Aragón

ANIMALES SILVESTRES

El hospital (y mucho más) de la fauna salvaje aragonesa

El Centro de Recuperación de la Fauna Silvestre de La Alfranca recibió el año pasado más de 2.000 animales. Además de intentar curar a los que están heridos, investiga cómo y por qué fallecieron los que llegan muertos para detectar cuanto antes cuáles son sus principales amenazas.

Se suele decir que el Centro de Recuperación de la Fauna Silvestre (CRFS) de La Alfranca es el Miguel Servet de los animales salvajes ‘aragoneses’, pero en realidad es mucho más, porque además de curar a cientos y cientos de ejemplares cada año hace otra labor fundamental: investigar su mortalidad. Por eso, además de un hospital, también es una especie de instituto de medicina legal.

“En sus inicios prácticamente todos los ingresos que se producían en el centro eran de animales vivos, pero actualmente las entradas de ejemplares muertos suponen prácticamente la mitad del total”, destaca la directora técnica de las instalaciones, Ester Ginés. “Se les hace la necropsia a todos ellos, porque así conseguimos información muy valiosa sobre cómo y por qué muere la fauna silvestre aragonesa: puntos negros en las carreteras, tendidos más conflictivos, casos de envenenamiento, principales amenazas para las especies que presentan un mayor riesgo de extinción...”.

Ginés insiste en que esa labor forense es “tan importante o más” que la de recuperación de los animales que llegan heridos. “Hay causas de mortalidad que siempre han estado muy presentes, como los atropellos o las electrocuciones, pero gracias a las estadísticas que realizamos con todos los ejemplares que nos llegan muertos podemos detectar nuevas tendencias como, por ejemplo, que cada vez hay más aves que mueren al chocar con las cristaleras de los edificios o de las pistas de pádel”, señala la directora del centro.

“Del mismo modo, nos damos cuenta de cómo cada vez son más frecuentes los envenenamientos indirectos provocados por tóxicos de efectos retardados: los roedores que los ingieren no mueren inmediatamente, y luego se acaban intoxicando sus depredadores”, prosigue Ginés.

El Centro de Recuperación de la Fauna Silvestre (CRFS) de La Alfranca depende del Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad del Gobierno de Aragón y cuenta con un presupuesto de unos 247.000 euros anuales. En él trabajan dos veterinarios, dos ayudantes y un administrativo que solo el año pasado gestionaron 2.070 entradas de animales vivos y muertos.

El número de ingresos no ha parado de subir desde el inicio de la actividad de las instalaciones. A mediados de los noventa no llegaban a 400 al año y desde hace varios ejercicios ya ronda los 2.000 (la cifra más alta se alcanzó en 2015 con 2.205).

Evolución del número de ingresos de animales en el centro.
Evolución del número de ingresos de animales en el centro.
CRFS La Alfranca

Ginés aclara que ese incremento sostenido en el tiempo no se debe a una mayor siniestralidad de la fauna salvaje, sino a que la concienciación ciudadana es cada vez mayor. “La gente está cada vez más sensibilizada con el bienestar de los animales, y un buen ejemplo lo tuvimos durante la gran ola de calor del pasado mes de junio: nos trajeron tantos pollos que se habían tirado del nido de pura asfixia que estuvimos prácticamente colapsados”, recuerda “Eran especies más o menos comunes como el vencejo, el avión o la golondrina, pero muchos ciudadanos que encontraron uno de esos pollos se preocuparon por recogerlos y traerlos a La Alfranca”.

Actualmente, cuatro de cada cinco animales que ingresan en el centro son aves, y dentro de ese grupo destacan las rapaces diurnas, que el año pasado supusieron el 40% de las entradas. Por especies, las más habituales fueron el buitre leonado y la cigüeña común, pero también destacaron el búho real (dentro de las rapaces nocturnas) y el vencejo común (entre las aves pequeñas).

En cuanto al resto de grupos faunísticos, en 2018 los mamíferos supusieron el 15% de los ingresos con el tejón, el erizo europeo y la garduña como especies más repetidas. “La nutria es otro animal cuyas entradas van aumentando cada año como consecuencia de la recuperación y expansión que está experimentando y de su elevada mortalidad por atropello”, destaca Ginés.

Otro 4% de los ingresos se debió a los reptiles, sobre todo tortugas, y entre los anfibios destacaron las entradas de tritones jaspeados atropellados.

En torno al 70% de los animales que llegan al CRFS los entregan los agentes de protección de la naturaleza (APN) del Gobierno de Aragón, pero las guarderías de montes de los ayuntamientos (sobre todo la Unidad Verde de Zaragoza capital) y los particulares también desempeñan un papel fundamental.

Respecto a las causas de los ingresos, las más habituales son las colisiones (26%), los atropellos (25%), las electrocuciones (12%), los hallazgos de huevos y pollos que no pueden salir adelante por sí mismos (11%) y las trampas (10%). Bajo este último epígrafe se incluyen tanto los animales víctimas del trampeo deliberado como las caídas en balsas y aljibes, la meteorología adversa, los ejemplares atrapados en construcciones…

Evolución de las principales causas de ingreso en el centro.
Evolución de las principales causas de ingreso en el centro.
CRFS La Alfranca

“Si hacemos un análisis más detallado, observamos que el año pasado los tendidos eléctricos generaron el 17% de los ingresos en el centro, bien por colisión, bien por atropello”, indica la directora de las instalaciones. “Eso significa que esa causa de mortalidad se mantiene estable, ya que desde el año 1994 los tendidos han generado el 15% de las entradas”.

Las colisiones contra molinos de viento también provocan numerosos accidentes entre las aves, y los atropellos son la principal causa de ingreso entre los mamíferos. “También hay que llamar la atención sobre el uso del veneno y las intoxicaciones, que aunque en porcentaje no generan tantos casos sí tienen un impacto nefasto y en la mayoría de los casos son claramente intencionadas”, recalca Ginés, quien además apunta a que su incidencia real en el medio natural “probablemente está subestimada”.

Además, en 2018 el Centro de Recuperación de la Fauna Silvestre de La Alfranca atendió 19 casos de aves protegidas que recibieron disparos, cifra que se considera “muy significativa” porque se concentra en los días hábiles durante la media veda y la invernada y porque, a diferencia de lo que sucede con las colisiones o los atropellos, en este tipo de mortalidad los animales son mucho más difíciles de encontrar.

Se intenta buscar un hogar a todos los animales

El objetivo último del CRFS es rehabilitar y devolver al medio natural a todos los animales que ingresan heridos, y el año pasado eso se consiguió en casi la mitad de los casos. Otro  45% murieron durante el proceso de curación o tuvieron que ser sacrificados, pero en el caso de los ejemplares que no pueden ser liberados porque no son capaces de valerse por sí mismos se hace "todo lo posible" por encontrarles un hogar.

"Lógicamente, los mayores esfuerzos los hacemos con las especies más amenazadas. Por ejemplo, a un quebrantahuesos que perdio una garra llegamos a implantarle una prótesis para que pudiera servir de nodriza en los programas de cría en cautividad", explica Ginés. "Con las especies más comunes no podemos hacer lo mismo porque los recursos son limitados y hay que priorizar, pero siempre intentamos buscar un núcleo zoológico autorizado o un programa de educación ambiental que puedan quedarse con esos animales que no se pueden liberar". Por supuesto, esas cesiones se hacen respetando escrupulosamente toda la legislación sobre fauna silvestre.

Ataques de oso y de lobo, especies exóticas, proyectos de cría...

A toda esta ingente labor del Centro de Recuperación de la Fauna Silvestre se suman, por ejemplo, las necropsias realizadas a animales domésticos para aclarar si los ataques de oso o de lobo realmente corresponden a estos depredadores. También se analizan especies como los perros o los gatos cuando se sospecha que ha habido un envenenamiento.

Además, el CRFS hace un importantísimo trabajo de recogida de tortugas y de otros animales exóticos que bajo ningún concepto pueden acabar siendo liberados en el medio natural. "La gente que quiera deshacerse de alguna mascota de este tipo tiene que ponerse en contacto con nosotros, con los agentes de protección de la naturaleza o con cualquier otra administración para informarse de las opciones que tiene. Lo fundamental es no soltarla en cualquier sitio porque son una amenaza muy grave para la fauna autóctona", recuerda Ginés.

En La Alfranca también se están desarrollando dos proyectos de recuperación de especies protegidas: uno de cría en cautividad de milano real, que hasta finales de 2018 había conseguido sacar adelante 74 pollos de los cuales habían sido liberados 61, y otro de conservación del visón europeo, que actualmente cuenta con 5 jaulones presuelta y que el año pasado permitió recibir una hembra procedente de Cataluña que dio a luz tres cachorros hembra (fueron liberados en La Rioja).

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