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Aragón

De camino hacia una denominación de origen

Los primeros estudios realizados sobre las características de la cereza de las comarcas de Calatayud y el Aranda dan fe de los elevados parámetros de calidad del fruto.

Jornada para la presentación de los primeros resultados del estudio sobre la calidad de las cerezas.
Jornada para la presentación de los primeros resultados del estudio sobre la calidad de las cerezas.
Jesús Macipe

El proyecto ‘Puesta en valor de la cereza de las comarcas de Calatayud y del Aranda’, en el que colaboran productores locales y la Asociación para el Desarrollo Rural Integral (ADRI) de las dos demarcaciones y que cuenta con la financiación de fondos Feader y el Gobierno de Aragón, sigue quemando etapas.

La última tuvo lugar hace poco más de una semana con la presentación de los primeros resultados de los estudios que evalúan la calidad de las cerezas de la zona, en cuyo acto se puso sobre la mesa que los frutos cultivados en las dos comarcas «son más duros y presentan una mayor calidad».

Así lo respaldan, según apuntó el investigador Javier Rodrigo, de la Unidad de Hortofruticultura del Centro de Tecnología Agraria de Aragón, los datos preliminares que se han extraído durante esta campaña, pero que, puntualizó, todavía «no son definitivos». Los trabajos de investigación se han realizado sobre seis variedades -burlat, prime giant, lapins, staccato, napoleón o monzón y rainier- que presentan un índice de maduración mayor que los frutos del mismo tipo cultivados en otras zonas de Aragón y de España.

Carta de Calidad

De esta forma a la información extraída este año necesitará, si todo marcha bien (y aspectos como el calor o la falta de lluvias lo permiten), de una segunda toma de muestras en 2018 que vengan a confirmar las tendencias ya detectadas y que establecerán los parámetros de calidad del fruto (sólidos solubles, acidez, dulzor, tamaño, dureza). Estos indicadores conformarán uno de los cuatro pilares en los que se asiente la Carta de Calidad y que además también tendrá en cuenta aspectos ambientales (gestión de residuos, contaminación), sociales (competencia leal, formación) y económicos (trabajadores, gestión empresarial).

El borrador de esa Carta de Calidad está pendiente también de introducir mejoras y propuestas de participación de los interesados, con el objetivo de que se recojan el máximo de impresiones y puntos de vista para que exista un consenso amplio.

Con todo ello, la intención, según el gerente de la ADRI Calatayud-Aranda, Pablo Barcelona, es que el borrador este aprobado entre febrero y marzo de 2018 a falta de la parte referente a los parámetros de calidad del fruto, que podría llegar en el tercer trimestre del mismo año. De esta forma, apunta el representante del Adri, la consultora podrá empezar a trabajar con los productores para corregir deficiencias y aconsejarles en el trabajo diario de las explotaciones, como en el uso de fitosanitarios y abonos.

Una denominación de origen

Todo este proceso está estimado que culmine en 2019 con la redacción de una carta específica y la acreditación de una Marca de Calidad Territorial. «La idea es que desde ahí se forme una agrupación de productores que, a través de una entidad de control, formen o abran el camino de algo más ambicioso», detalla Pablo Barcelona. Es decir, la posibilidad de que se constituya una Indicación Geográfica Protegida o una Denominación de Origen.

Las tierras de las comarcas de Calatayud y del Aranda, que incluyen a más de 20 municipios, suponen un tercio de la superficie de cultivo de cerezas en Aragón, con más de 3.300 hectáreas, y un 10% de la extensión a nivel nacional.

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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