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Una investigación del CSIC relaciona la evolución del paisaje pirenáico con la trashumancia

El estudio de un equipo multidisciplinar se ha basado en la actividad de pastores trashumantes y los monumentos megalíticos.

Antonio Casajús recorre estos días unos 180 kilómetros desde Lanaja y Monte Susín hasta Hecho con un rebaño de 2.000 ovejas.
Rebaño de ovejas en el Pirineo aragonés en una imagen de archivo.
Laura Zamboraín

Un equipo multidisciplinar integrado por investigadores del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), de la Estación Experimental de Aula Dei (EEAD-CSIC) y de la Universidad de Zaragozaha establecido las pautas principales de evolución del paisaje pirenaico en relación con el desarrollo de la trashumancia.

Esta investigación, publicada en sendos artículos en las revistas 'Catena' y 'Journal of Archaeological Science: Reports', se ha basado en dos factores presentes desde hace milenios en la cordillera: la actividad de pastores trashumantes y los monumentos megalíticos, explica la delegación del CSIC en Aragón en una nota de prensa.

Partiendo de esta premisa, el estudio ha determinado cuáles han sido los momentos críticos de transformación del paisaje pirenaico utilizando información arqueológica e histórica que, a su vez, se ha complementado con datos procedentes de los sedimentos acumulados en lagos de alta montaña, incluyendo polen y datos sedimentológicos, así como un complejo análisis estadístico.

Mayores zonas de pastos

Según los investigadores, el desarrollo de la ganadería de montaña tiene un importante papel ecológico, hidrológico y geomorfológico, ya que, a medida que en el Pirineo aumentaron los rebaños, creció también la necesidad de contar con mayores zonas de pastos. Así, la transformación de amplias zonas de bosque en pastos para su aprovechamiento estival contribuyó de manera decisiva a configurar el actual paisaje de montaña.

La pregunta fundamental que se ha planteado el equipo a la hora de explicar la evolución del paisaje en las áreas de montaña es cuándo se ha producido la deforestación y la expansión de los pastos de aprovechamiento estival.

¿Se produjo en fechas tempranas (prehistóricas), o bien está directamente relacionada con el desarrollo posterior de la trashumancia? Para los investigadores, esta es una pregunta crítica cuya respuesta permitiría entender mejor los cambios en la cubierta vegetal y sus consecuencias hidrológicas y geomorfológicas.

Otro interrogante

Más recientemente se han planteado otra pregunta que es, en parte, complementaria: ¿puede la distribución espacial de los monumentos megalíticos informar acerca de las pautas del pastoreo en los momentos iniciales de la ganadería en montaña?

Mediante el estudio de la distribución de los monumentos megalíticos (136 dólmenes y 259 círculos de piedras) en el Pirineo occidental aragonés, se han identificado algunas pautas básicas de la gestión ganadera durante el Neolítico y la Edad del Bronce y los rasgos de una deforestación temprana.

Los resultados obtenidos han permitido elaborar un mapa de probabilidades de presencia o ausencia de estos monumentos que permite deducir cuáles eran las áreas de pastoreo preferentes.

Su distribución muestra que los pastores prehistóricos seguían pautas de gestión muy parecidas a las actuales, con utilización de los pastos en dos pisos o ambientes altitudinales contrastados: áreas bajas y accesibles, de suaves pendientes y próximas a cursos fluviales, hacia donde conducían al ganado desde el mes de mayo; y zonas de pastos más elevadas que probablemente se aprovechaban desde el mes de julio hasta finales de agosto.

Estos primeros desplazamientos ganaderos prehistóricos tuvieron una escasa influencia en los cambios del paisaje. El momento verdaderamente explosivo para la trashumancia en Aragón tuvo lugar mucho tiempo después, en los siglos XII y XIII, cuando se produjo la gran deforestación del piso subalpino, afectando sobre todo a los bosques situados a entre 1.500 y 2.100 metros de altitud.

Esta deforestación, muy rápida y probablemente poco organizada, se refleja con claridad en la presencia de niveles de cenizas en los sedimentos de lagos pirenaicos (debido a incendios del bosque), el aumento de la erosión y de la frecuencia de avenidas fluviales, así como un cambio radical en la composición del polen detectado en esos lagos: se reduce mucho la proporción de polen arbóreo y aumenta el de las especies propias de los pastos. La deforestación alcanzó su máxima extensión a lo largo del siglo XVIII, cuando se inicia la decadencia de la trashumancia y el progresivo descenso en el número de rebaños y de ovejas.

Actualmente, aunque existen todavía ganaderos trashumantes que mantienen la vieja tradición, los censos ganaderos (especialmente el lanar) se han reducido muy sustancialmente en las últimas décadas. Ello explica la actual recolonización del bosque en los pastos de verano, un proceso cuyas consecuencias hidrológicas y geomorfológicas son aún incipientes pero muy importantes, en particular en todo lo relacionado con la acumulación y fusión de nieve en invierno y primavera.

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