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Las carreras con más futuro… hace treinta años

Ahora que muchos alumnos analizan las notas de corte pensando en su futuro laboral, ¿se han cumplido las predicciones sobre estudios con más salidas hace tres décadas?

Una información de 1993 sobre cómo sería la Universidad del año 2000.
Una información de 1993 sobre cómo sería la Universidad del año 2000.
Heraldo.es

Estos días muchos estudiantes miran las notas de corte y sienten la espada de Damocles para decidir su salida profesional. Ninguno tiene una bola de cristal. Los más pragmáticos, no obstante, piensan que su futuro laboral dependerá más del azar que de la acertada elección de una carrera. “Estos estudios asegurarán mi porvenir”, auguraba en 1991 un alumno de la primera promoción de Ciencias Económicas (el curso de 1986) de la Universidad de Zaragoza. Ese mismo año se estrenaba ‘Regreso al futuro’ con sus coches voladores en 2020 y sin rastro de pandemia. Certezas absolutas no pueden tenerse, pero, ¿qué carreras se decía entonces que tenían más salidas laborales? ¿Han sido, efectivamente, un nicho laboral en los últimos años?

A inicios de los 90 había una obsesión con las carreras largas científicas. “Entre los ingenieros de telecomunicaciones apenas existe desempleo, fenómeno que también es extensible a los informáticos y matemáticos”, decía el presidente de las universidades en 1991. En España se echaban en falta ingenieros y técnicos y se ponía de ejemplo a Estados Unidos y Japón para afirmar que aquellas era la formación de “gran potencial” en las próximas décadas. Los analistas universitarios lamentaban, incluso, que España liderara el ranquin de estudiantes en el campo de las ciencias jurídicas y sociales, y se percibía también cierto trato desdeñoso a los 150.000 alumnos que en los 90 cursaban Humanidades. Entonces tampoco tenían consideración las carreras técnicas o la FP y, de hecho, el análisis del mercado laboral de Aragón era elocuente: el 72% de los parados tenían baja formación académica.

Todo este planteamiento saltó por los aires con las sucesivas crisis. Primero la recesión de 1992, después el hundimiento del ladrillo y, por último, el varapalo económico a partir de 2008. El mayor volumen de ofertas de empleo se fue trasladando a otros sectores (empresariales y administración) y la eclosión de medios digitales revolucionó también el panorama laboral. ¿Un ejemplo? El Plan Estratégico de la Universidad de Zaragoza en 1993 decía que “los estudios en Geografía pierden demanda y proyección laboral”, sin tener en cuenta que en la actualidad experimentan un brioso renacer gracias al auge de la geolocalización y todas sus derivadas.

Hoy se dice que dos de los estudios con más futuro son los de ‘especialistas en marketing digital’ (enfocados en posicionamiento SEO, publicidad SEM y contenidos y desarrolladores de redes sociales) y los de especialización en ‘big data’, dos cuestiones que hace apenas 30 años ni se contemplaban.

“La orientación profesional es muy importante ante los cambios que experimentan las salidas profesionales y educativas. Adelantarse a las necesidades del mercado laboral y abrir la mente a una visión cosmopolita es fundamental”, son palabras de José Antonio Planas, tan actuales ahora como en 1996, cuando se le entrevistó en HERALDO en su condición de presidente de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía. Entonces crecía la búsqueda de profesiones como las de fontanero, encofrador, albañil, chapista, carpintero o mecánico, y la ‘titulitis’ se antojaba un mal endémico español.

Las carreras informáticas siguen siendo muy demandadas en nuestro país -ingenieros de robótica y expertos en ‘software’ están en el top de estudios con mayor potencial-, aunque su gran tasa de abandono (las matriculaciones han caído un 30% desde el año 2000) preocupa a los rectores. El principal motivo es que no se percibe como una amenaza ser “tecnológicamente dependientes” y el hecho de que el esfuerzo de ingenieros, matemáticos, físicos o químicos nos se vea correspondido después con sueldos dignos (muchos aún dependen de exiguas subvenciones).

Información de 1996 sobre el servicio de orientación profesional.
Información de 1996 sobre el servicio de orientación profesional.
Heraldo.es

Al margen de la 2.0 y las revoluciones sucesivas, hay otros ámbitos a los que apenas se prestaba atención años atrás y que parecen decisivos en un futuro inmediato. Por un lado, está la nueva sensibilidad hacia los cuidados y la demanda de estudios, por ejemplo, de médico geriatra, no sólo a consecuencia de la pandemia. Por otro, los gurús de los 80 miraban solo en el mundo urbano y no intuyeron el fenómeno del regreso al medio rural, que está haciendo que muchos jóvenes apuesten por las huertas ecológicas, la alimentación tradicional, las más avanzadas técnicas de agricultura y ganadería...

También el mundo de las Humanidades está cambiando. Cada vez más empresas en expansión buscan perfiles con formación humanística para departamentos de publicidad, turismo o márquetin. La inteligencia emocional cotiza al alza e, incluso, para temas relacionados con la computación y la inteligencia artificial se echa mano de licenciados en filosofía.

“Una carrera que antes parecía que únicamente servía para dar clases en institutos era Matemáticas y, sin embargo, ahora es una de las más demandadas”, comentan en la Universidad, donde también perciben otras ‘fluctuaciones’ como el hecho de que antes la Filología Inglesa (reconvertida en Estudios Ingleses) tenía más tirón que ahora porque ya hay más gente que sabe inglés y profundiza en otros idiomas.

Si fueran un índice en Bolsa, los estudios de Psicología, antaño un tanto despreciados, estarían en verde porque se han reorientado mucho hacia las Relaciones Laborales y los Recursos Humanos. Según la opinión de algunos profesores, las ingenierías se han “diversificado hasta el infinito en función de las demandas que van surgiendo”, cuando hace 30 años solo Industriales, Agrónomos y Montes tenían reconocimiento social.

Magisterio sigue siendo muy vocacional pero cada día más necesaria combinada con alguna ‘doble titulación’ -antaño tampoco existían-, que la ponga en contacto con la educación ambiental o las nuevas tecnologías. Esta transversalidad en la formación subraya los malse de la dogmática y sempiterna separación entre un universo de letras y otro de ciencias. Los detractores del modelo acostumbran a citar el ejemplo de Steve Jobs, quien con una formación humanista acabó siendo un gurú del mercado tecnológico. Jobs, en realidad, no tenía ninguna titulación universitaria, pero sí comenzó estudios sobre filosofía e historia centrándose en la contracultura. 

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