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Testigos del paso de la covid por los mercados

El impacto de la pandemia en la economía se ha dejado sentir en los mercados agrarios, cuyas cotizaciones han vivido, en unos sectores más que en otros, un año impredecible, como señala la Lonja de Binéfar.

Tablillas de precios de la Lonja de Binéfar en una de las primeras semanas tras el confinamiento total decretado para frenar la covid.
Tablillas de precios de la Lonja de Binéfar en una de las primeras semanas tras el confinamiento total decretado para frenar la covid.
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Desde que se declarara la pandemia, hace ya un año, ninguno de los sectores agrícolas y ganaderos -sin excepción- han dejado de trabajar ni un solo día, ni siquiera cuando el confinamiento total obligó a parar la práctica totalidad de la actividad productiva, comercial y de ocio. No pararon porque tenían que garantizar el abastecimiento de alimentos a la población, pero también porque incluso cuando algunas de sus ventas se redujeron a la mínima expresión han tenido que cuidar unos cultivos y criar y alimentar unos ganados para los que no es posible hacer pausa alguna.

Su trabajo continuo no les ha hecho, sin embargo, inmunes al grave impacto que la crisis sanitaria está provocando en la economía de las empresas. La prueba está en los precios recibidos por sus producciones, en los vaivenes (y no para bien) que recogían las tablillas de las cotizaciones que, semana a semana, han tenido que acordar -no sin mucho esfuerzo, tensión y evidentes discrepancias entre productores y comercializadores- las distintas lonjas, que se han convertido en el espejo en el que se ha reflejado el paso devastador de una desconocida enfermedad, la covid-19, por las economías de las explotaciones agrarias y las empresas comercializadoras.

Tan difícil ha sido que incluso en algunos momentos estos organismos que orientan sobre precios se convirtieron en la diana de las airadas críticas de agricultores y ganaderos, que veían como las cotizaciones se desplomaban e incluso que sus producciones llegaban a quedarse sin precio.

Testigo de esta situación ha sido la Lonja Agropecuaria de Binéfar. Y como tal así lo ha reflejado en su Memoria Anual, en la que da detallada cuenta del "desconcierto" que ha marcado el comportamiento de los mercados agrícolas y ganaderos durante un atípico y complicado 2020.

"Hemos asistido a situaciones extremas e impredecibles". Lo dice en dicho documento el vicepresidente de la lonja oscense, Alberto Gracia, en clara referencia a la montaña rusa en la que el coronavirus y las restricciones impuestas para frenar su expansión han hecho moverse a los precios, especialmente los ganaderos.

Lo afirman también los productores y los comercializadores, que no ahorran descalificativos para un ejercicio que ha quedado atrás, pero cuya sombra se alarga todavía en este 2021. "Año de incertidumbre", "catrástrofe total", "la tormenta perfecta", "un año colvuso, más para la producción que para la comercialización, pero difícil para todos", "año marcado por la alta volatilidad". Son algunas de las manifestaciones expresadas por unos y otros y recogidas en la memoria de la lonja,

Lo cierto es que, como refleja el documento, todos los sectores han sentido el impacto de la crisis sanitaria, pero no todos con la misma intensidad y mucho menos con idénticos resultados.

Sin lugar a dudas, el peor parado ha sido el vacuno, que ha vivido (y sigue viviendo) una difícil situación. Un sector que ha tenido que soportar el duro golpe que han sufrido sus ventas por el impacto de la pandemia en el canal horeca, obligado primero al cierre total durante el confinamiento y sometido después a unas cambiantes medidas sanitarias que han ido suavizando o endureciendo a golpe de la evolución de los contagios.

El mercado del ovino y de los cereales llegaron a vivir momentos desesperantes con cotizaciones a la baja y los cebaderos y los graneros llenos de una producción que parecía que no iba a tener salida ante la paralización casi total de operaciones, pero consiguieron remontar y alcanzar precios que en los primeros meses del año se antojaban imposibles. El porcino no se libró de los efectos del desbarajuste de los mercados, pero con sus exportaciones a los mercados asiáticos y especialmente a China, con una fuerte demanda por la escasez de carne propia debido a la presencia de peste porcina en las explotaciones del país, consiguió no solo salvar los muebles sino anotarse récord de ventas en el exterior. Y los forrajes, que consiguieron no padecer en exceso las consecuencias de la crisis sanitaria, han tenido que lidiar con la caída de los flujos de las mercancías por la falta de contenedores y el encarecimiento de los fletes de los barcos.

De todo ello han sido testigos los precios de la Lonja.

Desconcierto

¿Quién nos iba a decir que en un mismo año veríamos el ovino de referencia a 30 euros en abril y a 80 todo el segundo semestre, o cebadas marcando mínimos de 154 euros en junio y anotando precios de 190 euros en diciembre? Es solo un ejemplo, y la pregunta con la que Alberto Gracia, vicepresidente de la Lonja Agropecuaria de Binéfar, esboza en la Memoria Anual de este organismo cómo los efectos de las medidas derivadas del control de la pandemia convirtieron el 2020 en un año de auténtico desconcierto.

Fue un año más que complicado para los mercados y mucho más para la función de la lonja, ese lugar de encuentro en el que productores y comercializadores fijan de común acuerdo unos precios que, eso sí, son orientativos y pueden servir de referencia sin carácter vinculante, pero que se convierten en el espejo en el que se miran las operaciones comerciales que realiza el sector. "El cambio del comportamiento en el consumo hizo que la mayor parte del tiempo caminásemos sin referencias, dejando fuera de juego cualquier predicción o las curvas anuales de precios", escribe Gracia, que asegura que la memoria de la entidad es un claro reflejo de la anomalía que supuso 2020 "que difícilmente podrá ayudar a la planificación de campañas anteriores".

Tras la experiencia pasada, Gracia prefiere no mirar ya hacia atrás, porque el reto está ahora por delante. De hecho, reconoce que lo realmente complicado va a ser interpretar la evolución que vayan a tener los diferentes sectores en este nuevo año, debido "a la multitud de nuevas variables que han entrado en juego y que serán determinantes para el futuro, sobre todo de los mercados ganaderos".

El recorrido por las tablillas de precios acordadas semana a semana durante el primer año de pandemia es un testigo fiel del desconcierto que se vivió desde el mismo momento en el que el confinamiento decretado para frenar la expansión del virus supuso el cierre de la hostelería y la restauración, destino esencial de muchas de las producciones, especialmente ganaderas. Testigo de cómo la situación sanitaria en los mercados exteriores descolocaba las ventas e impactaba en los mercados. Testigo de las expectativas que abría una desescalada que ha terminado por no alcanzar nunca la ‘nueva realidad’ y que sigue dando pasos adelante y atrás para inquietud, frustración y hasta tensión entre los productores y empresas comercializadoras encargadas de acordar los precios. O testigo también de cómo se iban rompiendo las esperanzas de mejora en las cotizaciones cuando las celebraciones sociales (comuniones, bodas...), la Semana Santa, las fiestas patronales de ciudades y municipios iban desapareciendo del calendario.

Todos los sectores han sentido en su propia piel el impacto económico que deja a su paso el temido coronavirus. Pero no todos lo han sufrido de la misma manera. Algunos mantienen las heridas abiertas tras doce meses de vivir el peor año que recuerdan. Otros vivieron momentos graves pero han conseguido frenar la sangría de precios y los hay que aunque apenas notaron el golpe han tenido que lidiar con los efectos colaterales de un mercado global desbaratado por la pandemia.

El peor diagnóstico, como evidencia la memoria de la Lonja de Binéfar, lo ha presentado el vacuno. "Es quizas el que mejor refleje el momento de cambio que vivimos en este sector, azotado por un largo ciclo de precios bajos, con una clientela que se ha desconectado, a la fuerza, del canal horeca y que no sabe cómo será en el futuro la forma de consumo", explica Alberto Gracia. Por si esto no fuera poco, señala el vicepresidente de la Lonja de Binéfar, el vacuno tiene además que soportar unos costes de producción derivados de la alimentación "que en sí ya son un motivo de crisis". Además, sus clientes internacionales también está afectados por la covid, lo que les hace impredecibles. "Y como colofón", recuerda Gracia, se ha encontrado una nueva piedra en el camino, unos cambios normativos en la Política Agraria Común, que detraerán "una cantidad muy significativa de dinero al sector", cuyos efectos son difíciles de predecir.

Con este escenario, lo complicado no es lo que ha quedado atrás sino que la viene por delante. Así lo reconoce Alberto Gracia. "Con todo esto y lo que va surgiendo, a ver quién hace una predicción para el presente año", asegura el vicepresidente de la lonja oscense. Eso sí, deja claro en el documento, en un mensaje para aportar tranquilidad a los actores implicados, que la entidad va a centrar sus esfuerzos en "intentar reflejar semanalmente la situación de los diferentes sectores y en colaborar en lo posible en la toma de las mejores decisiones".

VACUNO: Meses de inquietud y "miedo"
vacuno
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Comenzaba 2020 con buenos precios para el vacuno y una sensación generalizada de optimismo. Había motivos. Las exportaciones, señala la memoria de la Lonja de Binéfar, estaban activas y el mercado nacional, a pesar de la cuesta de enero, mostraba movimiento. Pero el 26 de enero, cuando todavía España vivía despreocupada por el coronavirus, llegó el "primer crack" para el sector. Italia ya sentía el zarpazo de la covid, lo que provocó problemas en la logística y bajada de precios en sus mercados. Pero el peor golpe estaba por llegar. Lo haría el 18 de marzo, cuando el virus ya campaba por España. La incertidumbre se apoderó del mercado con el cierre del canal horeca, aunque en los primeros momentos de confinamiento hubo un repunte de las ventas en los hogares. Durante tres semanas consecutivas "se produjo un desplome absoluto de los precios", detalla este organismo. Para mayor catrástrofe los precios de las pieles se desplomaron porque la fábricas de cuero no son esenciales y esta pérdida repercute en el precio de los terneros. Las exportaciones no logran tampoco amainar el temporal.
En verano el escenario se complica. La memoria de la Lonja habla de tensión e incluso de miedo y la inestabilidad del mercado da lugar a una guerra de precios (a la baja que todavía colea).

OVINO: Un jarro de agua fría
OVINO TERNASCO GANADERIA DE ROBRES / 30-11-09 / FOTO: JUAN CARLOS ARCOS[[[HA ARCHIVO]]]
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Hasta que llegó la pandemia, el ovino se las prometía felices. Todo cambió, sin embargo, en vísperas de una Semana Santa que todo el país se vio obligado a celebrar encerrado en casa. La comercialización se desplomó un 85% y la piel se quedó sin precio, como se quedó esta producción, porque ¿cuánto vale un cordero que nadie compra?, recuerda la lonja. "Lo peor fueron las esperanzas truncadas", señala este organismo, que añade que apenas tres meses después de que comenzara un año que llegaba con óptimos precios, "el ovino se anotó la cotización más baja en la Lonja desde 2010, apenas 60 euros para el cordero de 24 kilos".
Con el verano llegó el cambio de tendencia. "Junio se convirtió en el mejor mes en mucho tiempo", gracias a unas ventas al exterior con las que se han conquistado nuevos mercados. Fue un alivio, pero no suficiente y los precios volvieron a estancarse. Si la hostelería hubiera estado abierta a finales de año el ovino hubiera cerrado 2020 con fuertes subidas. Pero no fue así.

PORCINO: Salvados por China
Granja de cerdos en Orrios que ha realizado obras para adecuarla a la directiva de bienestar animal. Foto Antonio Garcia/Bykofoto. 06-11-13[[[HA ARCHIVO]]]
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El porcino fue el primero en descubrir el impacto de la covid en los mercados. En diciembre de 2019, cuando se anunció la aparición de desconocido virus en China, algunos de sus efectos comenzaban a notarse, aunque de manera indirecta, en el mercado español, muy especialmente cuando estaba prevista la celebración del Año Nuevo chino que ya no llegó.
Pero cuando la crisis sanitaria llegó a España, recuerda la Lonja, el porcino se encontraba en buena situación, con cotizaciones al alza y más demanda de oferta. No se libró, sin embargo, de sentir la inquietud que se vivía en otros sectores y los precios terminaron por inclinarse a la baja, aunque en abril todavía se mantenían por encima de las obtenidas el año anterior en esa mismas fechas.
Pese a todo, el porcino tenía una tabla de salvación. Las exportaciones, especialmente a Asia y concretamente a China, llevaron tranquilidad y cierto optimismo (aunque con mucha prudencia).

CEREAL: Año "raro pero no difícil"
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El mercado cerealista respondió al estado de alarma con precaución, se mantuvo estático y solo realizó operaciones ya comprometidas. Pero casi al mismo tiempo que se acercaba la Semana Santa llegó también un periodo de alta volatilidad en los precios.
Dos protagonistas explican los vaivenes que sufrió este sector. Por un lado, las escasas transacciones comerciales y la expectación que vivían los mercados debido a la pandemia; por el otro, el exceso de oferta de cebada, sobre todo maltera, debido al cierre del canal horeca y el consiguiente descenso del consumo de cerveza.
Y aunque el inicio de la cosecha tensó las cotizaciones y los ánimos, el otoño supuso un cambio radical de tendencia, con repuntes imparables en las cotizaciones. Para los actores de la mesa del cereal de la Lonja de Binéfar, los cereales "no se vieron afectados por el covid, sino por el virus de los fondos de inversión". Reconocen, eso sí, que 2020 fue un mal año que acabó "con grandes cosas y grandes precios".

FORRAJES: Con cierta tranquilidad
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Nada tiene que ver lo vivido en el mercado de forrajes con lo que sucedía en el resto de los sectores. El año comenzó con tranquilidad, sin cambios en las cotizaciones, con mercados planos, aunque lo cierto es que a medida que se acercaba la cosecha se incrementaba la expectación. Y no solo por la situación sanitaria que se vivía en ese momento en China, uno de sus principales clientes, sino también porque el sector no quitaba ojo a la evolución de la propuesta arancelaria que mantienen China y Estados Unidos.
Más que por el impacto de la covid, el sector de la alfalfa tuvo que lidiar con las constantes precipitaciones que iban marcando el ritmo de unas cotizaciones que no conseguían remontar pero que tampoco sufrieron graves caídas.
Pese a todo, el año terminó en la tabilla de la Lonja con la misma calma con la que comenzó, aunque acusando el encarecimiento de los fletes y las dificultades logísticas que impuso la pandemia en un mercado tan globalizado.

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