Zaragoza

Así contó HERALDO el trágico incendio en Tapicerías Bonafonte de Zaragoza

Luto en la ciudad. Así titulaba HERALDO DE ARAGÓN su portada del día 12 de diciembre de 1973.

Los bomberos intentando sofocar el incendio en Tapicerías Bonafonte en Zaragoza el 11 de diciembre de 1973.
Los bomberos intentando sofocar el incendio en Tapicerías Bonafonte en Zaragoza el 11 de diciembre de 1973
Luis Mompel / Archivo Heraldo

La muerte de 23 trabajadores el 11 de diciembre de 1973 en un pavoroso incendio en el taller de Tapicería Bonafonte, situado en el barrio de Las Fuentes de Zaragoza, produjo una honda conmoción en la ciudad y generó denuncias por las condiciones de trabajo del establecimiento, situado en un bajo y enclavado en una zona de elevada densidad poblacional. Un tragedia que recuerda hoy Luis Guillén, uno de los pocos supervivientes: "El incendio de Bonafonte fue una ratonera. Me pude salvar porque respiré de un compresor".

Así contó HERALDO la tragedia al día siguiente

El mes de diciembre suele ser nefasto para Zaragoza; la antesala navideña se convierte en escenario, casi todos los años, de las mayores catástrofes. La de ayer ha cobrado dimensiones estremecedoras, por el número de muertos. Ningún otro incendio en el casco urbano de la ciudad arrojó tan elevado balance de víctimas. Los obreros de Tapicería Bonafonte acudieron puntualmente a su trabajo, a las ocho de la mañana. Minutos después se desencadenaba la tragedia. Hay quien habla de que el incendio empezó a las ocho y cuarto y hay quien sostiene que fue a las ocho y veinte. El caso es que se produjo una explosión y todo el local quedó envuelto en llamas. En aquellos momentos se encontraban allí la casi totalidad de los  obreros y empleados. ¿Cuál es la cifra exacta? La plantilla era de veintinueve productores, más unos nueve eventuales; pero hay que restar los que ayer, por una u otra causa, no pudieron acudir al trabajo.

Quizás convenga entrar en detalles sobre la situación de la citada industria de tapicería, en la calle de Rodrigo Rebolledo, 45, del barrio de las Fuentes; solo así será posible comprender mejor el drama.

Un callejón sin salida

Digamos que los obreros trabajaban en un callejón sin salida, un sótano sin puerta de emergencia. Este local, de más de mil metros cuadrados, ocupaba toda la planta baja del edificio. Y allí se amontonaba el material inflamable que es utilizado normalmente en la industria tapicera: plásticos, pinturas, barnices, colas... Sabido es que el polietileno es fácilmente combustible, aunque no suele provocar incendios; pero todo lo llena de humo y la asfixia llega como consecuencia inmediata. En el caso que nos ocupamos, en el suceso que ha llenado de luto a Zaragoza, no solo hubo humo sino también llamas. Los obreros que quedaron atrapados en el callejón sin salida, que era su lugar de trabajo, fueron rescatados totalmente quemados, carbonizados. La asfixia no fue, pues, el único vehículo de la muerte.

Una voz de alarma

En los primeros momentos, sólo una voz de alarma. Solo un obrero logró salir a la calle para pedir auxilio. Apenas pudo abrir la puerta del sótano, porque la presión interior -por la explosión y por el humo- se lo impedía. José Javier San Miguel, de 18 años de edad, salió precipitadamente a la calle. Iba como loco y tropezó con un coche estacionado enfrente. Corrió desenfrenadamente a avisar a los anteriores propietarios del local. Dijo que el taller de tapicería estaba envuelto en llamas y que los obreros no podían salir, porque las persianas del cierre metálico de las puertas estaban echadas y no habla fuerza humana capaz de levantarlas.

A los pocos minutos llegaron los bomberos con todos sus efectivos. Y las brigadas de la Cruz Roja. Y las ambulancias de la Casa de Socorro y de Sanidad Militar. Todos acudieron a la llamada angustiosa de unos hombres que parecían condenados -y el temor se cumplió, lamentablemente- a una muerte segura.

Casi a continuación llegaron las primeras autoridades zaragozanas.

Los bomberos intentando sofocar el incendio en Tapicerías Bonafonte en Zaragoza el 11 de diciembre de 1973.


Los bomberos durante el incendio | Luis Mompel. Archivo Heraldo

Masiva colaboración

Hay que señalar que la colaboración fue masiva. Los taxistas zaragozanos se ofrecieron voluntarios para trasladar a los heridos. Las industrias próximas al lugar del suceso cerraron sus puertas y el personal que trabaja en las mismas acudió a prestar su colaboración a los bomberos.

Resultó laborioso romper el cierre metálico de una de las puertas. Al abrirla, el humo llenó toda la calle. Allí, junto a la persiana metálica, los cuerpos tres hombres hablaban bien a las claras de una muerte atroz. Intentaron, en vano, forzar el cierre.

Las ambulancias hicieron viajes y más viajes a lo largo de la mañana. Desgraciadamente, estos viajes fueron más con destino al depósito de cadáveres que al Centro de Traumatología, Rehabilitación y Grandes Quemados de la Seguridad Social.

Difícil rescate

El rescate de las víctimas se hizo más difícil por el humo y calor sofocante que impedían el acceso al sótano y por lo complejo de los trabajos para abrir otras salidas de emergencia. Precisamente por tratarse de un sótano, las paredes de cimentación, a base de hormigón, hacían de coraza al taller de tapicería. Hubo que recurrir a potentes compresores, a los martillos-pilón, para abrir los correspondientes boquetes en la cimentación del edificio. Estuvimos presentes en el escenario del suceso, desde las nueve de la mañana y tuvimos ocasión de contemplar el rescate de las víctimas. La impresión pesimista de los primeros momentos fue acentuándose a medida que pasaba el tiempo. A las doce ya se tenía noticia del fallecimiento de dos de los obreros heridos, con lo que el total de muertos se elevaba a trece.

- ¿Cuántos quedan abajo? -preguntamos.

- No lo sabemos -fue la respuesta- Igual pueden ser seis que ocho.

Las cifras del trágico balance fueron confusas desde el principio. No era fácil saber, en efecto, cuántos obreros y empleados se hallaban trabajando en el taller a la hora de producirse el incendio. Los propietarios de la industria don Carmelo y don Pedro Bonafonte, no se encontraban en el lugar del suceso. Don Carmelo había salido de viaje y don Pedro tuvo que ser asistido, según nos informaron, de una crisis nerviosa.

Un total de cinco heridos

Son cinco los heridos asistidos en el Centro de Traumatología den la Ciudad Sanitaria José Antonio, de la Seguridad Social. De ellos, uno grave, y los cuatro restantes de pronóstico reservado. Se trata de:

Luis Guillen Ibáñez, pronóstico reservado.

Jesús Aranda de Luis, pronóstico reservado.

Ángel Andrea, pronóstico reservado.

Miguel Rodríguez Hurtado, pronóstico reservado.

María Luz Malo de la Concepción, estado grave.

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