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Aragón

coronavirus

"Estamos un poco asustados"

A Antonio Campodarbe, de 77 años, el estado de alarma le cogió en Guaso (Aínsa). Su mujer y sus hijas están en
Barcelona y desde entonces no ha podido verlas.

Antonio Campodarbe en su vivienda.
Antonio Campodarbe en su vivienda.
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Antonio Campodarbe, de 77 años, vive solo en su casa del barrio del El Grado, en el núcleo de Guaso (Aínsa). Sus hijas y su mujer están en Barcelona, pero a él el estado de alarma lo pilló en su casa del pueblo y aquí se ha quedado. Desde hace 12 días apenas se ha cruzado con nadie. "Solo hay diez casas y están ocupadas la mitad. Hablamos a veces, pero respetando las distancias", cuenta. Solo sale a la terraza o al porche, porque "estamos un poco asustados", reconoce este técnico aeronáutico, que emigró en los años 60 y trabajó en el aeropuerto de Barcelona.

La Guardia Civil ya pasó por su casa para recomendarle que no saliera. El jueves por la mañana sí recibió la visita de Marina, la trabajadora de la brigada municipal, que llegó con la compra. Antes bajaba a Aínsa con el coche para abastecerse, pero vio el anuncio del Ayuntamiento y se apuntó al servicio. "Llamé al super y ya no me he preocupado de nada más". Él es músico, tocó en una orquesta muchos años. «Me salva la música. Me he montado en el comedor un estudio de grabación y así me entretengo», comenta.

"Me agobio muchísimo"

En Teruel, la vida de Teresa Bronchal, que con 70 años cuida de su madre centenaria, se ha hecho "asfixiante" debido al confinamiento. Antes, cada mañana, tras levantar de la cama, vestir, dar el desayuno y dejar viendo la tele a su progenitora, se iba al centro de la ciudad, se tomaba un ‘cortado’ en un bar, miraba escaparates y hacía la compra diaria. Otra de sus rutinas era salir por la tarde con su amiga Maribel y dar un paseo por los alrededores de su casa.

"Todo eso se ha terminado y hay momentos en que lo llevo muy mal, me agobio muchísimo", dice. Aunque no le falta de nada, pues gracias a un programa de voluntariado municipal le llevan la compra a casa y la llaman a menudo interesándose por su estado de ánimo, lamenta que esta pandemia "aísla y distancia a todos".

Según relata, apenas tiene tiempo para la distracción, pues su madre, Caridad, que antes de esta crisis acudía muchas tardes acompañada por su otro hijo a jugar a las cartas al Centro de Día del barrio, la requiere constantemente. "Me pide que siempre esté a su lado, dándole conversación y apenas puedo hacer otra cosa", dice.

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