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Un ambicioso plan para controlar el clima de consecuencias imprevisibles

China planea ampliar su programa de lluvia o nieve artificial para llegar a cubrir casi el 60% de su territorio en 2025 ante el recelo de los países vecinos.

Un hombre camina en una calle inundada en el condado chino de Leqing, en una imagen de archivo.
Un hombre camina en una calle inundada en la provincia china de Zhejiang, en una imagen de archivo.
EFE

Las previsiones meteorológicas para el 24 de agosto de 2008, día de la clausura de los Juegos Olímpicos de Pekín, no eran nada tranquilizadoras. Los organizadores del evento deportivo -espejo desde el que proyectar al mundo el poderío de China- estimaban que las posibilidades de que lloviera eran altas. Y como unas gotas de lluvia no podían estropear tan relevante acontecimiento, las autoridades del gigante asiático manipularon el clima con un arsenal de cohetes y avionetas -cargados con productos químicos-, que dispersaron las nubes del Estadio Olímpico Nacional 'El Nido'.

La llamada siembra de nubes, con el objetivo de aumentar las precipitaciones (lluvia o nieve) o suprimir la aparición de la niebla o la caída de granizo, no es algo nuevo y se lleva practicando desde hace tiempo en distintos países. Tal y como recuerda José María Cuadrat, catedrático de Geografía de la Universidad de Zaragoza, la idea de que la lluvia se podía provocar surgió en Estados Unidos a mediados de los años 40 del siglo pasado.

"Hablaban de la generación de lluvia artificial con yoduro de plata (el compuesto químico más usado). Después, con la guerra de Vietnam, Washington tenía previsto prolongar la época de monzones mediante la siembra de nubes para inundar las zonas del Vietcong. La operación fracasó. También la Organización Meteorológica Mundial puso en marcha en 1979 un proyecto para generar lluvia artificial; uno de los programas más ambiciosos que se han desarrollado nunca. Eligieron España y a los cuatro años lo abandonaron. Y Rusia intentó sembrar las nubes para evitar que la radiación de Chernóbil en 1986 llegara a Moscú", enumera el también miembro del Instituto de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón.

A su juicio, no es nada fácil conseguir la lluvia que uno desea y los resultados siempre han sido negativos. "Los que dicen que han logrado mejores resultados han sido China e Israel, son los que tienen la mejor tecnología para llegar a las nubes. Este último país habla de incrementos de hasta un 10%", explica.

Diez veces España

Precisamente, el gigante asiático vuelve a estar bajo el foco mediático y esta vez no es por la covid. Hace unas semanas, anunciaba su intención de ampliar su programa de lluvia, nieve artificial o granizo para llegar a cubrir 5,5 millones de kilómetros cuadrados en 2025, casi el 60% de su territorio ("unas 10 veces España", dice Cuadrat), generando inquietud entre los países vecinos. El plan, según un comunicado del Consejo de Estado chino, ayudará en la asistencia de catástrofes, la producción agrícola, la respuesta ante incendios forestales y de pastizales, así como en la gestión de altas temperaturas inusuales o sequías.

Para Jesús Anzano, catedrático de Química Analítica de Unizar e investigador principal del proyecto 'Caracterización de aerosoles atmosféricos en la Antártida', que Pekín dé este paso es "muy preocupante". "Máxime cuando está utilizando mucho carbón en sus fuentes de energía, uno de los elementos que provocan el calentamiento global que afecta al cambio climático", sostiene.

Anzano ha visto 'in situ' como hasta el continente más austral de la Tierra llegan azufre, zinc o cromo de Brasil y Australia. "El clima ya lo estamos modificando: lo hacemos por abajo por los calentamientos y la contaminación. Si ahora lo cambiamos por arriba, es un poco de preocupar", sostiene el científico aragonés, quien hace hincapié en la necesidad de buscar un "equilibrio climático" en el que estén implicados todos los países. "Me gustaría más esfuerzo en disminuir la contaminación que en tratar de sembrar las nubes", añade.

Por su parte, José María Cuadrat alude al problema del elevado coste de estas intervenciones frente a su beneficio y las consecuencias que pueda tener sobre el clima. "La intervención que haces sobre las nubes al final es sobre la atmósfera y ahí no hay fronteras. Donde se ha obtenido resultados positivos siempre han sido muy puntuales y, en ocasiones, las operaciones han fracasado o no han resuelto nada. ¿No es mejor gestionar convenientemente el agua que tenemos en vez de gastarnos un dineral en sembrar nubes que no sabemos el resultado? ¿No es mejor evitar los consumos exagerados y la sobreexplotación de este recurso fundamental? En esa dirección tenemos que ir, lo otro son intervenciones costosas de una gran incertidumbre y de consecuencias imprevisibles sobre China, los países vecinos y, en general, el continente asiático", indica.

"¿No es mejor gestionar convenientemente el agua que tenemos en vez de gastarnos un dineral en sembrar nubes que no sabemos el resultado?"

El yoduro de plata es el compuesto químico que más se utiliza en la siembra de nubes, que se puede hacer desde el suelo con el lanzamiento de cohetes o por el aire con aviones preparados. "Estos reactivos generan un crecimiento de partículas. Estas van a hacer que en la nube se aglutine más material y más hidratación y como consecuencia vamos a tener un aumento de las precipitaciones", explica Anzano, que no descarta que pueda ser "positivo" si se controla. "Hay que vigilar esa parte de equilibrio. Si esta manipulación es para resolver nuestro problema, bienvenido sea. Si eso me va a modificar sobremanera algunas propiedades, va a ser un problema", ahonda.

Contra el granizo

A una escala mucho menor, la siembra de nubes es una práctica que se ha utilizado en el mundo agrario para evitar que el granizo dañara los cultivos, también en Aragón. "Lo hacen algunas fincas particulares y a veces son agrupaciones de fincas. Hay diversas técnicas; son un tanto aleatorias y parece ser que hay gente que está satisfecha", señala José Luis Pérez, presidente de la Comunidad General de Regantes del Canal de Aragón y Cataluña, que comprende una zona de 110.000 hectáreas entre las provincias de Huesca y Lérida

Este sería uno de los ejemplos en los que se actúa de una forma "muy local" en lo que sería "un accidente climático" (el pedrisco). "La idea es que cuando la nube a cierta altura se enfría y empieza a hacer un movimiento interno, el yoduro hace que el vapor de agua, que es la nube, se precipite en forma de lluvia evitando que forme las bolas de granizo. No cambia el clima", apunta Pérez, quien señala que esa actividad agrícola está desligada de la comunidad de regantes que preside.

Y volviendo a Asia, Pekín ha estrenado recientemente el primer vuelo del dron chino Ganlin-1 para generar lluvia artificial dentro de su ambicioso plan. Para Cuadrat, detrás de él no hay un único fin. "Es tecnología que se aplica a diferentes objetivos y todos ellos  conducen a unos logros que son los que le permiten avanzar a la propia sociedad. Al final, a lo largo de la historia los avances son más tecnológicos que de otro tipo", concluye el catedrático de Geografía.

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