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El atasco en los ERTE deja sin prestación a miles de aragoneses y colapsa a los graduados sociales

Algunos trabajadores acumulan ya dos meses sin ingresos pese a que les corresponde una prestación por parte del SEPE.

Oficina del Inaem
Oficina del Inaem
Aránzazu Navarro

Miles de trabajadores afectados por los ERTE consultan cada pocos minutos el estado de su cuenta bancaria por si, por alguna remota casualidad, aparece una cifra nueva. Muchos de ellos, a los que se les debe la prestación correspondiente por parte del SEPE, llevan ya dos meses de larga espera. El atasco en la tramitación de los expedientes, pero sobre todo en el reconocimiento de las prestaciones por desempleo, lo notan especialmente quienes precisan de ese dinero para afrontar los gastos corrientes. Pero también los profesionales del sector privado que se encargan de asesorar a empresas y trabajadores y gestionar los expedientes de regulación temporal de empleo.

Es el caso de los graduados sociales, que en estas semanas están asumiendo una carga de trabajo sin precedentes. El presidente del colegio profesional en Aragón, David Oroz, asegura que “esta situación se ha desbordado por las grandes vaguedades que en todo momento ha habido desde el inicio de la crisis sanitaria”. El portavoz subraya que, “como expertos en derecho del trabajo y seguridad social” están “jugando un papel fundamental entre la Administración y los propios clientes” de sus despachos. “Nos hemos ocupado no solamente de la tramitación de los ERTE y la presentación de las solicitudes de la prestación del subsidio de desempleo para autónomos, sino que además se nos ha impuesto tramitar las solicitudes de las prestaciones por desempleo de los trabajadores afectados, resultando un volumen de trabajo desorbitado, que debería de haber realizado el SEPE, organismo autónomo adscrito al Ministerio de Trabajo, que junto con los servicios públicos de empleo de las comunidades forman el Sistema Nacional de Empleo”, critica.

Oroz lamenta que les esté tocando cubrir los huecos que no cubre la función pública: “En esta crisis estamos haciendo el papel de algunos funcionarios. La poca precisión de los reales decretos, sumado al entramado de formularios y procedimientos para las diversas solicitudes de ayudas otorgadas por el Estado, las instrucciones de ejecución, y los problemas técnicos del sistema de gestión telemática del SEPE, ha provocado un gran desbordamiento de los técnicos del SEPE. Y, como consecuencia, de los profesionales que se están ocupando de sus clientes, empresas que hoy por hoy están en graves dificultades y trabajadores que necesitan percibir su prestación por desempleo. Muchas familias se encuentran sin poder hacer frente a los pagos de su día a día por no haberlas recibido, cuando nosotros, como graduados sociales, hemos realizado el trabajo que se nos ha impuesto en los tiempos que se nos ha marcado”, concluye.

Las cifras de prestaciones tramitadas hasta el momento y de las que están pendientes no se han hecho públicas ni son facilitadas por el SEPE.

“No cobro desde hace dos meses”

En medio del atasco se encuentra Juan, un oscense de 25 años que trabaja en la cocina de un restaurante que, como todo el sector, puso en marcha un ERTE: “Por convenio, cobro alrededor de 1.200 euros, y la última vez que ingresé una parte de mi nómina fue el 16 de marzo, cuando se nos hizo el último pago. Desde entonces, desde hace dos meses, no he cobrado el porcentaje que corresponde al SEPE, no tengo ningún ingreso”.

“Estamos esperando el ingreso, calculamos que de unos 1.700 euros, porque lo que no tienen frenos son los facturas. En mi caso, comparto piso con mi novia, que tiene un año menos que yo y que por tanto tampoco tiene un gran colchón económico. Pagamos entre los dos 500 euros mensuales de alquiler, a los que se suman otros gastos fijos como la luz, el gas, el agua, el seguro del coche… La situación empieza a apretar”, explica.

Juan no espera que el negocio para el que trabaja arranque pronto, sino que el conjunto del sector hostelero lo hará al ralentí: “Los bares pueden ir empezando poco a poco, pero los restaurantes tienen que partir de cero, haciendo aprovisionamiento, cambiando las cartas y reduciendo el número de servicios que se dan cada jornada. Los locales parten de cero y lo hacen con la incertidumbre de no saber si de aquí a un tiempo tendrán que volver a cerrar por un nuevo brote. Y mientras tanto los trabajadores nos vemos desprotegidos porque las administraciones retrasan los pagos de las prestaciones”.

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