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Educación

La escuela rural aragonesa ha perdido 14 colegios en los últimos cuatro años

La despoblación que sufren muchos municipios de la Comunidad ha obligado a cerrar numerosas aulas rurales y 27 escuelas subsisten con cinco o menos alumnos.

La escuela rural aragonesa enciende las alarmas
J. ESCUDERO

Libros, Loscos, Palomar de Arroyo, Sodeto y Castigaleu se han unido este curso a la lista de localidades aragonesas que han perdido su colegio por falta de alumnos. En los últimos cuatro años, 14 aulas rurales han cerrado debido a la despoblación que sufren muchos municipios de la Comunidad, mientras que un centenar de escuelas perviven con menos de 10 niños y 27 no superan los cinco estudiantes. La situación es especialmente preocupante en Teruel, donde en la última década se han clausurado 17 aulas en otros tantos pueblos.

"En otras comunidades se han cerrado aulas rurales por tener menos de 10 alumnos. Nosotros somos muy sensibles con la escuela rural, ya que es muy importante para fijar población y para la ordenación del territorio", destacó el director general de Ordenación Académica del Gobierno de Aragón, Marco Rando, durante la presentación del nuevo curso académico.

Las características demográficas de Aragón, con una población muy dispersa, obligan al departamento de Educación de la DGA a establecer unos criterios flexibles en los que no solo se tiene en cuenta el número de alumnos, sino también los problemas de comunicación de algunas localidades que pueden dificultar el traslado de los pequeños a otros centros o incluso el futuro demográfico de la localidad, ya que algunas escuelas se mantienen abiertas con pocos alumnos si hay niños que se incorporarán durante los próximos cursos.

“El cierre de aulas rurales no responde a motivos de racionalización de recortes, sino de escolarización”, repiten desde el departamento dirigido por Serrat, que en una de sus comparecencias incluso calificó de “antipedagógicos” los centros de solo tres alumnos, muchas veces de diferentes edades, que comparten aula y tutor, mientras otros docentes imparten asignaturas específicas como Educación Física, Música o Inglés en varias localidades.

Sin embargo, ni siquiera esta política ha logrado evitar los cierres de aulas que se producen cada mes de septiembre. En esta ocasión, las afectadas han sido tres localidades turolenses (Libros, Loscos y Palomar del Arroyo) y dos oscenses (Sodeto y Castigaleu), pero en los tres cursos anteriores la lista la completaron otros nueve pueblos aragoneses: Bailo, Escarihuela, Mezalocha, Villacarli, Azaila, Trasobares, Castejón de Valdejasa, La Melusa y Escalona.

“¿Quién se va a ir a vivir a un pueblo en el que no hay escuela?”, se pregunta María José Casas, secretaria y profesora del Colegio Rural Agrupado (CRA) Monegros-Hoya, que este año ha perdido el aula de Sodeto por falta de alumnos. El cierre de un colegio no es la desaparición de un servicio más; para muchas localidades, estas aulas son casi la última oportunidad de sobrevivir. “La pérdida de la escuela es el principio del fin para un pueblo”, sentencia Pepe Polo, responsable de la Federación de Enseñanza de CC.OO. en Teruel, la provincia aragonesa que más sufre el cierre de aulas rurales.

Aulas bajo mínimos

Pese al incesable goteo de clausuras, algunos pueblos aragoneses han conseguido mantener sus colegios abiertos al menos un curso más con cinco o menos alumnos. En algunos casos ha sido gracias a la llegada al municipio de nuevos habitantes y en otros, la perspectiva de que durante los próximos años se incorporarán a las aulas nuevos niños que todavía no están en edad escolar.

Otras localidades han ido incluso más allá y han logrado reabrir sus escuelas varios años después de que se cerraran por falta de estudiantes, algo que no suele ser habitual. Camarena de la Sierra, por ejemplo, recuperó su aula en 2009 tras más de un lustro sin colegio, igual que Torrelacárcel en el curso 2007/08 o Torrijas en el 2009/10.

Recortes en la escuela rural

El cierre de aulas no es la única preocupación de los defensores de la escuela rural, que este curso han visto como los recortes en educación han afectado especialmente a estos colegios agrupados. “Los tutores dan menos horas de clase a sus alumnos porque ahora también se tienen que desplazar a otras localidades y hemos tenido que juntar a niños de diferentes cursos para poder impartir algunas asignaturas. Se puede seguir enseñando, y se hace, pero no se avanza al mismo ritmo”, explica María José Casas: “Somos profesionales, pero no magos”.

Los recortes también han afectado con más intensidad a los centros rurales de Teruel, donde alrededor de un 30% de los niños estudian en este tipo de aulas, según datos de CC.OO. “El 70% de los recortes en educación de la provincia han sido para la escuela rural. De los 74 cupos de docentes que ha perdido Teruel, 51 han sido en estas aulas”, apunta Pepe Polo, quien denuncia que la mayoría de los puestos eliminados han sido de profesores itinerantes.

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