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Aragón

Aragón no es Escocia pero podría parecerlo

La exitosa experiencia puesta en marcha en las Tierras Altas de Escocia para revertir el preocupante proceso de despoblación es una enseñanza que podría aplicarse en el medio rural aragonés

Abruptos y solitarios paisajes de las Tierras Altas de Escocia, con numerosas similitudes con parte del territorio de la Comunidad aragonesa.
Abruptos y solitarios paisajes de las Tierras Altas de Escocia, con numerosas similitudes con parte del territorio de la Comunidad aragonesa.

Es un territorio remoto, alejado de los grandes ejes europeos de desarrollo, con una orografía especialmente abrupta que le hace escasamente accesible tanto en su vertiente interna como externa. Su clima y sus condiciones biogeográficas no son precisamente favorables para el desarrollo de actividades agrarias suficientemente productivas ni para servir de base a un posterior desarrollo de su industria.

Con estas características podríamos estar hablando perfectamente de Escocia, y especialmente de lo que se conoce como sus Highlands (Tierras Altas), pero también podríamos hacer referencia a los territorios más despoblados del sur de Europa, entre ellos España y dentro de nuestro país a Aragón, donde el medio rural no ha dejado de perder población en los últimos años, tanto que muchos de sus pueblos están deshabitados y gran parte de su medio rural lleva camino de convertirse en un desierto poblacional.

Pero si la característica a destacar es que entre 1961 y 2014 el territorio al que nos referimos consiguió aumentar su población un 22% mientras el conjunto del país al que pertenece apenas veía aumentar un 2% el número de habitantes, esta claro que hablamos de las Tierras Altas escocesas, porque lo ocurrido en la Comunidad aragonesa es simplemente lo contrario. En ella, concretamente en la provincia de Teruel, se han perdido el 36% de los efectivos demográficos, mientras en el conjunto del territorio aragonés la población aumentaba un 22%.

Pero entonces, ¿cómo ha conseguido esta pequeña comunidad integrada en el Reino Unido revertir el deterioro que sufren muchos de los territorios rurales, despoblados, remotos o de montaña? La respuesta la encontraron los miembros de la red SPPA (Southern Sparsely Populated Área), encabezada por las organizaciones empresariales de Cuenca y Teruel, cuyos representantes viajaron hasta Escocia para descubrir cómo se alcanza el éxito con un conjunto de políticas pensadas en el medio y largo plazo, consensuadas con la población local y las autoridades públicas y cuya prioridad es la modernización de las estructuras económicas de dicho territorio. En aquel viaje participó José Antonio Guillén, vicepresidente de la Confederación de Empresarios Autónomos de Teruel, que ha detallado las enseñanzas recabadas en un informe publicado en el último número de la revista Economía Aragonesa de Ibercaja.

Guillén no solo explica el ejemplo escocés. Anima con su redacción a extrapolarlo a Aragón, convencido de que «los problemas económicos, sociales y demográficos que sufre gran parte del medio rural tienen enmienda si somos capaces de adecuar nuestra realidad socioterritorial las estrategias, planteamientos y medidas que tanto éxito han cosechado en las Tierras Altas y las islas de Escocia».

Hace falta voluntad política, el compromiso protagonista de las administraciones, pero sobre todo, dice Guillén, una nueva actitud de la población rural, «cuyas ideas, anhelos e ilusiones renovadas son el combustible fundamental que precisa el cambio».

Explica Jose Antonio Guillén que la piedra angular del éxito demográfico de las Tierras Altas de Escocia se llama HIE. Bajo estas siglas se esconde una agencia pública de desarrollo, auténtico artífice, aunque no único, de un modelo de actuación que ha conseguido en los últimos 50 años transformar este territorio eminentemente rural, con enormes desventajas naturales y demográficas, en uno de los territorios más dinámicos de Europa social y económicamente hablando. Es un ente público, sí, detalla Guillén, pero «se gestiona autónomamente, con rasgos característicos de una empresa privada, no forma parte de ningún departamento institucional y sus trabajadores no son funcionarios», puntualiza el vicepresidente de la confederación de empresarios autónomos de Teruel.

Si la herramienta es fundamental, mucho más la estrategia con la que se puso en marcha, destaca Guillén. «Se trata de un planteamiento holístico, integral, en el que el territorio se entiende como un todo», señala el empresario. Por eso, la acción de la HIE no está sujeta a fronteras locales o comarcales, por lo que sus unidades territoriales de actuación no responden a criterios administrativos sino funcionales.

Y además trabaja partiendo de la premisa de que en este medio rural la actividad agraria, en este caso la pesca, no podía desempeñar el papel protagonista de motor del desarrollo y el cambio demográfico, por lo que junto al sector primario había que colocar en lugar preferente otras actividades de «mayor capacidad de crecimiento y generación de riqueza», entre las que destacan el turismo, la industria cultural, las energías limpias y la aplicación de nuevas tecnologías a la atención sociosanitaria a las personas.

El factor humano

No hace falta viajar hasta Escocia para asegurar, como hace Guillén, que en el medio rural no solo es preocupante la falta de población, sino que la que habita en sus municipios más despoblados está, por lo general, muy envejecida, a menudo desmotivada y sus habitantes comparten un sentimiento muy arraigado «de que están solos en sus demandas, casi desamparados y, en muchos casos, condenados a la desaparición». Pero lo que aprendió este empresario turolense en su visita a las Tierras Altas fue cómo uno de los planteamientos que primero asumió la HIE es que el medio rural precisaba de un renovado «capital humano» que fuera capaz de emprender.

Para conseguirlo, explica Guillén, esta agencia de desarrollo optó por una de las fórmulas que se ha demostrado como más eficaz para llevar a cabo iniciativas de emprendimiento local, léase las empresas de economía social. Su acierto se justifica con cifras. Con tan solo el 8% de la población, las Highlands acogen al 22% de las empresas sociales del país, que dan empleo a 7.000 personas y cuentan con 14.000 voluntarios.

«Y como la financiación puede ser el principal obstáculo para la puesta en marcha de negocios», recuerda, la agencia de desarrollo, además de asesorar y apoyar la tramitación de subvenciones, mantiene una relación constante y continua con el Banco Escocés de Inversiones y con la entidad de capital riesgo específica para las Tierras Altas.

Leyes a medida

Los trámites burocráticos y la legislación aprobada para la creación de empresas también puede resultar una traba en el impulso del emprendimiento en el medio rural. Guillén destaca que para evitar este freno el modelo de desarrollo demográfico de este territorio escocés también tiene la mirada puesta en el marco normativo. «La HIE cuenta entre sus encomiendas la de identificar los problemas que habitualmente encuentran las empresas y los emprendedores del medio rural en los trámites y requisitos legislados para levantar una empresa», destaca Guillén.

Y una vez conocidos estos hándicap, explica el representante empresarial, se plantean a las autoridades y a los legisladores las reformas necesarias para terminar con esas cargas y desventajas que se convierten en un elemento discriminatorio de las compañías rurales frente a aquellas que se instalan en el medio urbano.

Que se quede el talento

Guillén recuerda que si hay un anhelo en el medio rural aragonés -como en el resto de territorios escasamente poblados del sur de Europa- es conseguir que sus pueblos ofrezcan el atractivo suficiente como para sean cada vez más las personas que decidan quedarse a vivir, estudiar en su lugar de origen e invertir en sus municipios.

«El gran reto no es atraer población del medio urbano, algo que en el caso aragonés ya se produjo con la llegada de población inmigrante, o que nazcan nuevos habitantes en el medio rural, ciertamente difícil con las tasas de natalidad de nuestra sociedad actual. El reto es tener capacidad para generar oportunidades de desarrollo», insiste Guillén, que matiza que lo importante no es que los pueblos se llenen de gente, sino que aquellos que viven en ellos, sean muchos o pocos, tengan cualidades para contribuir a la mejorar de la competitividad y la sostenibilidad futura en términos demográficos.

De ello se ha preocupado también la agencia de desarrollo de las Tierras Altas. Trabaja para retener el talento y lo hace en dos vertientes. Guillén comprobó ‘in situ’ cómo la HIE trabaja para que los jóvenes dispongan de las condiciones más atractivas posibles para realizar su formación sin salir del territorio. Pero en el caso de que los estudiantes opten por emigrar a Edimburgo, a Glasgow o Londres para cursar una carrera, la agencia se preocupa de conocer sus expectativas laborales y vitales con el fin de poder ofrecerles un proyecto de vida que les haga decidir la vuelta a su región. «Y hay que destacar -matiza Guillén- que cuando la HIE habla de retener talento no se limita exclusivamente a aquellos individuos con especiales dotes en un campo en concreto, sino a cualquier persona con cualquiera de las cualificaciones que demanda la economía y la sociedad de ese territorio».

Un espejo para Aragón

Para Guillén, si algo aprendió la delegación desplazada a Escocia es que con la estrategia y las herramientas que tuvieron la oportunidad de conocer en las Highlands «es posible» revertir la crisis demográfica que afecta al medio rural aragonés.

Por eso aboga por que la exposición realizada en su informe sirva para que ahora que la despoblación se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de administraciones, instituciones, organizaciones, entidades y sociedad en general, Escocia se convierta en el espejo en el que se mira Aragón para conseguir que «si alguien decide marcharse del pueblo sea por decisión propia, no por falta de oportunidades».

Y por ello propone que, dado el éxito conseguido en aquel país, las diferentes administraciones contemplen la posibilidad de crear una agencia similar a la HIE «pero adaptada a la realidad y circunstancias de nuestro medio rural». Una herramienta de desarrollo que «no puede ni debe reemplazar a los organismos públicos», pero que asuma un papel principal en la coordinación de los esfuerzos públicos y privados para consensuar y poner en marcha una política de desarrollo territorial «rigurosa y pensada para el medio y largo plazo».

Guillén se refiere también en sus conclusiones a la necesaria e imprescindible intervención de los auténticos protagonistas del territorio, sus pobladores, que deben tener actitud y vitalidad capaz de impulsar el cambio. «Recuperar el orgullo rural debe ser una prioridad», dice el representante empresarial, porque asegura que el viaje por las remotas tierras escocesas les ha demostrado que hasta las zonas rurales más aisladas, envejecidas y despobladas pueden alcanzar un nivel de prosperidad económica que les permita ya no solo perdurar sino incluso crecer. Eso sí, para ello «es imprescindible que la población rural asuma definitivamente que es necesario cambiar la negatividad que a menudo le caracteriza para que su implicación, sus ideas, anhelos e ilusiones sean el combustible fundamental que precisa este necesario cambio demográfico».

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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