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Aragón

"El poder del desarrollo de las zonas rurales está en sus habitantes. No podemos esperar a los políticos"

Tom Jones, miembro del Comité Económico y Social Europeo, visitó estos días el Instituto Agronómico del Mediterráneo de Zaragoza.

Tom Jones en su reciente visita a Zaragoza.
Tom Jones en su reciente visita a Zaragoza.
Toni Galán

¿Qué es el Comité Económico y Social Europeo?

Es uno de los dos órganos consultivos estatutarios cuyo objetivo es ser puente entre las organizaciones de la sociedad civil y los organismos de la Unión Europea (Comisión Europea, Parlamento y Consejos de Ministros Europeos). Pertenece al Comité de las Regiones. Representa a empresarios, trabajadores, sindicatos…

¿Cuál es la situación de los pueblos y la sociedad rural en el siglo XXI?

Hace dos años iniciamos un estudio sobre la situación del desarrollo rural. Nos dimos cuenta de que los pueblos se estaban convirtiendo en zonas remotas de Europa, que la gente los estaba abandonando por razones económicas y sociales y estábamos en peligro de perder muchos de ellos debido a la falta de servicios públicos, médicos, escasa viabilidad de las escuelas por falta de alumnos. Lo que quisimos fue volver a llevar el asunto del futuro de los pueblos a la agenda política. Creamos un grupo informal, denominado Ecovast, compuesto por académicos de diversos países de Europa, que intentó diagnosticar de modo científico cuál era el problema de las zonas rurales del continente. La conclusión es que la respuesta está en los ciudadanos. No esperemos a que los políticos en Bruselas o en las capitales europeas decidan dedicar fondos a este asunto. Como comunidad debemos tomar decisiones. Si vives en un pueblo y sólo lo usas para dormir, el pueblo está muerto. Pero si en tu pueblo decides, por ejemplo, que tu hijo juegue al fútbol, eso requiere el contacto con otros padres, organizar una competición… La cohesión surge de la necesidad de hacer algo por nosotros mismos.

Pero eso también se puede hacer en un barrio residencial de una ciudad. ¿Cuál es el factor diferencial de un pueblo?

No solo es una cuestión de localización. Las ciudades son cada vez más grandes y comienzan a tener problemas de sostenibilidad. Naciones Unidas se empieza a replantear este modelo. ¿Por qué llevamos cada vez más gente a las ciudades si en las zonas rurales todavía tienen oportunidades de desarrollo económico y social y hay gente que querría quedarse en ellas? Es donde se han criado, se han educado en la naturaleza… La cuestión es cómo hacemos esas zonas rurales más atractivas, no tanto para impedir que los jóvenes se marchen, sino para que quieran volver, por ejemplo, después de su época universitaria. Llega un momento en que esos jóvenes querrán crear una familia. ¿De verdad quieren hacerlo en una ciudad enorme, con contaminación…?

¿Cómo se logra esto?

En esta época es obvio que es clave una conexión de banda ancha que funcione perfectamente. El desarrollo es lento porque las compañías se basan en criterios económicos. Por ello, los Gobiernos deben incentivar que las empresas desplieguen la banda ancha en las zonas rurales. Las herramientas para que la gente pueda trabajar en los pueblos están ahí. Además, hay que contar con redes de transporte adecuadas. Otro factor esencial es la solidaridad y la colaboración entre los miembros de la comunidad. Por ejemplo, en un pueblo de Reino Unido, la gente aportó dinero para comprar el último pub que quedaba en pie y que no se cerrara. Con ello, evitaron la desaparición de un centro de ocio que además es un centro de actividad cultural de la zona. Ese es el poder de la gente, de la comunidad.

¿Son los ciudadanos y los políticos conscientes de esto?

Este asunto hay que enfocarlo desde los dos frentes. Desde la política, y ese es uno de los objetivos de CESE, implicar a los políticos a nivel europeo para que elaboren directivas en este sentido. Hacerles conscientes de que están favoreciendo que los servicios se alejen cada vez más de los ciudadanos. Y eso no funciona. Tratamos de que desde el primer momento comiencen a analizar las necesidades de las zonas rurales y la inversión que deben destinar a ellas. Cada año, una generación de jóvenes abandona su pueblo, muchas veces por desidia. Se trata de que lo hagan para ampliar sus horizontes y vuelvan a un lugar al que quieran aportar.

Las propuestas del CESE son lógicas, pero ¿cómo se llevan a cabo en pueblos como los de Aragón, con un número de habitantes bajísimo o con orografías muy complicadas?

La tecnología ya existe para que una banda ancha funcione perfectamente en una zona orográficamente compleja. En cuanto al tamaño de las poblaciones, el problema es que tendemos a pensar todo a escala industrial. Un pueblo que tiene 50 habitantes y pasa a tener 60 está haciendo las cosas bien. Y dar ese paso no supone una gran dificultad. Es cuestión de una o dos familias que puedan trabajar desde ese lugar. También es esencial que los pueblos pequeños trabajen juntos y se complementen a la hora de ofrecer servicios, cultura…

Pero estas alianzas se traducen en nuevos organismos, instituciones, burocracia…

Por eso una de las propuestas que hacemos en el informe es que la UE favorezca el impulso de acuerdos de aplicación prácticamente inmediata entre las diversas zonas rurales para que puedan desarrollarse. Las comunidades rurales que trabajan unidas alcanzan mayor desarrollo económico y social.

A veces, el mayor rival de un pueblo suele ser el de al lado…

Sí, pero cuando estás entre la espada y la pared, no puedes perder ni un segundo en rivalidades. Además, hay una cierta carencia de rendición de cuentas en la administración local. Si esas administraciones no tienen dinero para hacer cosas, no tienen poder para hacer cosas, y entonces, no hay ningún interés. Necesitamos reinventar la democracia local. Si se destinan recursos a las administraciones locales y sus responsables implican a los ciudadanos en la manera en que esos recursos se van a gastar, la gente empieza a tomar decisiones. Pero para esto no podemos esperar otros 50 años.

¿Qué le parece el planteamiento de repoblar zonas rurales por medio de inmigrantes?

Hay dos aspectos en esto. En primer lugar, las sociedades rurales tienden a ser más conservadoras, por lo que se corre el riesgo de que esta gente se quede aislada. Por otro lado, se han hecho algunos experimentos en Gales, con refugiados sirios, y la conclusión es, en muchos casos, que las comunidades rurales donde se han instalado no tenían servicios adecuados para facilitar su situación. Los detractores de estas iniciativas aluden a la pérdida de identidad de los pueblos, pero si el pueblo desaparece va a perder su identidad de todas formas.

¿Cuál es el papel de la agricultura en las zonas rurales?

Tenemos que ser realistas y pensar que, aunque la base de las sociedades rurales ha sido siempre la producción de alimentos y se hace de manera cada vez más sostenible y medioambientalmente responsable y en consonancia con el desarrollo económico global, la agricultura por sí sola no podrá sujetar las zonas rurales. Esto ha de lograrse con agricultura y algo más, como desarrollos energéticos más sostenibles u otras actividades económicas paralelas.

¿Están las zonas rurales europeas muy lejos de lo que ustedes plantean en su documento?

El momento es ahora. Lo que he palpado del contacto con los jóvenes del medio rural es una cierta preocupación por este asunto. Sienten que por el hecho de marcharse están perdiendo sus raíces y que puede llegar un momento en el que esas raíces desaparezcan por completo. Por eso hay que generarles la sensación de que pueden volver a sus pueblos sin dificultades para desarrollarse y de que vuelvan. Pero mientras tanto no se puede esperar a que los políticos tomen las decisiones y tenemos que liderar esta fuerza desde el CESE, para hacer que las zonas rurales se conviertan en espacios inteligentes, tecnológica y socialmente.

Más información en el suplemento Heraldo del Campo

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