Aragón

Disfrutar de las viñas sobre un trineo tiene premio

La iniciativa turística de la Ruta de la Garnacha persigue la integración del paisaje que rodea las bodegas en la promoción de sus vinos.

El mushing, un tipo de transporte tirado por perros, ha cambiado los esquís por ruedas para pasear entre los viñedos.
El mushing, un tipo de transporte tirado por perros, ha cambiado los esquís por ruedas para pasear entre los viñedos.
Eduardo Viñuales

Durante los meses de septiembre y octubre, desde hace cuatro años, es posible recorrer los viñedos del Campo de Borja de una manera muy especial: en trineos tirados por perros de raza nórdica. Se trata de la iniciativa ‘Enoaventúrate. Mushing entre viñedos’, que promueve la Asociación Turística de la Ruta de la Garnacha, y que desarrolla la empresa aragonesa Aventuras Bajo Cero. «Los perros se adaptan con cierta facilidad a una situación tan diferente de su hábitat natural, que es la nieve», explica Jaime Pou, responsable de la compañía turística. «El único límite que ponemos es que la temperatura no sea de 14 grados positivos o superior ya que puede provocar golpes de calor a los animales», detalla Pou.

Este proyecto fue reconocido recientemente como una de las tres mejores acciones en los Premios a las Experiencias Turísticas, organizados por primera vez el Gobierno de Aragón. Un reconocimiento que «nos motiva para seguir trabajando y que valora el esfuerzo de todo el tejido asociativo, políticos y ciudadanos de la zona», afirma Roberto Regueiro, gerente de la Asociación Turística de la Ruta de la Garnacha, que incide en el «beneficio social» de la presencia de los perros y los trineos por los viñedos de los 20 municipios del Campo de Borja.

«Queremos dar a conocer, pero al mismo tiempo proteger, el paisaje que rodea las bodegas y las viñas. Es nuestra mayor bodega», asevera Regueiro.

La regulación de la protección del paisaje va a ser uno de los principales ejes de trabajo de la Asociación Turística. «En este 2017 queremos convencer al Gobierno de Aragón de la necesidad de regular la protección de nuestro paisaje», explica Regueiro. «Actualmente, una bodega en un cerro podría, si quisiera, pintar una fachada de fucsia», ejemplifica. «Y esto va absolutamente en contra de nuestra filosofía, que es la de ofrecer un factor diferencial más allá de la visita a la bodega o la cata de vino. Queremos ofrecer una experiencia sensorial», añade.

Todas estas iniciativas apuntan al objetivo de convertir el patrimonio natural de la zona en su principal polo de atracción de turistas y en el elemento clave para impulsar la venta de sus vinos. Un esfuerzo que ya parece empezar a traducirse en resultado s económicos, ya que alguna bodega ha incrementado sus ventas «alrededor de un 20%».

Es el caso de Bodegas Aragonesas, integrada en la Denominación de Origen y que, desde Fuendejalón, vende sus productos en más de 60 países, algunos tan exóticos como Singapur. «Por supuesto, apoyaremos cualquier iniciativa que nos permita atraer visitantes», asegura su gerente, Enrique Chueca.

Con 50.000 visitantes en 2016, se ha convertido en la primera ruta enoturística de Aragón y la séptima de España por número de visitas.

Más información en el Suplemento HERALDO DEL CAMPO

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