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Real Zaragoza

El fútbol, la vida, reclama un triunfo del Real Zaragoza

Pese a los constantes contratiempos vividos desde agosto, la competición no deja de lanzar guiños a los zaragocistas para que logren el ascenso.

Paco Giménez. Zaragoza Actualizada 22/05/2016 a las 11:00
Pasillo a los jugadores del Real Zaragoza

La liga de Segunda División 2015-16 está esperando definitivamente al Real Zaragoza para que ocupe uno de los tres puestos de ascenso a Primera División. Eso es lo que parece desde que comenzó en agosto, hace ya nueve meses. Lo ha parecido siempre. La igualdad general, el ras por lo bajo en el grado de calidad de todos los equipos, los 22 que componen esta deshilachada serie B del fútbol español, ayuda a ello. Las oportunidades de rectificar, de salir de uno, dos, tres o cuatro baches a lo largo del curso, han sido más que nunca en esta larga liga de 42 jornadas. Y eso le ha venido bien al cuadro zaragocista, que ha vivido un año convulso, con cambio de entrenador y dirección deportiva en mitad de todo, con seis fichajes y tres salidas en enero, con rachas negativas que, en otro año más normal, lo habrían hecho descarrilar sin remedio hace tiempo.

Ahora, antes de enfrentarse al Nástic de Tarragona en La Romareda (12.00) y a falta de 12 puntos para que su liga concluya, puede tener a mano el ascenso directo en 72 horas (hay jornada entre semana) pese a que en sus dos últimos desplazamientos ha dejado escapar cuatro puntos vitales a base de, simplemente, ser capaz de empatar en Ponferrada (1-1) y Soria (2-2), con, eso sí, sendos perjuicios manifiestos de los dos árbitros que le cayeron en suerte en cada uno de esos días cruzados. Tanto de El Toralín como, el otro día de Los Pajaritos, el zaragocismo salió abatido, desmoralizado al ver lo que pudo ser y no acabó siendo.

Pero la liga sigue esperando al equipo blanquillo. De una semana para otra, el carrusel del ánimo, la montaña rusa de las sensaciones grupales cambian por hache o por be. Esta vez, la autoestima de las gentes del Real Zaragoza ha sido relanzada hacia el infinito a causa del enorme y brillante triunfo del Huesca en Leganés. El otro equipo aragonés de la división certificó casi definitivamente su salvación tumbando al líder en su campo y, de rebote y feliz carambola, insufló millones de atmósferas de positivismo en los cerebros blanquillos. Y con estas coordenadas, de nuevo cuño y reciente efecto de euforia general -desde que anoche se acabó el partido de los oscenses en Madrid-, los muchachos del Real Zaragoza que dirige Carreras afrontan una final de órdago a la grande ante un Nástic de Tarragona que llega a La Romareda un punto por delante de los zaragocistas. Palabras mayores. Esto es un 'o tú o yo, pero nunca los dos'.

Esta campaña no es ordinaria. El producto igualitario que propugna Javier Tebas al frente de la Liga de Fútbol Profesional, interviniendo cada vez más en la elaboración de presupuestos gemelos, paritarios, similares en techos y cintura, le ha salido al ente organizador de este invento demasiado feo, extremadamente deslucido y sin ninguna plasticidad en el día a día. Los equipos son parejos, básicamente en máculas, carencias y dificultades para hacer un fútbol bonito y con gancho. Y, en ese batiburrillo, el Real Zaragoza está saliendo beneficiado dentro de sus hechuras de crisis, de mala praxis en la confección del vestuario por parte del director deportivo de inicio, el despedido Ángel Martín González y metido sin solución en una carrera desigual donde los vaivenes, los subibajas a lo largo de la liga han sido muchos y, a veces, demasiado dolorosos.

Aún está a punto de todo. De lo bueno y de lo malo. Eso sí, como los jugadores y técnicos del Real Zaragoza saben desde el viaje de regreso de Soria hace siete días, lo bueno solo tiene un camino: ganar sin excepción todo lo que queda. Y, a través de ese paso a paso que comienza ante el Nástic en La Romareda en su primera estación, ser capaces de llegar al último partido en la Costa Brava con la mano en la partida, ocupando uno de los dos primeros puestos en la tabla.

Comienza una semana de la máxima exigencia, una 'semana fantástica' si sale bien. Domingo, en casa, ante los de Tarragona. Jueves, en Huesca. Y, de nuevo domingo, otra vez en La Romareda, ante el Oviedo. De estos siete días, el Real Zaragoza ha de ser capaz de hacer un mundo mágico. De diseñar su pasaporte hacia Primera, con sus visados en regla. Parece mentira que, con solo 60 puntos a estas alturas de la película, estas cuentas aún den opciones de salir correctamente en su cociente final. Pero así es. Los zaragocistas lo tienen en la mano. Solo les exige el destino ser fieles, tener buen pulso y puntería en cuatro lances concretos. Los únicos que faltan para que la función baje el telón.

Es el momento de Manu Herrera. De Isaac, Guitián, Cabrera, Rico. De Morán, Javi Ros, Dorca. De Lanzarote, Hinestroza, Ángel. También de Dongou, de Diamanka, Sergio Gil, Rubén... de todos los aptos para estos duros envites que se avecinan. Y, por supuesto, es el instante preciso en el que la afición zaragocista, como siempre, no va a fallar. Si, además, el cupo de yerros arbitrales pudo ya haberse colmado en las viejas llagas del Real Zaragoza el pasado domingo en Soria, es probable que ante el Nástic confluyan los astros convenientemente para celebrar otro triunfo obligado para alcanzar el éxito. Ha llegado la hora.







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