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La Ciudad de la Justicia relanza el recinto de Ranillas seis años después de la Expo

Los organismos públicos tiran del antiguo recinto ante el parón casi total de la zona empresarial y el abandono de algunos de los edificios más emblemáticos: siguen vacíos y sin uso ni proyecto

Palacio de Congresos.
Palacio de Congresos

Casi 1.000 funcionarios trabajando, unas 5.000 personas entrando a diario, una media de 105 juicios celebrados... Donde hace seis años se estrenaban los pabellones de las comunidades autónomas, hoy se acomodan 62 juzgados y 40 salas de vistas para cubrir el partido judicial de Zaragoza, el cuarto más grande de España con 800.000 personas. La Ciudad de la Justicia ha permitido relanzar la actividad en el meandro de Ranillas, ante el parón empresarial y el abandono de los edificios emblemáticos.

Ayer se cumplieron seis años del inicio de la Expo del agua, la muestra internacional que iluminó Zaragoza durante el verano de 2008, pero que nada más cerrar sus puertas se topó de bruces con la crisis económica. Seis veranos después, Ranillas es un espacio agradable para el ciudadano, con un frente fluvial aseado y un parque del Agua atractivo para el ocio vecinal. Ambos están salpicados de negocios y edificios con resultados dispares: de concesiones municipales ruinosas como la navegación y el canal de aguas bravas a espacios que poco a poco remontan la crisis como el Acuario, pasando por equipamientos de ciudad como el Palacio de Congresos.

Sin embargo, la gran novedad del último año en Ranillas ha sido el macrotraslado de los juzgados de Zaragoza. Durante seis meses, se fueron ocupando de forma progresiva los 65.000 metros cuadrados de la nueva Ciudad de la Justicia. Se movieron 20.000 cajas con expedientes y se ordenaron 62 juzgados que, hoy por hoy, constituyen el corazón del antiguo recinto de la Expo, especialmente por las mañanas.

Como demuestra el caso de los juzgados, se ha tenido que dotar de vida a Ranillas a base de sedes administrativas, principalmente. Otro ejemplo es el Departamento de Educación del Gobierno de Aragón, que se está acomodando en el pabellón de México tras dejar su sede de Gómez Laguna. Este traslado supone que casi 400 funcionarios más pasarán a ejercer su función en el meandro. La llegada de empresas, sin embargo, está siendo mucho más lenta. Hasta ahora se han instalado nueve compañías, y hay otras cuatro pendientes del traslado. La ocupación total, administraciones incluidas, ronda el 64% de la superficie de pabellones ya reformados, aunque el porcentaje baja hasta rondar el 50% si se incluyen las zonas que aún no han sido remozadas. Esta reforma para convertirlos en oficinas no tiene fecha, pero este año al menos se destinan 242.572 euros para cerrar y adecentar las fachadas.Iconos sin plan a corto plazo

La otra cara del recinto de Ranillas la ofrecen, precisamente, los edificios que más lustre deberían darle. El Pabellón Puente, la Torre del Agua, el pabellón de España y el de Aragón, es decir, los grandes iconos arquitectónicos de la muestra internacional, siguen sin encontrar un uso definitivo. Algunos de ellos ni han llegado a reabrir sus puertas durante estos seis años.

El Pabellón Puente abre de manera intermitente, y el martes inaugura su segunda exposición, una muestra de fotos de la agencia EFE. Sin embargo, Ibercaja está pendiente de impulsar el proyecto museístico que tiene preparado. La Torre del Agua al menos se ha vuelto a reencontrar con el Splash, colocado estas semanas con un elevado coste (casi 125.000 euros) para la CAI después de haber sido retirado y troceado hace seis años sin que nadie diera explicaciones. La próxima semana la DGA, la actual propietaria del edificio tras la renuncia de la caja, reinaugurará la escultura y dará explicaciones sobre el edificio, que no tiene proyecto conocido. Al menos, durante los últimos meses –hasta que se comenzó a montar el Splash– se han podido hacer visitas guiadas.

Peor aún es la situación de los pabellones de España y de Aragón. Cerraron sus puertas el 14 de septiembre de 2008 y no las han vuelto a abrir. El primero, obra de Patxi Mangado, tiene presupuesto para acometer una reforma de 2,1 millones de euros que lo convertiría en sede de los posgrados de la Universidad. Sin embargo, la institución tiene que contestar al Ministerio de Hacienda, propiedad del inmueble, si acepta hacerse cargo del mismo.

En el caso del pabellón de Aragón ni siquiera hay planes a corto plazo. Tras descartarse como sede de una consejería, la DGA quiere que sea una empresa privada quien lo ocupe. Ha habido contactos con varias, especialmente de hostelería, pero el alto coste que tendrían que asumir para adecuarlo ha frenado los proyectos. El espacio interior del pabellón, diáfano casi por completo, dificulta dotarlo de una segunda vida.

El Palacio de Congresos –con 250.000 asistentes desde 2010 y 101 días de ocupación el año pasado– y el Acuario –75.000 visitantes en 2013– poco a poco van cuajando en la ciudad, mientras que la cruz es el apartotel, abandonado a medio construir desde 2008.

Las nuevas infraestructuras y conexiones, la otra gran aportación de la Expo, se consolidan en la ciudad, como demuestra, por ejemplo, el uso del puente del Tercer Milenio: de los 20.500 vehículos al día de 2009 se ha pasado a 25.500 en 2013, pese al descenso general de la circulación en la ciudad por culpa de la crisis.

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