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Los 42 escalones que encierran a Ofelia en su propia casa desde hace cuatro meses

Un edificio de la Sareb en Juslibol lleva desde septiembre sin luz en la comunidad, lo que impide usar el ascensor y deja a oscuras la escalera cuando se va el sol.

Ofelia Gracia, en la escalera de su edificio, solo iluminada por el móvil de su sobrino Carlos, que baja las escaleras.
Ofelia Gracia, en la escalera de su edificio, solo iluminada por el móvil de su sobrino Carlos, que baja las escaleras.
Toni Galán

A sus 92 años, Ofelia Gracia era hasta hace unos meses una mujer "muy independiente", dicen sus vecinas de toda la vida de Juslibol. Entraba y salía de casa varias veces al día, e incluso iba a Zaragoza en autobús sin mayores problemas. "Siempre he sido muy ‘salidora’. Iba a todos los sitios sin necesidad de que me ayudara nadie, pero ahora me tengo que quedar aquí encerrada", denuncia Ofelia en el salón de su casa.

Desde hace más de cuatro meses, el edificio en el que vive no tiene luz. En su vivienda y en las otras nueve que conforman el bloque sí que hay suministro eléctrico, pero en la escalera no. Por lo tanto, no funcionan ni los telefonillos ni el ascensor, y la antena de televisión falla. Tampoco hay luz en la escalera, por lo que cuando se va el sol, todo se queda completamente a oscuras.

Esto genera a los vecinos no solo molestias –hay que subir y bajar con linternas–, sino también una gran sensación de inseguridad. De hecho, ya ha habido varios intentos de robo y okupación en los pisos que dejan vacíos los arrendatarios que, dadas las circunstancias, se van yendo del bloque. El último suceso, este mismo lunes, se saldó con tres jóvenes detenidos por la Policía Nacional cuando ya habían entrado en una de las viviendas. Dos días después de aquello, otro inquilino decidió irse.

Aunque su estado de salud es envidiable para su edad, los 42 escalones que le separan de la calle se han convertido en una barrera infranqueable para Ofelia. Y más desde que se rompió el brazo hace unos meses. "Sin el ascensor no puedo salir de casa, porque no puedo bajar sola las escaleras", lamenta. Como los telefonillos no funcionan, si viene algún repartidor o alguna visita no puede bajar a abrirles. "Como tengan que venir a ponerle la vacuna a casa, igual no pueden subir", lamenta su sobrino Carlos Gómez, quien en una ocasión tuvo que sacar a su tía en brazos por la escalera cuando le dio un cólico de riñón.

Una obra complicada

Su familia era una de las propietarias originarias de este edificio. Hace dos décadas, llegaron a un acuerdo con una inmobiliaria zaragozana para que construyera diez viviendas a cambio de que una fuera para Ofelia. La obra se alargó durante años y el proyecto sufrió diversos problemas, entre ellos las dificultades económicas de la promotora. Esta decidió hipotecar todo el edificio, incluido el piso que le correspondía a Ofelia. "Esto suponía un delito de estafa, por lo que contratamos unos abogados y conseguimos que levantaran la hipoteca que pesaba sobre nuestro piso y, por fin, pudimos firmar las escrituras", relata el sobrino de Ofelia.

Hace un año, las otras nueve viviendas del edificio pasaron a manos de la Sareb –el conocido como ‘banco malo’–, que las mantuvo en régimen de alquiler. A finales del pasado mes de septiembre, la luz se fue del edificio. Los inquilinos se pusieron en contacto con la Sareb, con la inmobiliaria que promovió la obra, con Endesa, con la empresa que lleva el mantenimiento del bloque, con la que trata de vender los pisos que se quedan vacíos... Nadie les dio una solución.

La Sareb afirma que la anterior propietaria dejó deudas con la comercializadora de la luz, y que por eso se cortó el suministro. Eso y el nuevo contrato que hubo que hacer al cambiar de manos han dilatado el proceso, según apuntaron fuentes del banco. Aseguran que está "en trámites de solucionarse", a pesar de que ha pasado un año desde que el inmueble es suyo y más de cuatro meses desde que se cortó la luz.

Mientras tanto, Victoria Maluenda vive en alquiler desde hace un año en una de las viviendas, pero se va a ir. "Me voy porque tengo miedo", señala esta vecina, que avisó a la Policía tras el último intento de okupación. "Ya lo habían intentado varias veces. Tienen el edificio visto porque saben que hay pisos vacíos y quieren colarse", apunta Victoria. La oscuridad que sufre el bloque por la noche no ayuda, precisamente: "Cuando se hace de noche y tengo que entrar o salir, voy con la luz del móvil. Eso más los okupas, imagina el miedo que paso".

"Nos quieren echar y lo están consiguiendo", opina Victoria sobre los motivos del continuado apagón. A su juicio, los propietarios del edificio quieren que los arrendatarios se marchen para poner las viviendas a la venta. De momento, la inmobiliaria Servihabitat ya promociona la venta de varias de estas viviendas. Hace unos meses el edificio estaba lleno, y en breve apenas quedarán tres vecinos, por lo que el aislamiento de Ofelia –la única propietaria de un piso– será aún mayor

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