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Aragón, un país de montañas

Ruta por los castillos de las órdenes militares de Teruel

Templarios, sanjuanistas, calatravos... defendían a los nuevos pobladores de los ataques de las tropas musulmanas. Hasta siete órdenes militares distintas estuvieron instaladas en la provincia de Teruel. El recorrido diseñado por la asociación Arcatur nos lleva durante un fin de semana por los castillos y fortalezas más representativos de cada una de ellas.

Torre del homenaje del castillo de Alcañiz, que fue la sede de la Encomienda Mayor de la Orden de Calatrava en Aragón.
Torre del homenaje del castillo de Alcañiz, que fue la sede de la Encomienda Mayor de la Orden de Calatrava en Aragón.
Arcatur

Hubo un tiempo en que Teruel era un territorio de guerra, la frontera en la que peleaban ejércitos cristianos y musulmanes. Cuando Alfonso I el Batallador inició la conquista definitiva de esas tierras, nadie quería aventurarse a vivir en un lugar asediado por luchas y batallas. Fueron las órdenes militares las encargadas por el monarca para instalarse en determinados puntos clave y ofrecer la protección de sus armas a la llegada de futuros pobladores, que consolidarían con su presencia la ampliación del reino de Aragón hacia el sur y el Levante.

Teruel llegó a tener siete órdenes militares, -con sus soldados mitad monjes mitad guerreros-, más que ningún otro lugar de España. Para su defensa, construyeron numerosas fortificaciones, de las que se mantienen unas 50-60 construcciones, en distinto estado de conservación. 

La Asociación para la Recuperación de los Castillos Turolenses, Arcatur, ha creado una Ruta de los Castillos de las Órdenes Militares de Teruel que permite conocer mejor el legado de estas órdenes y lo que significó su presencia. Entre las fortificaciones levantadas, algunas formaban «complejos defensivos realmente espectaculares», afirma Rubén Sanz, presidente de Arcatur. La ruta cuenta con mesas de interpretación, trípticos y material complementario.

La ruta, que ha recibido la placa al Mérito Turístico, visita siete fortalezas, una por cada congregación con presencia en la provincia, en un recorrido que puede completarse sin problemas durante un fin de semana. Estas son sus siete etapas:

Monreal y la Militia Christi

El castillo de Monreal fue creado en 1122 por Alfonso I el Batallador, a la vez que fundaba la Cofradía Militar, germen de la posterior Militia Christi o Militia Dei, creada a imagen y semejanza de las órdenes que combatían en Tierra Santa. El castillo de Mont Regal cumplía un papel estratégico en la ruta de Zaragoza a Valencia y era paso obligado para los cruzados aragoneses camino de Jerusalén. Mantuvo su protagonismo durante las guerras con Castilla y fue una de las principales fortalezas del Alto Jiloca hasta su destrucción por el jefe carlista Luis Llagostera en 1839. Sus restos medievales aguardan los trabajos arqueológicos que les permitan salir a la luz. Su mesa de interpretación marca el inicio de la ruta.

Alfambra y el Monte Gaudio

La Orden del Monte Gaudio fue fundada en 1173 para proteger a los peregrinos que iban a Tierra Santa. Alfonso II la implantó en la provincia de Teruel donándoles el castillo de Alfambra y otras posesiones. Tras la conquista de Jerusalén por Saladino en el 1187, Alfambra pasó a ser la casa maestral (sede central) de la Orden. Durante la Guerra de los Dos Pedros el castillo fue conquistado momentáneamente por las tropas castellanas. Fortaleza de gran tamaño, ocupaba la cumbre y la parte superior de la ladera suroriental del cerro donde se encuentra, pero el declive sufrido ha dejado pocos restos. Sí puede verse todavía el aljibe, parte de la obra de ingeniería hidráulica que era su sistema de decantación de aguas, que ya fue destacado desde antiguo.

Alcalá y los frailes de la Selva

Alfonso II conquistó la fortaleza islámica que ya existía desde el siglo XI y la entregó a los monjes, o freires, de la Selva Mayor, «para la repoblación y destrucción de sarracenos», convirtiendo a los mansos frailes benedictinos en combativos guerreros. En el siglo XIII construyeron un nuevo edificio, que seguía dominando el territorio desde el espolón rocoso de las hoces del río Alcalá. Incendiado durante la Guerra de los Dos Pedros, Fernández Heredia se encargó de su reconstrucción. En 1835 fue reforzado por los carlistas, y conquistado por los liberales poco después, tras un intenso bombardeo. El castillo de Alcalá ha sido restaurado y se ha iniciado el proceso de musealización.

Aliaga y la Orden del Hospital

El castillo de Aliaga comprendía un impresionante complejo defensivo de 4.000 m2 situado en una escarpada roca, que era considerado uno de los más inexpugnables del sur de Aragón. Antigua fortaleza musulmana, con Alfonso II fue conquistado definitivamente y donado a la Orden del Hospital, fundada en 1048 junto a la basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén. Allí se mantuvo la sede central, mientras Aliaga fue designada como segunda Encomienda de la orden sanjuanista de los monjes hospitalarios.

La fortaleza fue víctima también de la contienda carlista, pero conserva visible buena parte del recinto exterior, donde destacan una quincena de torres cilíndricas y los restos de la torre del homenaje, asentada sobre un peñasco de más de 30 metros de altura.

Montalbán y Santiago

La Orden de Santiago tuvo su origen en Extremadura, donde se creó para proteger la frontera cristiana frente a las tropas musulmanas, pero pronto le fue encomendada la protección de los peregrinos que acudían a visitar el sepulcro del apóstol Santiago en Compostela. Su presencia en Teruel está documentada desde 1200 pero no es hasta 1210 que Pedro II les entrega el castillo de Montalbán, creado sobre la antigua fortaleza islámica, y donde situaron la sede de su Encomienda Mayor de Aragón. Durante la Guerra de los Dos Pedros, los avances castellanos situaron a Montalbán en cabeza de frontera sur del reino aragonés, lo que significó el reforzamiento y renovación de sus fortificaciones.

En las guerras carlistas, tras ser tomado por los liberales sufrió 50 días de sitio, durante los que lanzaron 600 granadas y 3.000 proyectiles, que lo dejaron en ruinas. Actualmente, un plan director prepara su restauración.

Castellote y los templarios

Tras ser tomado por Alfonso II, este castillo de Castellote pasó en 1196 a ser posesión de la Orden del Temple. Su estratégica situación y alto equipamiento permitió resistir a los caballeros que lo habitaban tras la disolución de la orden, siendo el último reducto en manos templarias en el sur de Aragón. La fortaleza ejerció funciones militares en las guerras carlistas. Bombardeado por las tropas de Espartero, el recinto sufrió mucho, pero recientes trabajos de restauración lo han devuelto a la vida. Se conserva la torre del homenaje, sala capitular, el aljibe y dos puertas exteriores.

Alcañiz y los calatravos

La Orden de Calatrava se fundó en 1158 en Castilla para proteger las fronteras toledanas y en 1179 Alfonso II de Aragón les donó el castillo de Alcañiz, que pasó a ser Encomienda Mayor en Aragón, hecho que explica la calidad artística con que los calatravos dotaron a todo el conjunto. Su función como parador de turismo ha permitido su conservación (con elementos exquisitos como sus frescos medievales), y puede visitarse en recorridos libre y guiados.

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