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Aragón

elecciones generales 2019

Sistema electoral en España: así se transforma su voto en escaño

Es la diana de los partidos más pequeños tras cada cita con las urnas. Pero ¿qué efectos tiene en Aragón?

El centro logístico de urnas y papeletas para la Comunidad de Madrid, en Alcalá de Henares
El centro logístico de urnas y papeletas para la Comunidad de Madrid, en Alcalá de Henares
EFE

El domingo hay elecciones generales, lo cual garantiza como mínimo una certeza: alrededor de las diez de la noche, cuando ya se conozcan los resultados, puede dar por hecho que al menos un partido atribuirá su fracaso al sistema electoral español. Para que desenmascare si las quejas de la supuesta víctima son consistentes o no, aquí va una breve radiografía -incluido un gráfico ejemplo de tinte aragonés- de lo que puede esperar.

El sistema electoral es el método por el cual los votos se transforman en escaños. No hay que olvidar que se trata de un aspecto muy concreto de un ente mucho mayor denominado legislación electoral; en España, incluye la Constitución -parte de ella-, la Ley Orgánica de Régimen Electoral General, más conocida como Loreg, y las leyes de ámbito autonómico para las elecciones en las comunidades.

La Carta Magna fija varios elementos de la legislación electoral, como los umbrales del Congreso de los Diputados -entre 300 y 400 diputados-, que la circunscripción es la provincia o que estas circunscripciones han de tener un número mínimo de diputados y senadores. Por su parte, la Loreg es la que fija en 350 el número actual de escaños de la Cámara baja o la que sitúa en dos el mínimo de diputados por provincia.

Así, para distribuir los 350 escaños del Congreso hay que tener en cuenta que cada una de las 52 circunscripciones provinciales cuentan, como se ha dicho, con un suelo de dos diputados, excepto las dos ciudades autónomas -uno cada una-. Los 248 que restan van en función de la población, de forma que a Zaragoza le corresponden 7, a Huesca 3 y a Teruel otros 3.

Como dice José Fernández-Albertos en el libro 'Aragón es nuestro Ohio', la comunidad es un reflejo de lo que pasa en el conjunto de España también en relación con el sistema electoral, ya que "combina una (circunscripción) grande, donde terceros partidos podrían entrar en el reparto de escaños, y dos pequeñas, donde, hasta ahora, solo podían ganar representación el PP y el PSOE". ¿Cambiarán este domingo las cosas? A tenor de lo que dictan las encuestas, no es para nada descartable.

El tamaño de las circunscripciones es, como se ha visto, el principal factor por el que los partidos pequeños se ven perjudicados en el reparto final. Pero una vez determinado su volumen, ¿cómo se elige a los diputados? Aquí es donde entra en juego el denominado método D’Hondt. Un procedimiento que aspira al equilibrio imposible: tratar de compadecer los ánimos de quienes prefieren un sistema mayoritario puro, en el que el ganador se lo lleva todo, y de los que optarían por la mayor proporcionalidad posible en el binomio partidos/votos.

Una pausa para echar la vista atrás.

Porque este mismo dilema se presentó durante el debate constituyente de hace cuatro decenios y el resultado de aquel diálogo es el que conduce al jurista belga Victor d'Hondt. Lo refleja la sinopsis del artículo 68 de la Constitución. “En términos generales puede decirse que el centroizquierda y la izquierda hicieron del criterio de la proporcionalidad cuestión esencial frente a las preferencias por el sistema mayoritario que entonces auspiciaba Alianza Popular”, se explica ahí, y prosigue el texto: “El resultado final fue, como en tantos otros aspectos controvertidos, una fórmula flexible” que “opta por la proporcionalidad” pero “de manera suave y no tajante”.

Pese a esto, es cierto que el fiel de la balanza cojea un poco: como expresó el Tribunal Constitucional en el denominado caso Barrera electoral del 3%, de la aplicación del sistema D'Hondt “resulta cierta ventaja relativa para las listas más votadas, y ello como consecuencia del peculiar sistema de cocientes sucesivos que dicha regla articula". Es decir, que perjudica a los partidos pequeños. ¿Con qué objetivo? Con el de aportar una estabilidad que cuarenta años atrás constituía un elemento esencial en la incipiente democracia española… y que además beneficiaba en aquel momento a la UCD.

Pero, tras todo este embrollo, ¿cómo diablos convierte el sistema D’Hondt los votos en escaños? Es producto de una operación matemática que se puede plasmar fácilmente en un documento de Excel. Hay que ir circunscripción por circunscripción. Debemos dividir los votos totales de cada partido que ha obtenido más de un 3% de los votos por cocientes decrecientes (en cristiano: dividir por 1, por 2, por 3, etc.) hasta el número total de escaños que se reparten en esa circunscripción (por 1, 2 y 3 en Huesca y Teruel, y hasta por 7 en Zaragoza). A partir de ahí, los resultados se ordenan de mayor a menor y se van asignando al partido correspondiente.

Así se repartirían por ejemplo los escaños de las tres provincias de Zaragoza con el número de votantes de las últimas elecciones generales, de 2016, y con los resultados del sondeo de A+M para HERALDO del pasado domingo:

En este contexto, el actual sistema perjudicaría mucho a Podemos y pero principalmente a Vox, que se quedaría sin representación. En cambio, beneficiaría a Ciudadanos, para el que el 'coste' de cada escaño sería menor incluso que el del PSOE y el PP. Y ¿qué sucedería si cambiáramos el sistema y de una circunscripción provincial se pasara a una autonómica? Veámos:

El cambio aporta algo más de proporcionalidad, ya que Ciudadanos perdería un escaño en favor de Vox; Podemos sería en este caso el partido más perjudicado.

Y ¿si mantenemos el tamaño de la circunscripción pero cambiamos de un sistema D’Hondt al de Saint-Lagüe, en el que los divisores en vez de números crecientes son los números impares? Así quedaría el reparto:

El resultado sería idéntico que en el caso anterior, con Podemos de nuevo como formación más perjudicada y con Ciudadanos como beneficiado.

"El sistema electoral español ha primado la español ha primado la estabilidad del sistema de partidos y la alternancia. Esto lo ha conseguido gracias a dos elementos: unos mecanismos correctores de la proporcionaildad que han tendido a sobrerrepresentar a los dos partidos más votados y unas listas cerradas y bloqueadas que han fortalecido a sus cúpulas nacionales y regionales. Sin embargo, esto ha implicado pagar un peaje en términos de calidad de la representación", aparece en el libro 'La urna rota', del colectivo Politikon y publicado en 2014 por la editorial 'Debate'.

¿Qué alternativas harían más proporcional el reparto de escaños? Hay varias opciones y son de sobra conocidas (casi 400 páginas tiene por ejemplo el informe del Consejo de Estado sobre las propuestas de modificación del régimen electoral general). Una la hemos visto: cambiar a Victor d'Hondt por André Saint-Lagüe. Otras serían aumentar a 400 el número de diputados en el Congreso o reducir a uno el mínimo de escaños por circunscripción. A partir de aquí, la voluntad política para aplicarlas es la que decide.

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