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Aragón

Tercer Milenio

La vida de las piedras

Elogio de la ruina

Hoy te propongo un cambio de mirada. Trata de recorrer las montañas como un arqueólogo recorriendo unas viejas ruinas. Trata de encontrar un algo venerable entre lo que ha resistido el embate del tiempo y que aún te deja entrever cómo fue el pasado. Si me haces caso, podrás ver en el aire los paisajes que un día fueron. Deja que me explique…

Punta Rigüelo (valle de Aísa) y sus calizas plegadas.
Punta Rigüelo (valle de Aísa) y sus calizas plegadas.
Ánchel Belmonte Ribas

Decía María Zambrano que "toda ruina tiene algo de templo", que la ruina es lo que ha quedado de los acontecimientos del pasado, la parte viviente de la historia. De alguna manera, tan válido es para lo humano como para lo geológico. Tenemos la capacidad, incluso cierta costumbre, de reconstruir con la imaginación, a partir de un puñado de columnas y escombros, cómo era un palacio, un templo o una ciudad entera. De la misma manera, a partir de fragmentos de pliegues, de restos de estratos o de acumulaciones de sedimentos podemos reconstruir la historia, la arquitectura y la extensión de cordilleras y paisajes pasados. Y voy a proponerte tres ejemplos.

El primero está en la foto que acompaña estas líneas. Se trata de la Punta Rigüelo, en el valle de Aísa. Esos estratos plegados de caliza gris en el centro de la imagen son las ‘columnas’ que quedan en pie de algo mayor. Prolonga sin miedo ese pliegue por el aire hacia la izquierda. Los derrubios acumulados en el magnífico cono al pie de esa canal apenas son una parte de los escombros que las aguas y los glaciares ya han alejado del Pirineo en el transcurso del tiempo.

El segundo está en el mismo centro del Geoparque Sobrarbe-Pirineos. Cuando remontes la carretera hacia Francia y dejes atrás Aínsa, te verás bajo la mole de la Peña Montañesa y, a tu izquierda, divisarás el Castillo Mayor. Dos montañas hoy separadas por una amplia trinchera excavada por el río Cinca pero que hace millones de años eran un mismo relieve, una conexión que solo el análisis detallado de las rocas y su estructura ha podido desvelarnos.

Para el tercero dejaremos el Pirineo y bajaremos por el Cinca hasta el sur de Fraga. Allí se levanta la serreta de Montllober, un gran cerro que en tiempos fue el fondo del valle. Así lo atestiguan las gravas y arenas que lo coronan. ¿Dónde están las laderas que enmarcaban el valle? ¿Qué queda de los relieves que lo flanqueaban? Nada. En una total inversión del relieve, el antiguo cauce del río es ahora la cota que domina el valle. Contemplarlo desde la ermita de San Salvador, en Torrente de Cinca, y tratar de imaginar cómo fue lo que ya no está genera una sensación verdaderamente sobrecogedora.

Al eliminar (con la imaginación…) la epidermis de vida que, parcialmente, recubre la Tierra podemos ver otra cosa. La geología nos presenta un mundo en ruinas, los jirones fragmentados que la erosión ha dejado temporalmente en pie. Solo ser capaces de imaginar lo que falta permite hacerse a la idea del valor de lo que queda.

"De toda ruina emana algo divino", escribió Zambrano. De nosotros depende extraer de estas ruinas de roca la lectura del pasado. La reconstrucción física de viejos mundos no es posible, pero sí la intelectual. El gozo de entender cómo ha sido el mundo que nos acoge y la necesidad de reflexionar sobre nuestra forma de ser y estar en él, a medida que nuestra capacidad de modificarlo aumenta, es el reto siguiente. Pero eso ya es otra historia…

Ánchel Belmonte RibasGeoparque Mundial de la Uesco Sobrarbe-Pirineos

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