Aragón

Tecnología

La inteligencia artificial tiene futuro en el campo

La tecnología forma parte del presente del sector, como se ha podido ver esta semana en Figan y como recoge un estudio de EAE Business School. 

Las tecnologías digitales más avanzadas se van abriendo paso entre la agricultura mundial, en especial en los países más desarrollados.
Las tecnologías digitales más avanzadas se van abriendo paso entre la agricultura mundial, en especial en los países más desarrollados.
Libelium

La tecnología que se ha expuesto esta semana en Zaragoza durante la celebración de la Feria Internacional para la Producción Animal (Figan) ha dejado patente que las granjas y las explotaciones agrarias -eso que se llama sector primario- no tienen nada que envidiar a la tantas veces aludida Industria 4.0. Porque, aunque es cierto que esta realidad no es mundial y que sigue existiendo una vasta superficie agrícola de subsistencia en la que el trabajo es manual, lo cierto es que en los países más desarrollados la inteligencia artificial, el ‘big data’, la sensorización, la digitalización y las tecnologías habilitadoras se han convertido en una herramienta de trabajo más.

No se habla de futuro, sino de presente y aunque queda mucho por desarrollar ya no resulta extraño encontrar robots que sustituyen tareas sin cualificación en las explotaciones agrarias y ganaderas (tanto para recoger cosechas como para ordeñar o repartir el alimento entre los animales).

Y si lo actual es prometedor mucho más lo que está por venir. Así lo recoge el estudio ‘Agricultura y Tecnología. I+D en el sector primario’, realizado por la escuela de negocios EAE Business School, que llama la atención sobre el potencial que le espera al mercado de agricultura inteligente. Tomen nota. De 2015 a 2025 se multiplicará por seis el número de dispositivos dotados con CNSS -un sistema de navegación por satélite-. Y en 2050 el tamaño del mercado de las tecnologías para la agricultura de precisión podría alcanzar los 250.000 millones de dólares (más de 220.000 millones de euros).

Siempre ha habido tecnología en la agricultura. Desde el principio de los tiempos. No como ahora la conocemos, pero sí como ese conjunto de técnicas en constante evolución con las que se buscaba incrementar las producciones, mejorar los cultivos, lograr una mayor calidad de los alimentos... Pero, nada ha sido tan revolucionario y rápido como el huracán tecnológico que está cambiando las formas en todos los sectores productivos y, también, en el siempre innovador sector agropecuario. "El I+D del sector ha estado tradicionalmente ligado a la mejora de variedades y de cultivos tanto por el uso de mejores fertilizantes, como de mejores prácticas de laboreo, de maquinaria más específica y potente, por el mejor aprovechamiento del agua... Todo eso está ahí y seguirá en el futuro, pero además nos encontramos con que el proceso de digitalización ha entrado de lleno al sector y lo hace con fuerza inusitada y con resultados muy notables". Con esta contundencia se presenta el informe realizado por EAE Business School, que no solo realiza un repaso por las tecnologías que ya han llegado (y las que están por venir) a la que se conoce como ‘agricultura smart’, ‘agritech’ o ‘farming 4.0.’ sino que cifra el negocio que la agricultura mundial ofrece al mercado de tecnología digital.

Ya no resulta extraño encontrar dispositivos de IoT (internet de las cosas) en el campo para disponer de información en tiempo real que permita mejorar la gestión de la explotación. Se utilizan -combinados con la nube, la inteligencia artificial y el big data- para realizar un uso eficiente y eficaz del riego o la energía, para dar solución a problemas cíclicos como ejambres e inundaciones, para optimizar la colocación de trampas, para conocer los niveles exactos de los contaminantes permitidos o, entre otros, para alertar de problemas inmediatos. Pero, como asegura el documento, su instalación no ha hecho más que comenzar. Actualmente existen 52 millones de dispositivos instalados en agricultura de todo el mundo, 20 millones más que hace apenas dos años y 23 millones menos que los que se prevén para 2020. Y eso significa, señala el estudio, que el monitoreo y manejo de ganado en todo el mundo habrá duplicado en seis años su valor de mercado hasta alcanzar los casi 4.850 millones de dólares (casi 4.300 millones de euros).

No es la única tecnología con posibilidades en el sector agropecuario. Menos implantadas pero echando ya raíces destaca el uso de la impresión 3D, que como señala el estudio, "podrían favorecer la independencia industrial en zonas poco pobladas" porque, como ya está demostrado, son muy útiles para la fabricación de repuestos de, por ejemplo, maquinaria agrícola. Pero también la realidad virtual presenta, dice el documento, "interesantes aplicaciones" para visitar ferias, o realizar visitas a explotaciones y granjas, para conocer el manejo de equipos o acceder a la formación. Y si la realidad es además aumentada "podría servir, por ejemplo, para que un empleado sin gran cualificación pudiera reparar una máquina compleja con la asistencia en remoto de un técnico especializado que le va guiando tan solo con utilizar unas gafas especiales y un aplicación de móvil", explican desde la escuela de negocios.

El avance de los robots

Es cierto que todavía no existen vehículos autónomos circulando entre los cultivos. Pero no es porque no se trabaje en su fabricación. El freno lo pone todavía la falta de un marco regulatorio porque la industria ya se ha puesto manos a la obra y en los últimos tres años firmas como Case o John Deere ya han presentado prototipos de tractores sin conductor o impulsados por energía eléctrica. Por eso, «pronto podremos verlos trabajando porque no tendrán tantos problemas para su autorización como los vehículos que deben circular por ciudades o carreteras», auguran los autores del documento, que señalan que "será una tecnología muy disruptiva", ya que estas máquinas podrán trabajar 24 horas con muy poca intervención manual.

Porque la robótica "avanza con fuerza". Y lo hace porque sus aplicaciones, que permiten una mejora en la productividad en tareas rutinarias y continuas en el tiempo, suelen resultar «muy rentables». Eso explica que se augure un uso cada vez más habitual de vehículos aéreos no tripulados, (UAV por sus siglas en inglés y más comunmente conocidos como drones) y de ‘cobots’, más conocidos como robots colaborativos, capaces de trabajar en equipo con seres humanos o con otros robots realizando la parte más ardua de determinados trabajos.

No es ciencia ficción, insiste el estudio, que recuerda que ya están en el mercado robots que seleccionan y recogen fresas o que identifican qué cítricos están listos para la recolección, y existen prototipos de sembradoras o fumigadoras inteligente. En este caso, el robot reconoce las malas hierbas y es sobre ellas donde aplica el pesticida, aunque existe también equipos que las reconocen y las retiran del campo. "Es de prever que esta tecnología se potencie dada la pujanza de las producciones orgánicas y, por tanto, libres de herbicidas", explica el documento realizado por EAE Business School.

Biotecnología y precisión

Desde que la agricultura lo es, el hombre ha ‘manipulado’ las especies vegetales para seleccionar los cultivos más resistentes, crear nuevas variedades con mejores rendimientos o más adaptadas a los gustos del consumidor, etc. Y, por supuesto, ha gestionado sus cultivos observando la evolución del proceso agrícola para actuar (sembrar, fertilizar, recoger la cosecha, etc.) en el momento más óptimo. Eso es biotecnología y agricultura de precisión, dos "fenómenos genuinos del mundo agrícola", señala el informe, que ahora disponen y utilizan tecnologías que potencian o agilizan sus procesos. Es ahí donde entran en acción la inteligencia artificial y el ‘big data’, que permiten bucear en la genética para descubrir (y después modificar) las características de las semillas y hacerlas así más productivas y más resistentes a plagas o a sequías.

Son los satélites (los más conocidos son Landsat en Estados Unidos y Sentinel en Europa) los que facilitan ahora la agricultura de precisión, porque su capacidad para fotografiar la tierra cada cierto tiempo con cámaras multiespectrales de gran potencia permiten un conocimiento preciso de cada finca y de sus necesidades o riesgos. Este técnica agrícola está ganando terreno por todo el mundo. De hecho, los cálculos realizados por EAE auguran que el valor de mercado de la agricultura de precisión alcanzará los 10.000 millones de dólares en 2023, el doble de la cifra del pasado año.

La tecnología permite además sacar la agricultura del campo y llevarla al interior de un edificio cerrado. Es lo que se conoce como granjas verticales, instalaciones con un alto grado de automatización y robotización. "La producción suele ser orgánica, esta libre de insectos y plagas y son una solución para la sostenibilidad de las grandes ciudades pues permiten el cultivo en proximidad de una enorme cantidad de producto en un espacio muy reducido", explica el estudio, que recuerda ejemplos de éxito como Farm One, una granja vertical que produce en un sótano de Nueva York flores comestibles y verduras de alta calidad para algunos de los principales restaurantes de la ciudad. Panasonic lleva también varios años experimentando con esta tecnología en Singapur, Fujitsu está haciendo otro tanto en Japón y cada vez son más pequeñas empresas (hay uno en Aragón) que experimentan con la tecnología a pequeña escala.

"Es evidente que las granjas verticales son una tendencia que va a más y que tanto en grandes ciudades como en lugares con escasez de terrenos de cultivos o con climas poco apropiados para la agricultura tendrán un brillante futuro", señala el estudio. Un futuro que, según las proyecciones de mercado realizado por la escuela de negocios, alcanzarán en 2013 los 6.400 millones de dólares (más de 5.600 millones de euros).

Pequeños sensores para un gran trabajo

El internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés) está invadiendo la superficie agrícola de pequeños sensores que realizan un gran trabajo. Son capaces de recopilar numerosos y variados datos que, combinados con otras tecnologías habilitadoras como el cloud, la inteligencia artificial y el ‘big data’, ponen todos esos parámetros a disposición del negocio y en tiempo real. De esta manera, mejoran la gestión de la explotaciones, de sus sistemas de riego, permiten un mejor aprovechamiento de la energía, y adelantarse a la aparición de determinadas plagas. Su expansión se cuenta por millones. 

Tractores autónomos y eléctricos

Para un futurible pero en los últimos tres años ya se han podido ver los primeros prototipos de tractores completamente autónomos tanto diésel (como los del fabricante Case IH ACV) como eléctricos (como los desarrollados por John Deere Sesam o Gricon). Sus sistemas de guiado están basados en la tecnología de radares laser ‘lidar’, muy precisos y que son capaces de detectar cualquier tipo de obstáculo y reaccionar de forma adecuada ante él. Y el inicio de su vida comercial solo exige que se aclare el marco regulatorio tanto legal como a efectos de seguros.

‘Delicados’ robots para recoger el fruto

Para hacer las tareas más arduas de determinados trabajos o aquellas sin ninguna cualificación en las que en ocasiones resulta complicado encontrar mano de obra, ya está ‘trabajando’ en las explotaciones los llamados ‘cobot’, robot colaborativos (algunos desarrollados por empresas españolas) que se utilizan especialmente para recoger fruta y hortaliza. Son capaces de identificar con reconocimiento de imagen cuándo el fruto tiene el tamaño y la madurez adecuada para su recolección, tarea que realizan con la delicadeza necesaria para no estropearlo. 

Cultivos que no ven la luz ni tienen suelo

Se les conoce como granjas verticales y son explotaciones agrícolas en el interior de un edificio cerrado. En ellas se cultivan sobre bandejas con tecnología hidropónica o aeropónica, con temperatura controlada y con luz artificial de última generación producida por leds. Comienzan a ser populares en Estados Unidos, pero también hay iniciativas en Japón e incluso en Dubái. Y también en Aragón, donde la empresa Zgreens ha puesto en marcha una iniciativa pionera con la que ya produce y comercializa microvegetales frescos comestibles que crecen sin suelo y sin ver la luz del sol. 

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