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Aragón

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La vereda, mucho más que un largo camino

El Servicio Clínico de Rumiantes de Veterinaria ha editado un libro que recoge las vivencias que surgen en la trashumancia.

El libro editado ha querido recoger todas y cada una de las vivencias de la vereda.
El libro editado ha querido recoger todas y cada una de las vivencias de la vereda.
Delia Lacasta

Sin todavía entender lo que quería decir vereda, ahí estaba yo, centrada en mis pasos, uno tras otro, viendo caminar al ganado y escuchando a nuestro guía que decía, que el ganado nunca se pierde, pero el pastor sí. Pero no lo hacen estos pastores que nosotros conocimos, que nos enseñaron su camino y nos hicieron sentir parte de su familia durante estos pocos días de vereda y, lo más importante, nos hicieron formar parte de su vida trashumante». Así refleja Inés Rubira, estudiante de la Facultad de Veterinaria de Zaragoza, lo que supuso para ella participar en esta actividad, unos sentimientos que han quedado reflejados en el libro ‘Crónica de la vereda. Peripatéticos y trashumantes de Guadalaviar a Vilches’, que ha sido editado por el Servicio Clínico de Rumiantes (Scrum) de la Facultad de Veterinaria, gracias al trabajo de los profesores y alumnos que han participado en esta actividad docente que arrancó en 2012.

Un proyecto que continúa en el tiempo y en el que participan anualmente 32 alumnos del último curso del grado en Veterinaria y ocho profesores, que acompañan a tres pastores trashumantes y a sus 3.000 ovejas merinas en su recorrido de 580 kilómetros entre Guadalaviar y Vilches, en la provincia de Jaén.

«El libro es una forma de mostrar los paisajes que hemos atravesado, tal y como se refleja en las fotografías que lo ilustran, pero sobre todo trata de compartir lo que hemos aprendido y sentido, en lo que ha sido el día a día del camino durante estos ocho años de vereda. Hay que insistir en que esta actividad va más allá de los aprendizajes científico-técnicos propios de un profesional veterinario y busca una formación más amplia de los estudiantes, por lo que el libro también recoge las razones históricas por las que los ganaderos de la Serranía de Albarracín van a invernar en tierras de Andalucía», matiza Juan José Ramos, uno de los coordinadores de este volumen, junto con los profesores de la facultad Mª Ángeles Ramo, Delia Lacasta, Francisco Saura y Luis Miguel Ferrer.

Los responsables de esta iniciativa insisten en que es muy importante acercar la experiencia de la vereda al resto de la sociedad, para que se den cuenta de que las cosas han cambiado mucho. «En otro tiempo la trashumancia gozaba de muy buena salud, sin embargo, por razones económicas y sociales, esta situación cambió y, en la actualidad, el interés de la trashumancia no radica en su importancia económica, ni en el número de animales que trashuman, sino en otra serie de beneficios de tipo ambiental y cultural. El problema es que estos beneficios son difíciles de cuantificar en términos monetarios, por lo que están escasamente reconocidos por la sociedad», explica Ramos, quien recuerda que la trashumancia «ha sido y es una forma de vida que ha generado toda una serie de interrelaciones familiares y sociales. Y ha engendrado un patrimonio antropológico, histórico y documental muy interesante, por lo que ha sido reconocida como Bien de Interés Cultural en Aragón».

Días de convivencia

Otro de los aspectos que se quieren reflejar en esta crónica son las relaciones que se establecen entre alumnos, profesores y pastores en los días que dura la vereda y que permiten establecer «una familiaridad y una armonía inimaginables en tan corto periodo de tiempo», explica Ramos.

En este sentido, el tiempo pasado ha servido para demostrar a los organizadores que el esfuerzo realizado ha merecido la pena. «Cuando se inició esta actividad no parecía fácil la convivencia de un grupo de personas de diferentes orígenes, edades y formas de pensar, en unas condiciones ambientales incómodas y alejadas de una forma de vida convencional, pero, desde el primer momento, nos sorprendió el entusiasmo de todos los partícipes y las buenas sensaciones y gratitud que nos transmitían a su vuelta. Esto no quiere decir que haya sido sencillo, porque cada año hemos tenido que hacer un esfuerzo importante de coordinación y búsqueda de financiación. Sin embargo, consideramos que los objetivos se han cumplido con creces» asegura.

Por eso no es extraño leer esta frase en el epílogo del libro: «La amistad y la fraternidad no son raras en la vereda. No pueden ser extraños los que rodean un mismo fuego y comen de un mismo caldero. (...) La trashumancia perdura en un cauce que baja más seco que antaño. Sin embargo, mantenemos la esperanza y deseamos que cada año todo suceda de nuevo».

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