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Aragón, de puertas adentro en pandemia

Familia García Rentería: confinamiento en un dúplex, con perros y redes sociales

Tras un año de relación, Ernesto García (27) y Jacobo de Rentería (31) comenzaron a convivir justo con el inicio de la pandemia: “Igual fue un poco precipitado, pero nos ha salido todo bien”.

Ernesto García y Jacobo de Rentería, en la terraza de su casa, con sus perros.
Ernesto García y Jacobo de Rentería, en la terraza de su casa, con sus perros.
Toni Galán

Ernesto García (27) y Jacobo de Rentería (31) viven en una preciosa casa del casco viejo de Zaragoza. Tras un año de relación, la pareja decidió lanzarse a la aventura de la convivencia con el inicio de la pandemia. “Igual fue un poco precipitado, pero nos ha salido todo bien. No podríamos haber tomado una decisión mejor”, aseguran, entre risas.

Ernesto, natural de Zaidín, en Huesca, es maestro de inglés de primaria mientras que Jacobo, ingeniero industrial nacido en Zaragoza, trabaja en un laboratorio de biomecánica en la MAZ. “La verdad es que al principio no éramos muy conscientes de lo que estaba pasando. Nos pasó como a todo el mundo, simplemente te dejabas llevar por la situación… y esperabas”, explica Jacobo, que recuerda que el 7 de marzo de 2020 estaban en un abarrotado Príncipe Felipe durante el concierto de Izal. Una imagen que no ha vuelto a repetirse en algo más de un año. “Tenemos una amiga sanitaria que llevaba días preocupada por la pandemia y ese día ya no vino”, afirma.

Pronto descubrieron que su amiga no estaba siendo tan exagerada. “De repente nos vimos encerrados en mi casa en pleno estado de alarma. Lo intentamos llevar lo mejor posible… como todos”, admite. En el caso de Ernesto, al tocarle vivir la situación lejos de los suyos, reconoce que la experiencia fue algo más complicada. Algo que se sumó al reto de ejercer su profesión de docente en la era covid. “Me perdí por primera vez el cumpleaños de mi madre. Al final te das cuenta de que nos ha tocado vivir situaciones que jamás te hubieras imaginado”, admite.

En el salón comedor de su casa, un luminoso y amplio espacio, pasaron largas horas alimentando sus redes sociales de contenido. Bueno, en concreto las de Trufo y Samba (@trufomakesmyday), sus dos perros de aguas de 4 y 1 años, que suman más de 22.000 seguidores en Instagram. “Las redes sociales se convirtieron no solo en una válvula de escape sino en una herramienta para ayudar a evadirse a muchísima gente que nos escribía para darnos las gracias por seguir creando contenidos”, aseguran.

Baby boom perruno

Además, hace un par de meses, la revolución llegaba a este hogar zaragozano con el nacimiento de siete cachorros: Coco, Banana, Lemon, Uva, Mango, Kiwi y Piña. Una experiencia que también relatan, día a día, a través de su cuenta oficial. “Pensábamos que era un buen momento para vivir algo así, con las restricciones, sin poder viajar ni salir de casa. Y mucha gente cercana nos decía que les gustaría tener un cachorro así que no nos lo pensamos. Ha sido una de las experiencias más bonitas de nuestras vidas”, admiten.

"No había hecho deporte en mi vida y durante la pandemia nos pusimos las pilas"

¿El resto? Alternar el teletrabajo, o el trabajo presencial, con “algo de rutina” y, sobre todo, nuevos hábitos. “No había hecho deporte en la vida y durante la pandemia nos pusimos las pilas”, añade el oscense. En este caso, también les dio por lanzarse al maravilloso mundo de la repostería y, sobre todo, de las plantas.

Y es que, sin lugar a dudas, la terraza de la vivienda es “la joya de la corona”. Con un espacio con sofás y más de una veintena de macetas, este lugar se convirtió en su sitio favorito durante los peores meses de la pandemia. “Creo que no había estado tan moreno nunca”, bromea Ernesto.

Mientras escuchaban música o tomaban el sol, poco a poco la terraza iba tomando forma y… creciendo. Tomates, lima, naranjas, uva ¡e incluso aguacates! Lo que comenzó como una forma de entretenimiento se acabó convirtiendo en todo un auténtico reto para Ernesto. Del mismo modo, la terraza fue el punto de encuentro con los vecinos del barrio, vecinos a los que, en todo este tiempo, jamás habían observado. “De repente te das cuenta del montón de cosas que te estabas perdiendo, no sé, ha sido algo… raro”, admite Jacobo.

Casi tanto como salir a pasear a los perros con las calles completamente vacías. “Los primeros días nos daba muchísima impresión. Parecíamos los protagonistas de una película postapocalíptica”, afirman.

¿Normalidad?

Estos jóvenes aragoneses opinan que va a llevar mucho tiempo volver a aquello de la ‘normalidad’ pues la pandemia lo ha cambiado todo de manera radical. “La sociabilidad, el contacto con la gente, los abrazos, los planes… eso ha cambiado. Y creo que es algo que nos va a costar mucho recuperar”, explica Jacobo. Sin embargo, Ernesto asegura que ha habido una parte de la pandemia, sobre todo al principio, que ha sacado lo mejor de cada uno.

"Esto me ha servido para priorizar de otra manera y darle importancia a las cosas que realmente la tienen"

Al fin y al cabo, a todos nos gusta sentirnos parte de algo. Por eso funcionaron así los aplausos. Era una manera de sentirnos unidos cuando no podíamos salir de casa, encontrarnos con quienes de normal jamás habríamos interactuado”, asevera el maestro, que asegura que la crisis sanitaria le ha servido para darse cuenta de algo: “Al final, he visto que necesito a mi familia y a mis amigos mucho más de lo que pensaba. Esto me ha servido para priorizar de otra manera y darle importancia a las cosas que realmente la tienen”.

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