Despliega el menú
Especiales

Discoteca Flying: 30 años de una noche trágica

El incendio de la discoteca Flying, que dejó 43 muertos, ha quedado grabado en la memoria colectiva de la ciudad. El laberinto judicial finalizó hace seis años sin que los familiares de las víctimas percibieran indemnizaciones

14 de enero de 1990. 3.00 de la madrugada. Domingo y Maite caminaban por el Coso cuando fueron sorprendidos por un par de coches que circulaban a alta velocidad. "¿Dónde irán?", comentó la pareja. La respuesta se la encontraron pocos minutos más tarde, en la esquina de las calles de la Trinidad y de Don Teobaldo de la capital aragonesa. Era el incendio de la Flying, que se saldó con la muerte de 43 personas y que convirtió esa noche en una de las más trágicas de la historia de la ciudad.

Hoy, 30 años después, nada recuerda la tragedia en esa esquina del Casco Histórico. El espacio que ocupó la discoteca estuvo muchos años vacío. Más tarde fue un prostíbulo y ahora es una discreta residencia de estudiantes. Aunque no hay rastros físicos, en el barrio la memoria del dramático suceso aún perdura.

Tampoco olvidan, lógicamente, los familiares de las víctimas y los pocos supervivientes que hubo. Salvo unas compensaciones irrisorias que pactaron algunos, 30 años después ya pueden decir que no van a cobrar ninguna indemnización por la tragedia que les ha marcado la vida.

Tras un larguísimo proceso judicial, en 2014 la Audiencia Provincial exoneró de responsabilidad al Ayuntamiento de Zaragoza y al Gobierno de Aragón. Antes, en la vía penal, se había encontrado culpable a Faustino Martínez, dueño del negocio. "Pero se declaró en quiebra y luego fue condenado por alzamiento de bienes e insolvencia punible. Así que las víctimas se quedaron sin indemnización y los abogados tampoco cobramos, después de más de 20 años de dedicación", cuenta ahora Carmen Roigé, letrada de varias víctimas y de la única herida que sobrevivió al incendio.

Un fallo de origen eléctrico

Aquella noche esa discoteca vivió su última jornada de fiesta. Sobre el escenario, la orquesta Imágenes. Con su música de fondo, en la sala había unas 70 personas, según los primeros datos que se obtuvieron esa misma madrugada. En ese momento se apagaron las luces. Un empleado de la discoteca subió a la planta baja, donde se encontraba el cuadro de luces, y conectó de nuevo la corriente. Precisamente, ese fue el desencadenante del incendio: un fallo de origen eléctrico que se propagó con rapidez por la instalación.

Los presentes definieron el momento como "un resplandor". Relataron que de repente se apagaron las luces. A consecuencia de ese problema, el falso techo se desplomó. Las personas que estaban en la zona del guardarropía pudieron esquivar los cascotes porque salieron apresuradamente del local. El resto se encontraba en el sótano, hasta donde descendió la densa humareda.

Los testimonios de los bomberos, sanitarios, vecinos y otros testigos fueron estremecedores. Quienes intentaron huir por la salida de emergencia encontraron la trampa en esas escaleras. El local se había convertido en "una ratonera". Los exámenes forenses dictaminaron que los 43 fallecidos se intoxicaron por la inhalación de ácido cianhídrico y monóxido de carbono.

Las familias de varias víctimas denunciaron que los bomberos tuvieron que apalancar la puerta para poder entrar. Dos dotaciones de este cuerpo llegaron alertadas por la llamada de uno de los empleados de la discoteca, que dio la voz de alarma desde una cabina de teléfono cercana. A los pocos minutos, equipados para no resultar intoxicados por el humo, accedieron al interior, donde encontraron una chica herida. Ese fue el único traslado que se realizó al Hospital Miguel Servet, centro donde ya se había trazado un plan de actuación y avisado a varias unidades.

La memoria del barrio

En esos momentos, el delegado del Gobierno era el socialista Carlos Pérez Anadón. Recuerda que aquella noche acostó a su hija, de solo unos meses, y que un rato después sonó el teléfono. "Las noticias eran muy confusas, pero fui para allí. Es difícil explicar lo que nos encontramos. El incendio no era muy grande, estaban dominándolo, pero no esperábamos el efecto que tuvieron los gases", recuerda.

"Dentro había imágenes durísimas de cadáveres de gente que estaba subiendo por las escaleras. Lo más inesperado fue que había muertos que estaban como si se hubiera parado una película, sentados en los sofás. No fueron conscientes de lo que les estaba sucediendo", añade Pérez Anadón.

"Las llamaradas se acabaron pronto, pero nos tuvimos que quedar en la calle y vimos cómo sacaban todos esos muertos en plásticos blancos" 
María José López, vecina del edificio, recuerda esa noche del incendio de la Flying.
María José López, vecina del edificio, recuerda esa noche del incendio de la Flying.
Vitrián

Tres décadas después, en el barrio se recuerda este suceso como si fuera ayer. María José López vive en un segundo piso, y la ventana de su salón da a lo que fue la puerta de la discoteca. "Es como si lo estuviera viendo", señala. "Eran las 3.00 de la madrugada y empezaron a sonar los telefonillos. '¡Fuego, fuego!', decían. Bajé en pijama con mi marido y mis niñas, que tenían 14 y 8 años. Las llamaradas se acabaron pronto, pero nos tuvimos que quedar en la calle y vimos cómo sacaban todos esos muertos en plásticos blancos. No podré olvidarme de aquello jamás", rememora.

Con la misma intensidad recuerda el incendio la hermana Isabel, del monasterio de las canonesas. "Estaba en la cama y escuché las ambulancias. La priora salió a cerrar el cuadro eléctrico que separaba la discoteca de nuestra casa y ofreció el convento para que se resguardasen los vecinos evacuados", sostiene la religiosa.

El incendio de la Flying ocurrió siete años después del que sufrió la discoteca Alcalá 20 de Madrid, en el que murieron 81 personas. En Zaragoza había dos precedentes igualmente trágicos: el incendio de Tapicerías Bonafonte (23 fallecidos el 11 de diciembre de 1973) y el del hotel Corona (78 muertos el 12 de junio de 1979). Por eso, la normativa zaragozana en aquellos momentos era "muy estricta" en materia de seguridad, según los expertos. Sin embargo, no fue suficiente para evitar un suceso que aún resuena en la memoria colectiva de la ciudad.

Local donde estaba la discoteca Flying.
Local donde estaba la discoteca Flying.
Toni Galán

Carlos Gracia, enfermero de Bomberos, no olvida la madrugada del 14 de enero de 1990, cuando le quedaban horas para terminar el turno. "Se recibió una llamada de urgencia a través de la central de comunicaciones del 080 que indicaba que había fuego en la Flying", relata Gracia. Tras esa primera llamada, realizada desde una cabina, salieron dos dotaciones de Bomberos de diferentes parques. Acudieron con tren de ataque, es decir, coche de mando y comunicaciones, bomba urbana ligera, autoescalera y ambulancia.

"El incendio se controló rápidamente, en menos de 10 minutos el fuego estaba apagado", asegura este bombero. "La carga de caloría, de fuego y de humo se había desarrollado en la planta baja". Allí se encontraron a la única herida, una joven sobre la que había caído un telar y tenía quemaduras. "Trasladamos a la chica al Hospital Miguel Servet donde avisamos de que podría haber más personas con este tipo de heridas", narra.

"Recuerdo salir de trabajar y pensar que cuando se despertara la ciudad se iba a enterar del desastre de esa noche"
CarlosGracia, enfermero del cuerpo de Bomberos, intervino en el incendio de la discoteca Flying.
CarlosGracia, enfermero del cuerpo de Bomberos, intervino en el incendio de la discoteca Flying.
Guillermo Mestre

En el sótano fue donde se encontró la "cruda escena", tal y como la define. "Me puse a valorar a ver a quién podíamos sacar adelante o hacer reanimaciones. No me podía creer que todas las comprobaciones de muerte fueran ciertas", lamenta Gracia que reconoce no dar crédito a lo que sus ojos estaban viendo. "Cuando bajé, el humo ya se había extinguido prácticamente y recuerdo a personas sentadas en las butacas con el vaso cerca y otros apoyados en la barra", continúa.

En primer lugar descendieron otros compañeros equipados con sistemas de respiración autónoma ya que la atmósfera era tóxica. "Los fallecidos habían inhalado cianhídrico y ácido carbónico, entre otros, que fueron liberados por la combustión de elementos como la moqueta o plásticos", cuenta este miembro del cuerpo de Bomberos. "Esa combinación de gases no provocó la muerte en un primer momento, sino que les durmió en un principio -aclara Carlos- sin embargo, como al cabo de unos minutos siguieron respirándolo, todo apuntaba que fallecieron por eso". 

Los cuerpos fueron subidos hasta la superficie con camillas por los Bomberos y, una vez en el exterior del local, trasladados al Anatómico Forense Bastero Lerga, en la calle de Doctor Cerrada. "Fue necesario el uso de vehículos de carga de personal para transportar los cadáveres porque no se daba abasto", reconoce Gracia. Las crónicas de hace tres décadas reflejan los momentos de angustia y tristeza de los familiares y amigos que se congregaban a las puertas de este local de ocio nocturno.

El trabajo de los Bomberos de Zaragoza se prolongó durante toda la noche, hasta la mañana siguiente: "A algunos compañeros les hicieron el relevo porque también hubo que inspeccionar el edificio, del que habíamos evacuado a los vecinos, y realizar labores de desescombro".

Este desagradable turno de Carlos terminó, por fin, a las 7.00. Después de tres décadas confiesa que cuando regresó a casa no se pudo acostar: "No tuve valor de irme a la cama. Mi mujer me preguntó cómo había sido la noche y me derrumbé". "Recuerdo salir de trabajar con una neblina similar a la de estas mañanas y pensar que cuando se despertara la ciudad se iba a enterar del desastre de esa noche", concluye Carlos Gracia.

La terrible noticia del incendio de la discoteca Flying llegó a los pocos minutos al Hospital Miguel Servet de la capital aragonesa. "Recuerdo que recibimos un aviso, sospecho que del cuerpo de Bomberos", indica Javier Povar, actual coordinador del servicio de Urgencias. En ese momento cumplía su tercer año como residente en el mismo centro hospitalario donde trabaja ahora.

"Nítidos recuerdos", tal y como asegura, le vienen a la memoria de esa noche. "Nos pusimos en tensión por lo que podíamos recibir. Cuando supimos de la magnitud del suceso esperábamos un número alto de heridos", relata. Dadas las dimensiones del incendio se trazó un plan para atender al mayor número de personas posibles: "Activamos todos los recursos internos para dar respuesta en caso de que hicieran falta". De esta forma, en pocos minutos se congregaron diferentes perfiles de personal médico. Asimismo, los datos que iban llegando hasta el Miguel Servet se comunicaron a otros hospitales, como al Clínico, por si hubiera sido necesario hacer uso de sus instalaciones.

La situación también se notificó a la Unidad de Quemados. Gustavo Cimorra, responsable de esa sección, se encontraba en su domicilio cuando recibió la noticia. "Me llamaron por teléfono, cogí el coche y acudí a las inmediaciones de la discoteca", narra tres décadas más tarde. "Quería hacerme una idea de las dimensiones de la tragedia. Cuando me enteré del número de personas que podía haber en el interior avisé al hospital para que despejaran todas las camas de la planta de plástica que se pudiera".

"Activamos todos los recursos internos para dar respuesta en caso de que hicieran falta"
Javier Povar, cuando ocurrió el incendio de la Flying, era residente de tercer año.
Javier Povar, cuando ocurrió el incendio de la Flying, era residente de tercer año.
FRANCISCO JIMENEZ

Aunque se acometieran esas órdenes, no fueron necesarias, ya que solamente se trasladó a una herida. La ambulancia de Bomberos de Zaragoza fue la encargada de llevarla, ya que en ese momento todavía no existía el 061. Tras la incertidumbre y tensión de esos primeros minutos, en el hospital el resultado se sintió como un "bajón emocional", de impotencia, según recuerdan los que allí lo vivieron. "Con la misma claridad recuerdo el sufrimiento cuando nos comunicaron el número de fallecidos, en Urgencias estábamos abatidos porque no pudimos hacer nada por ellos", confiesa el doctor Povar.

Las 43 personas que perdieron la vida en el sótano de esta discoteca fueron sorprendidas por la combinación de una serie de gases que surgieron de la quema de distintos materiales. "Hoy en día existe un antídoto para hacer frente a ese tipo de intoxicaciones. Esto no quiere decir que se hubieran salvado los fallecidos en caso de que se les hubiese administrado en ese momento, ya que fue algo fulminante", explica el presente coordinador de Urgencias. Se trata de una medicación que en la actualidad disponen los diferentes servicios de emergencia por si fuera necesario hacer uso.

El suceso en esta discoteca del céntrico barrio de la Magdalena coincidió con una época de cierto cambio, de tránsito en el panorama sanitario. "Hacía poco tiempo, en el año 1989, que se había publicado el Informe de Defensa del Pueblo. En ese documento se incluía el diseño de una estructura específica de Urgencias, aunque era un servicio que ya se ofrecía", apunta este doctor, un aspecto que se evidenció aquella madrugada de enero.

CRÉDITOS:

Textos: Javier. L. Velasco y Mariano Millán. Vídeos: Alfonso Millán. Fotografías e imágenes de vídeo: Archivo HERALDO, Guillermo Mestre, Toni Galán y Francisco Jiménez