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Aragón

reportaje

Víctor Manuel, 30 años en la calle para morir bajo un puente en Nochebuena

El hombre al que encontraron muerto el día de Navidad en Zaragoza fue enterrado el martes en Tarazona, ciudad en la que nació hace 50 años y que abandonó a los 20

Un improvisado refugio bajo las escalera. Dos pantalones vaqueros gastados, dos ‘jerseys’ y una sudadera, ese era todo el ‘ropero’ de Víctor Manuel. Su ropa fue localizada bajo las escaleras del puente de los Gitanos, su particular refugio. Allí dejó toda su herencia: un viejo carro, un saco de dormir y un cepillo de dientes.
Un improvisado refugio bajo las escalera. Dos pantalones vaqueros gastados, dos ‘jerseys’ y una sudadera, ese era todo el ‘ropero’ de Víctor Manuel. Su ropa fue localizada bajo las escaleras del puente de los Gitanos, su particular refugio. Allí dejó toda su herencia: un viejo carro, un saco de dormir y un cepillo de dientes.
R. J. C.

Víctor Manuel Calahorra Martínez. Así se llamaba el hombre de 50 años que falleció la pasada Nochebuena bajo el puente del Emperador Augusto, conocido popularmente entre los zaragozanos como el de los Gitanos. Su entierro se celebró el pasado martes en el cementerio de Tarazona, localidad de la que era natural y que abandonó al cumplir los 20. Fue una despedida «de circunstancias» oficiada en la iglesia de San Francisco y a la que tan solo asistieron un hermano del difunto y algún que otro conocido. Una muerte en soledad y un adiós no menos desangelado para poner fin a 30 años a caballo entre la capital del Ebro y Barcelona: pero siembre en la calle y con el cielo como único techo.

El Juzgado de Instrucción número 8 logró identificar el cadáver con ayuda de los forenses y una prueba necrodactilar. El primer familiar con el que contactaron fue una tía de 92 años, quien se encargó de contactar después con Enrique, hermano del fallecido. Este se desplazó el martes para recoger el cuerpo en el Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA), desde donde la funeraria lo condujo a la capital del Queiles para celebrar el sepelio.

El párroco de la iglesia de San Francisco, Javier Calvillo, explicó que fue un funeral «rápido y de circunstancias». Por su parte, el hermano de Víctor Manuel reconocía a HERALDO que sus vidas se separaron pronto. Principalmente, porque su madre murió muy joven y el ahora fallecido decidió echarse a la calle con todo lo que ello implica: delincuencia, drogas, alcohol...

«Aunque no mantuviéramos una estrecha relación, estoy hecho polvo.Cuando tenía unos 20 años conseguí que le dieran una ayuda, pero ya no supe mucho más de él», señalaba Enrique. Según este, su hermano solicitó en 1994 una pensión, pero no se la dieron porque no tenía una discapacidad del 35%. Sin embargo, cinco años más tarde, la DGA le reconoció una incapacidad del 34%.

El hermano de Víctor Manuel recordaba que la última vez que supieron de él fue hace unos meses, cuando llamó a su tía Carmen desde el hospital Clínico para contarle que le estaban tratando de «algo que tenía en el estomago». Trasas su muerte, desde el juzgado explicaron a la familia que la causa del deceso fue una hemorragia digestiva interna. Al no estar en Tarazona, Enrique Calahorra no pudo localizar a todos sus allegados para informarles del sepelio y optó por pasar cuanto antes el «mal rato».

El fallecido tenía un familiar que es vicario de la iglesia de San Braulio en Zaragoza, el musicólogo Pedro Calahorra Martínez, de 88 años y primo del padre de la víctima, pero nunca se vieron. «Los Calahorra se conocen en Tarazona desde 1508, como reflejan los libros parroquiales», indicó el vicario.

Según la Policía, el fallecido tenía un carácter conflictivo y eso le impedía estar en el albergue municipal de Zaragoza, donde aguantó solo varias semanas. Recientemente, Víctor Manuel había intentado regresar, pero su enfermedad se lo llevó antes, en plena Nochebuena. La directora de las instalaciones, Charo Jiménez, señaló que disponen de 180 plazas: incluidas las conveniadas, viviendas y hostales. Recordó que todo usuario debe cumplir las condiciones de horarios y respeto y está obligado a hacerse una PCR. En 2019 se contabilizaron 500 personas sinhogar en Aragón y este pasado año el albergue se desbordó. 

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