente, desde junio de 2019 que fue cuando abrimos el local, cada mañana voy a trabajar allí y lo compagino con dos entrenamientos al día, una a las 7.00 de la mañana y otra por la tarde”, explica. Estos entrenamientos consisten en nadar, correr, hacer bici y en una sesión de gimnasio, es decir, que cada una de estas sesiones puede durar de tres a tres horas y media.

Recuerda como si fuera ayer el momento en el que recibió la llamada de su socio para decirle que se cerraban los bares y establecimientos, en principio, para 15 días. “Iba montado en la bici. Descolgué y escuché 'tenemos que cerrar", relata. Aunque reconoce que era algo de lo que se hablaba hacía días, la incertidumbre y el hecho de no saber cómo iban a producirse los acontecimientos a partir de ese momento fue un poco estresante y, sobre todo, una gran preocupación al no saber cómo iban a ser las cosas desde ese momento.

Así, encerrado en casa, completamente solo, y con la preocupación del negocio, Moratiel optó por tomárselo con calma y… ¡hacer deporte! “Aunque al principio me agobié un poco reconozco que yo en casa, solo, me apaño bastante bien. Me gusta la tranquilidad y me entretengo con cualquier cosa, pero reconozco que el deporte me salvó los días”, admite.

El zaragozano hacía bicicleta cada día gracias a un dispositivo que se puso muy de moda durante los primeros meses del confinamiento, el rodillo, el cual permite fijar la bicicleta para poder utilizarla como si fuese una estática. “E incluso entrenábamos por Zoom con mi equipo de Madrid, los Diablillos de Rivas, o con mi pareja, Marta Pintanel”, relata.

También invirtió largas horas en hacer videollamadas con familiares y amigos. “Tengo la suerte de poder decir que no me sentí solo. Creo que me adapté bastante bien a las circunstancias”, señala. Además, asegura que cumplió a rajatabla eso de salir de casa para lo mínimo imprescindible: “Una vez a la semana para hacer la compra y ya. Para qué iba a salir más, si no se podía”.

Entrenar durante la peor parte de la pandemia

Nuevas formas de entrenar, también, en tiempos de pandemia. Una realidad que también ha afectado de lleno a los deportistas. “Nosotros tuvimos suerte ya que, cuando pasó el peor momento, al estar federados, pudimos seguir entrenando. Aunque nos quedamos sin pruebas”, explica. Tanto él como Marta Pintanel han tenido acceso a la piscina del Liceo Europa, con Ángel Santamaría, para continuar con sus entrenamientos.

Y en cuanto al calendario de pruebas… “las de larga distancia se han visto muy reducidas mientras que las Ironman, que son las que yo hago, se han cancelado en todo el mundo”, explica, mientras sostiene sobre sus manos la medalla de su clasificación en una de estas pruebas, en Hawái, en 2019, siendo el 5º aragonés de la historia en clasificarse. “Quién me iba a decir por aquel entonces la que se nos iba a venir encima”, reflexiona.

¿El resto del tiempo? Lo invirtió, sobre todo, en pasar más tiempo en la cocina -algo que siempre le ha gustado mucho, pero para lo que no solía disponer de los momentos adecuados- y ver muchas series en el salón de su casa, una de las habitaciones en la que más tiempo ha pasado, además de en la terraza, con la bici o tomando el sol. “Como prácticamente todo el mundo, ¿no? Tampoco había mucho más que hacer”, bromea.

Un buen susto

Ahora que parecía que todo iba un poco mejor, el local funcionaba tras meses muy duros, y con el proceso de vacunación en marcha, lo que Cristian jamás pudo imaginar es que le esperaba una sorpresa peor. El pasado 24 de marzo sufrió un atropello mientras entrenaba bicicleta junto a Marta y otros dos compañeros a su paso por Las Lomas. “Afortunadamente solo me pilló a mí, el resto resultaron todos ilesos”, afirma.

Moratiel no perdió el conocimiento por lo que recuerda todo lo vivido. “Tuve que ser operado de urgencia con politraumatismos en varias partes del cuerpo, la peor parte en el brazo izquierdo”, añade. Eso sí, aún con todo, asegura sentirse afortunado: “Al menos estoy vivo. Creo que he tenido mucha suerte de poder contarlo. Y aunque se lo toma con filosofía, lamenta que no podrá competir en el Ironman de Estonia, previsto para el próximo mes de agosto y para el que llevaba meses entrenando. “Si hay algo que he aprendido este año es que las cosas pasan y no queda otra que asumir y seguir firme hacia adelante. No tengo prisa y soy una persona positiva por naturaleza”, concluye.

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