Aragón

Vinos con sello propio

Siete bodegas de Huesca se han asociado en torno a un sello con el objetivo de comercializar sus vinos en tiendas ‘gourmet’ y restaurantes de cocina de proximidad.

Algunos de los representantes de las siete bodegas que integran el sello.
Vignerons Independientes

Un total de siete bodegas de la provincia de Huesca se aglutinan en torno al sello ‘Vignerons Independientes’ de Huesca. Su objetivo, incluir vinos de alta calidad a los mejores restaurantes que elaboran su cocina con productos de proximidad y en catálogos de tiendas, todos ellos seleccionados por los miembros del propio sello.

Promovido por Javier Buil, propietario de la tienda La Corona de Aínsa, este sello ha seleccionado un total de 25 vinos con los que va a trabajar. Unos caldos que se han seleccionado tras realizar un panel de cata que durante dos días reunió en la localidad oscense a enólogos, sumillieres, maitres, restauradores y blogueros.

«Cuando arrancamos la idea hicimos muchas pruebas para ver cómo podía encajar este proyecto. De hecho, la idea inicial era dirigirnos solo a tiendas, pero el desconocimiento y, a la vez, el gran interés por estos productos, nos llevó a plantearnos dirigirnos a restaurantes ya que nos ofrecen una mayor versatilidad y difusión», explica el artífice de esta idea.

El sello está integrado por las siguientes bodegas: Edra (Ayerbe), Familia Estrada Palacio (Bespén), Clavería Barrabés (La Almunia de San Juan), Sers (Cofita), Bodega Ball Minuta (Barbenuta), Alodia (Adahuesca) y El Vino del Desierto (Lanaja). Todas ellas son bodegas con producciones inferiores a 40.000 botellas y que, como explica Javier Buil, «cumplen con la premisa de la calidad, que es el primer requisito».

El nombre no es casual. La agrupación ‘Vignerons Independientes de Huesca’, debe su nombre a la forma de desarrollar su trabajo, con arreglo a la filosofía de los vignerons o bodegueros, que controlan todo el proceso de elaboración del vino, desde la vid hasta la botella. «Somos independientes porque somos nosotros los que decidimos qué bodegas pueden pertenecer al sello o en qué tiendas o restaurantes introduciremos nuestros vinos», señala Buil.

«Cultivados con humildad»

Vignerons Independientes de Huesca defiende los vinos «cultivados con humildad». Javier Buil los califica de «apasionantes», resultado de un trabajo agrícola casi desaparecido. «Lo bueno e interesante de este proyecto pasa por la singularidad de las bodegas, por los diferentes paisajes en los que cultivan los viñedos», que varían desde los 450 hasta los 1.200 metros de altitud, y por la variedad de terrenos que hacen de ellos unos vinos muy distintos y originales. «El paisaje y las personas se saborean en cada botella, botellas de producciones limitadas, en las que se valora el amor a la tierra y el trabajo tradicional. Promoviendo el consumo de vinos de productores de estas pequeñas bodegas contribuimos al asentamiento de la población y a la posible creación de nuevos puestos de trabajo», apunta Javier Buil.

Gracias a estas bodegas se podrán degustar vinos criados en el desierto de Monegros, en Lanaja, en tierras arenosas y de cascajo; en el Prepirineo -Ayerbe, con terrenos limosos-; al pie de la Sierra de Guara -Bespén, con tradición vitivinícola y suelos arenosos-, o en el Pirineo aragonés -Barbenuta, con una de las viñas más altas de la Península Ibérica-. Y podrán degustarse de una manera muy especial. «Uno de los requisitos para que nuestros vinos estén en un restaurante o en una tienda es que sus responsables pasen algunos días con los bodegueros conociendo todos los aspectos del vino», explica Buil.

«Y es que -añade Javier Buil- cuando entiendes un vino, conoces su historia, su entorno y eres capaz de explicar a tu cliente la historia que el enólogo quiere transmitir, el vino sabe mucho más y sabe mucho mejor. Se disfruta mucho más».

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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