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El campo aragonés pierde 140 hectáreas de cultivos al mes

Pese al aumento de la superficie dedicada a cereal, legumbres, hortalizas y algunos frutales pierden terreno en el campo aragonés.

Situación de los campos de cereal de invierno de la zona turolense de Jiloca, ayer.
Situación de los campos de cereal de invierno de la zona turolense de Jiloca, ayer.
Heraldo

El campo aragonés es cada vez más cerealista y la falta de relevo generacional y de diversidad de cultivos está haciendo que retroceda ligeramente en los últimos años. Según los datos que maneja el Ministerio de Agricultura en su encuesta sobre superficies, Aragón ha perdido 10.200 hectáreas cultivadas desde 2011 hasta la pasada campaña, un descenso superior a las 140 hectáreas cada mes.

La pérdida en superficie no es demasiada en término generales, apenas un 0,75%, pero cuando se miran los cultivos afectados el paisaje cambia. Aragón ha aumentado en este tiempo sus campos de cereal al pasar de las 868.000 hectáreas dedicadas a este cultivo a cerca de 920.000, casi un 70% del total. Por contra, campos de legumbres, hortalizas, industriales como el girasol, viñedos y algunos frutales soportan un descenso conjunto superior a las 50.000 hectáreas.

Aragón ha sido siempre una región eminentemente cerealista, pero como explica Teo Largo, técnico del sindicato Uaga, “en los últimos años su extensión ha seguido creciendo mientras han caído otros cultivos propios de explotaciones más pequeñas”.

La falta de relevo generacional es otro de los factores. Durante los últimos años Aragón ha visto cómo 4.700 agricultores salían de las lista de la PAC, en su mayoría después de vender y ceder sus terrenos a otros productores. A ello se suma el aumento del regadío en las últimas décadas, que ayuda a obtener una mejor cosecha con menos terreno y, por último, la grave crisis de precios que afrontan muchos sectores.

Como consecuencia, algunos terrenos se están abandonando una vez que se jubila el propietario, se reconvierten si se consiguen vender, o se están quedando, especialmente los huertos, para opciones de autoconsumo apenas enfocadas al mercado. Cuestión distinta es el futuro de algunas producciones que hasta hace algunas campañas se veían como de las más rentables de Aragón. “El caso de los frutales, que aún marcan cierto aumento, podrían ir a la baja en los próximos años porque debido a los precios que se están pagando es posible que algunos fruticultores dejen la actividad o intenten reconvertir”, señala el representante del sindicato. En lo que respecta a los frutales, algunos como el melocotón o la nectarina han crecido en los últimos años para atender la demanda que llegaba vía exportaciones, una oportunidad que los últimos veranos se ha visto truncada fruto del veto ruso y del exceso de producción con el que se ha encontrado el sector.

Este cambio de árboles ha tenido un efecto un tanto perverso para el campo aragonés. Mientras las fruta dulce ha aumentado en más de 4.000 hectáreas en el último lustro, otros como la manzana o la pera, con un mercado menor pero con menos altibajos, han perdido más de 6.000.

La situación es similar en la escasa huerta con la que cuenta Aragón. Cultivos como la col, la berenjena o la zanahoria han desaparecido prácticamente de la comunidad, mientras que un alimento tan reconocible como el tomate, con variedades propias de Aragón, apenas llega a las 300 hectáreas.

La ida y vuelta del guisante

En este contexto donde la diversidad de cultivos tiende a la baja, la Unión Europea introdujo en la pasada reforma de la PAC una medida que ahora puede tornarse peligrosa. En la nueva política agraria se incluía la figura del 'greening', una serie de prácticas respetuosas con el medio ambiente  que hasta ahora se basaba en la conservación de pasto y la rotación de cultivos con algunos fijadores de nitrógeno, como pueden ser la judía, el garbanzo, o el guisante.

En Aragón se optó mayoritariamente por este último, que ha aumentado su presencia entre los campo de cereales para cumplir con esta condicionalidad. El problema es que a partir de este año Bruselas va a pedir que en esas hectáreas dedicadas al 'greening' tampoco se utilicen productos fitosanitarios.

“Es bastante posible que en Aragón, con la falta de lluvia de las últimas campañas, y ahora sin usar productos fitosanitarios, las cosechas de guisantes que se planten para cumplir con el 'greening' no prosperen”, valora Teo Largo, que cree que este cambio puede traer problemas a muchos agricultores y a la larga hacer que una propuesta pensada para diversificar cultivos acabe provocando justo lo contrario.

Frutos secos, la alternativa que más crece

Desde otro punto de vista, también hay producciones que están aumentando con fuerza en Aragón en los últimos años. El caso más llamativo es el del almendro, donde se han recuperado muchos árboles después de que en las últimas campañas este fruto seco adquiriera unos precios de récord. Desde 2011 son 6.000 hectáreas ya las que se han plantado, y la perspectiva es que siga creciendo.

También se está experimentando con el pistacho, un fruto seco habitual pero cuya producción está copada por Irán. De momento su presencia en Aragón es reducida ya que requiere una inversión importante, pero hay quien apunta que puede ser uno de los sectores de crecimiento.

Por último, en la Comunidad algunas asociaciones como Agracón (la asociación aragonesa de agricultura de conservación) también ha realizado pruebas con cultivos como la quinoa, el trigo sarraceno, y otros alimentos últimamente demandados por el mercado, aunque según explican desde este colectivo, las pruebas por el momento no están siendo del todo satisfactorias.

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