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Los sonidos rurales, ¿patrimonio inmaterial de la Humanidad?

Un alcalde francés ha propuesto que los cantos de los gallos, los ladridos de los perros, el sonido de las campanas de las iglesias, el mugido de las vacas, el rebuzno de los burros y los cantos de los pájaros se protejan bajo esta denominación.

Foto de archivo de varios ejemplares de ganado vacuno. HA
Foto de archivo de ganado vacuno.
Heraldo

Y aunque la noticia que saltó a los medios de comunicación sobre que un gallinero de la localidad astuariana de Cangas de Onís iba a cerrar debido a las molestias que el cacareo de estos animales originaba a sus huéspedes resultó ser una mentira a medias, puesto que, a pesar de que el ruido que las gallinas hacen en mitad de la noche supera los decibelios permitidos, este no fue el motivo por el que el Ayuntamiento de este municipio obligó a cerrarlo, sino porque no dispone de licencia, son habituales las disputas que mantienen locales y turistas en las zonas rurales. El crecimiento del turismo rural, que en Aragón superó la cifra de ocho millones de pernoctaciones en 2018, junto con el hecho de que casi el 80% de la población en España vive en las ciudades ha provocado que el distanciamiento entre el entorno rural y el urbano.

“Hasta ahora, las generaciones tenían pueblo, sus padres habían nacido allí y en verano y vacaciones visitaban los pueblos”, declara un ganadero oscense, que prefiere no revelar su identidad. “Ahora, las nuevas generaciones no tienen pueblo y vienen aquí sin conocer cómo vivimos y no entienden nuestra forma de vida”, expone el mismo.

Los sonidos de los cencerros de las vacas, los cantos de los gallos o las campanas de la iglesia son solo algunos de los ejemplos que distancian la vida rural y urbana. “Entiendo que no lo comprendan, yo tampoco podría vivir con el ruido del tráfico, pero forman parte de nuestra identidad”, señala.

Y ante esta disyuntiva, que ya ha generado algún conflicto, Bruno Dionis du Sejour, alcalde de Gajac, una población del sur de Francia, que tiene 390 habitantes, ha pedido, en una carta abierta a los parlamentarios franceses, que los ruidos rurales deberían “ser proclamados patrimonio inmaterial nacional”, el paso previo para que estos sean declarados Patrimonio Intangible de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (conocida como Unesco, por sus siglas en inglés). Concretamente el alcalde francés se refirió a los cantos de los gallos, al ladrido de los perros, al sonido de las campanas de las iglesias, al mugido de las vacas, al rebuzno de los burros y a los cantos de los pájaros, sonidos que según él declara conforman el mundo rural y que si no se protegen pueden terminar por perder esa esencia, debido a las quejas de los turistas. “Las normas de las ciudades se trasladan a los pueblos –explica el ganadero oscense– y a veces aquí no son necesarias”.

Esta petición, que ha contado con el apoyo de algunos parlamentarios franceses e, incluso, un diputado ha anunciado que quiere presentar un proyecto de ley, también es bien vista desde aquí. La Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés (Apudepa) señala que "los sonidos de los modos de vida hay que conservarlos y respetarlos, pero que no haría falta recurrir al planteamiento de protecciones si ya se hubiese concienciado a la sociedad". Y es que desde este organismo hacen hincapié en que “en el mundo en el que vivimos en el que se jerarquiza la vida urbana y se desconoce la vida rural, la sociedad ha perdido referentes, como ha pasado con los oficios tradicionales, ya que al no haberse valorado estos conocimientos han desaparecido".

Asimismo, anotan: “Francia es un ejemplo de país que cuida su patrimonio, copiando lo ya hecho por Japón, que fue el estado que empezó a salvaguardar su cultura”. Y es que esta figura, la de Patrimonio Intangible de la Humanidad, surge como respuesta a la globalización, según expone la Unesco, pues esta “alienta a las comunidades para identificar, documentar, proteger, promover y revitalizar ese patrimonio que es fuente de diversidad cultural y que puede ser vulnerable a la globalización”.

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