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Aragón

Menos olivas con menos aceite

Los olivareros aragoneses han comenzado a recoger los frutos en una campaña muy marcada y mermada por la sequía. La cosecha se prevé corta, pero además, el rendimiento de las olivas es «muy flojo».

Dos agricultores del Somontano varean un olivo para que caiga el fruto.
Dos agricultores del Somontano varean un olivo para que caiga el fruto.
José Luis Pano

La recogida de la oliva ha comenzado. «Por fin», dicen algunos productores que han tenido que esperar entre 15 y 20 días para que el fruto estuviera lo suficientemente maduro para poder varear el árbol.

«Tenía que empezar en Todos los Santos y ahora es cuando estoy cosechado», recordaba hace apenas una semana Joaquín Morella, oleicultor de Belchite (Zaragoza) y representante del sector en UAGA.

Aunque no en todas las zonas productoras ha habido retraso, todas han esperado el comienzo de la cosecha cruzando los dedos para que los efectos de la sequía padecida durante el verano no confirmara unos malos augurios que estimaban pérdidas de entre el 30 y el 80% en los cultivos de secano, aquellos que precisamente ocupan las tres cuartas partes de la superficie total dedicada a esta producción.

Habrá menos cantidad de oliva, pero la cosecha será mayor de lo que se esperaba. Y las previsiones iniciales apenas apuntaban a 40.000 toneladas de olivas que producirían unas 10.000 toneladas «escasas» de aceite. Lo aseguran tanto los representantes agrarios del sector como los responsables de las dos denominaciones de origen que existen en la Comunidad, Aceite del Bajo Aragón y Aceite Sierra del Moncayo, aunque todos ellos destacan que es pronto para calcular cuál será la cifra final con la que concluirá la campaña.

Habrá pues menos aceite, pero no solo porque haya menos producción, sino porque en las olivas hay más agua de la deseada. «Vamos a transportar agua por los caminos», explica gráficamente Morella, que detalla que con las lluvias de octubre el árbol «se dio un buen trago de agua» pero no fue capaz ni tuvo tiempo de asimilarlo, por lo que el fruto se engordó pero con agua, no con aceite. «El rendimiento será tres o cuatro puntos menor», señala el sindicalista, que explica que este descenso también se traducirá en una caída de los precios recibidos por el agricultor.

Corrobora este argumento el representante de Asaja-Huesca, Fernando Luna, que cifra en un 30% el descenso de producción en el olivar altoaragonés. Y hasta el 50% se eleva el descenso que ya se han anotado las almazaras de la D. O. Aceite del Moncayo, que recogerán unos dos millones de kilos de oliva.

Más cautos se muestran en la D. O. Aceite del Bajo Aragón. Acaba de comenzar la recolección de la variedad empeltre y es «todavía muy pronto» para calcular las mermas. Pero las habrá, señala el secretario de la D. O., Juan Baseda, que explica que por la sequía, pero no solo por ella, «en secano la oliva se ha quedado muy pequeña».

Las dificultades que han padecido los olivareros aragoneses recorren las zonas productoras de toda la geografía española. Las últimas estimaciones del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente cifran en algo más de 1,3 millones las toneladas de aceite que se producirán en la campaña 2016/2017, que reconocían que habría que esperar para confirmar dichas cifras porque la campaña «está siendo muy tardía».

Mientras, el sector espera que las leyes del mercado se cumplan y, a menor producción, puede haber, al menos, mejor precio.

Desde la Ribagorza y el Somontano, pasando por la comarca de Cariñena y las faldas del Moncayo para llegar hasta el Bajo Aragón, el olivar aragonés se extiende por 44.586 hectáreas de las tres provincias aragonesas, según las últimas declaraciones de la PAC. De ellas, 11.548 están situadas en tierras de regadío, pero la mayor parte del cultivo, un total de 33.038 hectáreas, crece en secano, lo que aumenta la imprevisibilidad de la cosecha cuando el clima se pone caprichoso.

Eso explica la preocupación inicial de los productores cuando las altas temperaturas se alargaban durante bien entrado el mes de octubre y las lluvias, esperadas desde mayo, no hacían acto de presencia. El olivar fue uno de los cultivos más amenazados por la sequía en Aragón, donde se temió una pérdida  media del 30% de la producción.

La realidad al comienzo de la campaña que acaba de iniciarse es algo distinta, para cierto alivio de los agricultores. La lluvia caída en octubre dio un respiro y la producción aunque más corta no lo será tanto como se temía. Pero de los descensos de producción no se ha librado ninguna zona productora. «En nuestra cooperativa se recogió el pasado año 4,1 millones de kilos y esta campaña no alcanzaremos el millón de kilos de olivas», señala Joaquín Morella, agricultor de Belchite y representante del sector en UAGA, que insiste en que el principal problema es que los rendimientos del fruto «están siendo desastrosos».

En el Alto Aragón «no estamos tan descontentos». Lo dice Fernando Noguero, presidente de la asociación Aceite de Huesca, que integra a nueve almazaras, que reconoce que la cosecha en el Somontano se reducirá hasta un 25% respecto a los cuatro millones de kilos obtenidos la pasada campaña, pero es que las perspectivas eran mucho peores. «El olivar ha tenido que soportar un año muy complicado», señala. Porque aunque el clima fue generoso en lluvias durante la primavera, el intenso calor del verano y la ausencia total de precipitaciones causaron demasiado estrés hídrico en los árboles. Se muestra «sorprendido», eso sí, por los «flojos» rendimientos de la oliva. Y eso se traduce en pérdidas económicas. «Un rendimiento del 17% en lugar del 20% supone restar tres céntimos por kilo al precio», explica.

La Denominación de Origen Aceites del Moncayo ya tiene prácticamente su cosecha en las almazaras, en las que este año han entrado dos millones de kilos, un 50% menos que en la campaña pasada. Su presidente, Miguel Ángel Lacámar, se muestra, sin embargo, satisfecho con la calidad del fruto porque realizaron una cosecha temprana que ha permitido que los rendimientos sean buenos. Habrá que esperar ahora cuánta de esa producción lleva el sello de calidad con el que los productores de esta zona están ganando posiciones en el mercado nacional y haciendo los «primero pinitos» en la exportación.

Hasta pasada la Navidad estarán recogiendo su cosecha los olivareros integrados en la D. O. Aceite del Bajo Aragón. «Hemos  terminado la recolección de la arbequina y estamos comenzando con la empeltre, dos variedades cuya cosecha nunca se solapa», explica el secretario del consejo regulador, Juan Baseda, que reconoce que estos últimos días de lluvias están interrumpiendo dichas labores.

Habrá menos cosecha, pero en cuánto se cifrará la reducción «es difícil todavía de cuantificar», señala Baseda, que explica que alguna responsabilidad tiene la sequía pero también la buena producción obtenida el año pasado cuando se recogieron unos 34 millones de kilos.¿Buenos precios?

De lo que no se muestran tan seguros los productores es de que el descenso de la producción se traduzca en un incremento de los precios, al menos, para los agricultores. En todo caso, al contrario, «al llevar menos aceite, la cotización de la oliva es menor», coinciden en señalar. Por eso, los hay que vuelven su mirada hacia Italia, donde pueden encontrar ofertas que mejoran el precio al productor hasta 30 céntimos, señala Morella.

Su preocupación es que dado que el enlace de campaña (existencias de aceite del año anterior) es corto, con una producción inferior este año los distribuidores podrían estar tentados a subir el precio del aceite en los lineales de los supermercados. «Eso puede tener un efecto negativo porque cuando el aceite de oliva se encarece, el consumidor busca productos de menos calidad pero a más bajo precio», señala el representante de UAGA.

El avance de la bacteria más letal para el olivo

Se llama ‘Xylella fastidiosa’ pero el calificativo que le sirve de apellido se queda corto, muy corto. Nunca vista en el Viejo Continente y restringida a América y Taiwán, sorprendió a los productores europeos en 2013 cuando se detectó un foco en la región de Apulia, en el sur de Italia, segundo país productor de aceite del mundo solo por detrás de España.

Tan letal que se le conoce como el ‘ébola del olivo’, esta bacteria, que se transmite mediante la acción de un insecto vector, provoca un decaimiento rápido y generalizado de la planta. Sus hojas comienzan a secarse, lo hacen después sus ramas y finalmente todo el árbol se marchita y muere. Es lo que sucedió en la región italiana afectada, donde las autoridades calificaron la situación de «epidemia», una enfermedad que hizo sufrir especialmente a los olivos centenarios y que ha obligado a talar cientos de miles de árboles.

Ahora la amenaza ha llegado a España. El primer foco acaba de detectarse en Mallorca, en concreto en un vivero de Manacor donde una inspección rutinaria terminó con tres positivos en otras tantas muestras de cerezo en jardín que habían sido enviadas desde Tarragona.

Y han saltado todas las alarmas, especialmente en Aragón donde preocupa especialmente al olivar pero también a los productores frutícolas o a los viticultores, ya que  esta bacteria tiene más de 300 hospedantes, entre ellos olivos, cítricos, vid, almendros, melocotoneros, así como en numerosas especies ornamentales.

«Existe mucha preocupación porque hoy en día no hay ninguna cura», señala Joaquín Morella, representante del sector del olivar en UAGA. Es un problema  «de órdago», reitera el sindicalista, productor además de oliva, que recuerda que esta bacteria puede atacar a muchos cultivos, incluso a adelfas, plantas ornamentales con gran presencia en Aragón.

Morella no confía demasiado en las actuaciones que Europa y España han tomado desde que el ‘ébola del olivo’ se instaló en las plantaciones  italianas. «Dicen que se está trabajando en medidas, pero solo se habla de cuarentenas», destaca, por lo que, a su juicio, habría que endurecer las inspecciones y mirar con detenimiento todos los pasaportes fitosanitarios para frenar la entrada de plantas enfermas. «Dado que se puede transportar de tan variadas formas, en Aragón el problema podría ser dramático», reitera.

«Que hagan todo lo necesario». Es la petición que hace el presidente de la Asociación Aceite de Huesca, Fernando Noguero, que asegura que hay «muchísima preocupación» en el sector desde que se supo de la existencia de un brote de Xylella en España. Los productores «ya tienen bastante», insiste Noguero, con todas las plagas y enfermedades a las que tiene que plantar cara. «Esperamos que la gente tenga talento y los viveristas sean conscientes de que es necesario tomar las máximas precauciones para evitar cualquier posibilidad de que la enfermedad se propague en España», reitera.

Para el representante de Asaja Huesca, Fernando Luna, hay que ir mucho más allá. El cambio climático, asegura el sindicalista, está trayendo plagas, mosquitos, especies invasoras... que exigen actuaciones contundentes. «Algo esta cambiando y hay que tomarlo muy en serio», dice.

Más información en el suplemento HERALDO DEL CAMPO

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