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Y se hizo la luz para Ofelia en Juslibol: "Esto me cambia la vida"

El bloque de la Sareb que llevaba sin suministro eléctrico desde septiembre recupera por fin la normalidad.

Ofelia Gracia, en la escalera de su edificio por fin iluminada.
Ofelia Gracia, en la escalera de su edificio por fin iluminada.
José Miguel Marco

“Esto me cambia la vida. Ando muy mal, pero ahora podré bajar un poco a la plaza, que me dé el sol, ir a misa...”. Ofelia Gracia, de 92 años, volvió a ver la luz el pasado sábado. El edificio en el que vive, en Juslibol, recuperó el suministro eléctrico tras casi cinco meses a oscuras. Aunque sí tenía luz en el interior de su piso, el inmueble la tenía cortada, por lo que no funcionaban ni el ascensor, ni los telefonillos, ni la luz de la escalera.

Esto impedía a esta mujer salir de su casa, ya que a su edad los 42 escalones que le separan de la calle son un obstáculo insalvable. Además, provocaba una tremenda sensación de inseguridad a ella y al resto de vecinos, ya que cuando se iba el sol, todas las zonas comunes se quedaban completamente a oscuras. De hecho, el edificio ha sufrido en este tiempo varios intentos de robo y okupación.

Salvo el piso de Ofelia, todo el bloque es propiedad de la Sareb, que tiene nueve viviendas en régimen de alquiler. El conocido como ‘banco malo’ asumió la propiedad del edificio hace aproximadamente un año, después de que la promotora inmobiliaria que hizo la obra lo hipotecara. La Sareb mantuvo los alquileres y, unos meses después, el inmueble se quedó sin luz. Según explicaron desde la entidad bancaria, la anterior propietaria dejó deudas con la comercializadora de la luz, por lo que se cortó el suministro y hubo que cambiar el contrato. Pese a las quejas reiteradas de los vecinos, la oscuridad se ha alargado durante más de cuatro meses.

El sábado, por fin -y ocho días después de que HERALDO denunciara el caso-, el edificio recuperó el suministro eléctrico. “Un vecino me llamó y me dijo que ya había luz. Fue una alegría tremenda”, señala Ofelia. De momento no ha salido de casa, ya que hay que revisar el ascensor antes de volver a ponerlo en marcha. Cuando esto ocurra, esta vecina del barrio rural “volverá a ser independiente para salir de casa”, como comenta su sobrino Carlos Gómez.

Según apunta Ofelia, lo que más echa de menos tras tantos meses encerrada es “pasear y tomar el sol, poder bajar a la plaza y hablar con las vecinas”. Además, al recuperar la luz se mejora la seguridad del edificio. La situación del inmueble ha hecho que en pocos meses el edificio casi se vaciara. Hace unos meses, sus diez viviendas estaban llenas, pero ahora apenas quedan tres pisos arrendados, además del de Ofelia, que es la única propietaria particular. El resto de vecinos han abandonado el bloque. “Ahora se puede empezar a recuperar la normalidad, porque antes daba miedo venir aquí”, señala su sobrino.

También se han solucionado otros problemas que, aunque menores, también eran importantes. La antena de televisión, sin luz, no cogía bien los canales. “Ahora se ven todos fenomenal”, cuenta contenta esta nonagenaria. Además, el telefonillo estaba inservible, por lo que si alguien le visitaba o le llevaba algo a casa, Ofelia no le podía abrirle, al no poder bajar las escaleras. Ahora vuelve a funcionar.

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