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Aragón

SANIDAD

Una de las sanitarias agredidas: “Cuando me enganchó y tiró del pelo tuve pánico, me sentí como un animal acorralado”

Una de las auxiliares de enfermería agredidas en el Provincial el domingo recuerda con “miedo” cómo uno de los hombres presentes les dijo que las iba a “rajar”.

Protesta ante las puertas del Hospital Provincial de Zaragoza por las agresiones del domingo.
Protesta ante las puertas del Hospital Provincial de Zaragoza por las agresiones del domingo.
Guillermo Mestre

Han pasado dos días y medio desde que algunos familiares de una paciente ingresada en el Hospital Provincial (Nuestra Señora de Gracia) de Zaragoza agredieran a dos auxiliares de enfermería. Una de ellas, que desde entonces duerme con tranquilizantes y no se siente segura “en ningún sitio”, recuerda como una auténtica “pesadilla” lo que vivió la pasada noche del domingo en uno de los pasillos de la planta de geriatría. “Cuando me enganchó y tiró del pelo tuve pánico, me sentí como un animal acorralado en una jauría”, relata todavía conmocionada, algo nerviosa y con los ojos llorosos. Jueves y viernes tenía citas en el hospital para unas pruebas personales y las ha anulado porque, de momento, no quiere ni acercarse al lugar.

Está de baja y no sabe por cuánto tiempo. El collarín, recibió un golpe en la base del cuello, lo disimula con un pañuelo y las lesiones más evidentes son los dos dedos de la mano izquierda que lleva inmovilizados. Cuando los incidentes con cuidado, intentando ser lo más precisa posible en sus palabras. Ella y su compañera entraron a trabajar en el turno a las 22.00 y en una primera ronda vieron cómo en una habitación con dos pacientes una de ellas estaba acompañada por seis mujeres. “En ese momento les dije que solo podía haber una acompañante por enferma y nos tuvimos que ir porque nos avisaron que llegaba un ingreso. Yo me fui a la lencería a buscar una almohada y al salir vi a dos de las mujeres en la puerta de la habitación comiendo patas de pollo”, explica.

Cuando las dos trabajadoras iban por el pasillo a atender el ingreso se encontraron en uno de los rincones en el que hay sillas y mesas un grupo de al menos 10 personas acomodadas “como si estuvieran de cámping”. “Había ocho o nueve adultos, algunos sentados con sus propias sillas desplegables, y dos niños de 6 o 7 años jugando. Nos quedamos las dos clavadas”, apunta. Ante esta situación, ella les expuso que al tratarse de un hospital los pequeños no podían estar allí y tampoco podía comer. Mientras, su compañera les pidió por favor que se retiraran.

A partir de ese momento las palabras pasaron a mayores. “Uno de los hombres que había sentados nos insultó, se acordó de nuestros muertos y nuestras madres y nos dijo que nos iba a rajar, que bastante tenía con lo que tenía. Mi compañera me dijo que me fuera a llamar a seguridad”, describe. Cuando volvió de hacer la llamada se encontró a su compañera tirada en el suelo y al acercarse a ayudarla escuchó que alguien decía “¡A esa!, ¡a esa!”.”Una mujer, a la que le pude ver la cara, me agarró y tiró del pelo y me abocinó hacia delante. Yo me intentaba zafar. Mi compañera también quería ayudarme y la oía detrás de mí. Me quedé sin gafas y no veía. Tuve pánico, me sentí como un animal acorralado. Había mucha gente alrededor porque también salieron otras personas de las habitaciones”, expone. No sabe si fueron poco o muchos minutos, pero para ella duró “una eternidad”.

Cuando al lugar llegaron los guardas de seguridad del hospital muchos de los familiares “empezaron a desaparecer”. Ella aún tuvo tiempo de identificar a la mujer que le había agredido y arrancado pelo. Fue la detenida por la policía. “Llegué a quedarme sin habla y temblando todo el tiempo. Nos tuvieron que acompañar hasta los vestuarios a cambiarnos y la policía nos llevó también a casa, yo no quería salir ni a la puerta del hospital”, asegura.

La auxiliar de enfermería tiene palabras de agradecimiento para los guardas de seguridad, para la policía nacional y para el doctor Paco Cabeza, que estaba esa noche de jefe del turno y estuvo junto a ellas. De sus compañeras ha recibido desde entonces apoyo y mucho ánimo, pero asegura que, por lo que ellas le cuentan “en el hospital hay preocupación, intranquilidad y un ambiente tenso”.

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