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"Cuando pierdes a un hijo por el cáncer, te replanteas la vida"

Entre seis y ocho niños aragoneses mueren al año por cáncer. Sus padres no quieren que sus pequeños caigan en el olvido o que sean parte de una simple estadística.

Nuria, Vera y Mariló perdieron a sus hijos por el cáncer.
Nuria, Vera y Mariló perdieron a sus hijos por el cáncer.
Oliver Duch

Nuria, Mariló y Vera saben por lo que en estos momentos estará pasando Luis Enrique, el exentrenador de la selección española de fútbol. El cáncer también les arrebató a sus hijos de una manera cruel y prematura y pasaron a engrosar la lista de entre los 6 y 8 menores que fallecen cada año por esta enfermedad en Aragón.

Pero ellas se resisten a que Marcos, Andoni o Rodrigo, ‘el capitán melenas’ como lo sigue llamando su madre, solo formen parte de una estadística.Quieren que se les recuerde, que su historia siga formando parte de su día a día. "Es muy importante recordar a nuestros hijos. No queremos que nuestros pequeños sean olvidados", pide Nuria Centelles, que perdió a su pequeño Marcos, con tan solo cinco años, por un rabdomiosarcoma, un tumor maligno en las partes blandas, frecuente en niños pero poco conocido.

En Mazaleón, el municipio de Teruel donde vive la familia, nadie ha dejado de hablar de Marcos pese a que ya han pasado más de nueve años desde su marcha. Cuando le diagnosticaron el tumor paranasal ya estaba en un estadio 3 y pese a los tratamientos aplicados, murió en junio de 2010, un día después del cumpleaños de Nuria. "Marcos nos ha dejado muchas lecciones, es increíble lo listos que son estos niños, lo que llegan a enseñarte, incluso cuando no están. Son especiales", recuerda Nuria, que encontró un soporte fundamental en el grupo de duelo de la Asociación de Padres de Niños con Cáncer (Aspanoa). "Para la muerte de un hijo no existe curación, nunca vas a dejar de ser un padre que ha perdido un hijo, pero en el grupo te escuchan, te comprenden", asegura.

Vera Rodríguez se atreve a decir que este grupo le salvó la vida. No la concibe ya sin esta red de amigos, "ya familia", que le ayudan en los días de bajón. "Porque los hay. Hay algunos complicados. Me sigue faltando mi hijo", reconoce. Su ‘capitán melenas’ falleció en 2014 por un fallo multiorgánico, tras un año y dos meses de tratamientos para luchar contra el linfoma de Hodgkin, que le diagnosticaron con tan solo 13 años. "Rodrigo no paraba quieto. Empezó a quejarse que le dolía el pecho y que estaba cansado. Le llevé al pediatra, pero me dijo que sería algo derivado del crecimiento. Un día, mientras yo estaba planchando, me dijo: ‘Mamá, mira el bulto que tengo en el cuello’", explica Vera que pese a que le quitó hierro, llevó a su hijo esa misma noche a Urgencias para quedarse tranquilos. Ahí, empezaron la batería de pruebas y los posibles diagnósticos. "A la semana nos dijeron lo que era, con él presente. Pero nunca nos preguntó nada", cuenta.

A los dos meses, relata Vera, le empezaron a salir ganglios por otras partes del cuerpo. "Nos dijeron que no había otro caso en el mundo", recuerda la madre de Rodrigo que se sometió a numerosos tratamientos, entre ellos 23 sesiones de radioterapia y un trasplante de células madre. "Fue nuestro último cartucho", cometa emocionada. "Luchamos hasta el final", añade Vera, que asegura que su pequeño sigue formando parte de su vida y está presente en todos los buenos momentos.

La enfermedad arrasa

Para Mariló Miguel, la muerte de un hijo es la "cosa más horrible que puede pasarte". "La enfermedad arrasa tu vida, pero si quieres sacarle algo bueno o positivo, es el aprendizaje que conlleva, te ayuda a situarte en la vida", explica. Andoni, con 18 años, empezó a quejarse de que estaba más cansado de lo habitual, a adelgazar y a ponerse amarillo. "Se había ido a celebrar el fin de curso a Salou, como todos los jóvenes de su edad, y yo lo achaqué a eso. Pensé incluso que igual era alguna hepatitis...", recuerda Mariló. Pero los primeros análisis de sangre ya confirmaron que era algo grave y poco después le diagnosticaron que tenía cáncer de hígado.

"Nos dijeron que era congénito, que lo tendría desde siempre, pero entonces era cuando se había manifestado", explica Mariló, que asegura que fue "durísimo" ver sufrir a su hijo tras no llegar a buen término el trasplante de hígado que se le practicó. Se apoyó en la fuerza que desprendía su hijo y en los momentos que pasaba con él. "Pasamos mucho tiempo juntos. Un tiempo que quizás si no hubiera estado enfermo, no hubiera pasado con él.Hablamos de muchas cosas, mantuvimos muchas conversaciones...", asegura.Aunque el cáncer les robó a sus hijos, pase el tiempo que pase nadie les podrá quitar su recuerdo.

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