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Aragón, un país de montañas

Miradores: balcones sobre la Sierra de Albarracín

La red de miradores comarcales es una oportunidad de conocer y sentir toda la riqueza y singularidad del paisaje y los pueblos de las serranías de Albarracín. La visión panorámica permite un punto de vista idóneo del relieve y la vegetación.

Mirador de Los Casares, en Royuela, en la comarca de Sierra de Albarracín
Prames

Un mirador, dicen los diccionarios, es un lugar o punto elevado desde el cual puede contemplarse con facilidad un paisaje; pero aunque intachable, una definición como esta no resalta el especial atractivo de estos lugares y de cómo ayudan tanto a comprender lo que se ve como a sentirlo. La visión desde arriba no solo permite abarcar el máximo de extensión y fijarse en los distintos elementos del paisaje y sus relaciones, sino que por ello mismo resulta especialmente sugerente y satisfactoria; quizá, se apunta, porque siguen transmitiendo valores como control y seguridad.

Desde luego, los miradores se integran en numerosas propuestas turísticas, pero en el caso de Sierra de Albarracín han dado lugar a un proyecto específico, con la adecuación o construcción de miradores por todos los pueblos de la comarca, como un primer paso para resaltar y animar a descubrir los variados rincones y elementos de interés que ofrece su territorio.

Esta red de miradores aprovecha puntos próximos a las poblaciones y paseos y senderos marcados; parajes seleccionados en los que se han hecho los trabajos necesarios para el acceso y seguridad de los visitantes y que se completan con paneles informativos sobre los más distintos aspectos del panorama al que se abren.

El relieve

Los miradores de Sierra de Albarracín muestran en primer lugar la gran variedad de ambientes de la comarca. Los geógrafos señalan que las serranías que la componen son más bien una plataforma elevada, por encima de los mil metros, con un conjunto de crestas y muelas separados por barrancos, sin que destaquen grandes picos; pero aquí tienen su cabecera distintos ríos y el agua actuando en los diferentes tipos de roca ha dado lugar a formas de relieve muy diversas.

Por ejemplo, el mirador de La Portera, en Orihuela del Tremedal, se abre a los ríos de Piedra que descienden de los macizos del Tremedal y del Caimodorro. Esta acumulación de bloques desplazados por el hielo en épocas glaciares son los más extensos del mundo, con 2,6 km de longitud y 0,25 de anchura.

De eras geológicas más antiguas datan las areniscas que conforman los singulares parajes del Paisaje Protegido de los Pinares de Rodeno, un espacio natural que se caracteriza por grandes bloques rojizos de roturas caprichosas y que junto a las extensas masas de pino rodeno o resinero que allí crecen son uno de los emblemas de la comarca. La zona protegida incluye también elementos como la laguna de Bezas, el mayor humedal de la sierra; a la que acerca el mirador de El Toconar.

Muy características también de la sierra de Albarracín son las formaciones kársticas, creadas por la erosión del agua en el terreno calizo. Así, el mirador de la Muela de San Juan, en Griegos, permite contemplar el que está considerado el más importante campo de dolinas de Aragón, depresiones en el terreno de hasta 250 m de diámetro y 50 de profundidad.

Los ríos labran en estos terrenos barrancos y hoces, como los que muestran los miradores de Santa Bárbara, en Guadalaviar; El Batán, en Tramacastilla; o de Carrizuelo, en Villar del Cobo, sobre el barranco Hondo. Por su parte, los puntos del barranco de Mingo Marco, en Calomarde, y los Ojos del Cabriel, en El Vallecillo, junto con sus correspondientes paneles, presentan otros ejemplos de las curiosas y bellas formas erosivas del agua en el paisaje.

La vegetación y el hombre

Otros miradores resaltan por la visión que ofrecen de los extensos bosques de la sierra, y que incluyen no solo extensos pinares, como los que se contemplan desde el mirador de El Algarbe, en Terriente; sino también los sabinares más extensos de España, reliquias del clima frío del Terciario; como explica el mirador de Santa Bárbara, en Valdecuenca.

También el mirador de El Castellar, en Moscardón, incide en la diferencia de los pinares en las umbrías y en las solanas. Y en Frías de Albarracín, el monumental pino de la Fuente del Majano, 25 metros de altura, ilustra la frondosidad de estos bosques en el mirador del mismo nombre.

Naturalmente, el relieve y la vegetación definen los usos del territorio por el hombre y los miradores también ilustran sobre usos tradicionales, como la ganadería o el resineo. Así, el del Alto Cabezo, en Saldón, muestra como los sabinares se han adehesado para su uso ganadero; el de El Vallecillo, se abre a la única zona de la comarca con hábitat disperso de masías; y el de Santos de la Piedra, en Pozondón, mira a los campos abiertos ya en los confines de la sierra. El paisaje sirve también para acercarse a la historia o incluso a leyendas, como la del dragón goloso que se cuenta en el mirador de Cabeza El Molino, en Bronchales.

Los miradores también son idóneos para acercarse a distintos aspectos de monumentos y conjuntos urbanos. El instalado frente al casco urbano de Albarracín ofrece una magnífica imagen del pictórico conjunto de la ciudad y su posición defensiva en un meandro encajado del río Guadalaviar. Observar el trazado del acueducto romano en Gea de Albarracín, o el control que permitían el castillo medieval de Rodenas o las trincheras de la guerra Civil en Terriente son otras posibilidades de los miradores de la sierra de Albarracín.

Ciervos

Los miradores pueden acercar también a especies de fauna como buitres y otras rapaces; aunque en la sierra de Albarracín, destaca la posibilidad de divisar al ciervo, ya que hasta la tercera parte del territorio de la comarca está ocupada por la Reserva de Caza Montes Universales, la más extensa de Aragón, en la que la población de ciervos supone unos 1.500 ejemplares. Procedentes de una reintroducción con fines turísticos llevada a cabo en 1962, estos animales se aclimataron magníficamente y motivaron once años después la creación de la reserva, además de dispersarse por prácticamente toda la comarca. Gamos y corzos son también especies que viven en estos bosques.

En fin, la red de miradores ayuda a captar la esencia y valores de Sierra de Albarracín, como perfecto complemento a la otra forma de disfrutar de todos sus atractivos: de cerca y paso a paso.

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