The War On Drugs, rock de penumbra, de exploración interior

‘A Deeper Understanding’: Rock melódico, de penumbra, de viaje al mundo interior. Melodías diáfanas, de una pulcritud sangrante, dentro de instrumentaciones envolventes, con apoyo en los teclados, coros femeninos, tinturas de armónica o pedal steel y unas guitarras tan finas como creativas y punzantes. Es el disco de rock tranquilo de la temporada, de este otoño prematuro, que se despertó a finales de agosto con este trabajo melancólico y preciso, el cuarto de The War On Drugs, cuarteto formado en Philadelphia en 2005.

Comentaba en este blog en 2014, a propósito de su magnífico tercer álbum, ‘Lost In The Dream’, que Adam Granduciel y Kurt Vile eran dos apasionados seguidores de Dylan que un día se decidieron a ejecutar ellos mismos sus propias canciones, siguiendo los pasos de su ídolo pero sin mimetizarlo, sin engullirlo descaradamente hasta la indigestión, como daba buena cuenta su debut, ‘Wagonwheel Blues’ (2008).

Luego, Vile se marchó y el influjo dylaniano se evaporó hasta casi desaparecer, mostrando una cara más ochentera en el citado ‘Lost In The Dream’, con reminiscencias de The Cure, U2, Waterboys, Inmaculate Fools, The Alarm… y hasta el mismo Springsteen de aquella década (‘Lost In The Dream’). Fue el álbum que les dio la puntilla para darse a conocer mundialmente y recoger laureles y trabajo a mansalva.

Ahora, en esta nueva entrega, editada por la multinacional Atlantic, aflora de nuevo el espíritu dylaniano, aunque sea quizá más bien de forma anecdótica o como tributo a su mentor espiritual. Es el caso de un par de canciones: ‘Strangest Thing’ y sobre todo la canción de cierre,’You Don’t Have To Go’, con un deje vocal de Adam Granduciel muy cercano al del bardo de Minnesotta. También aflora de nuevo el anclaje con los ochenta nada más abrirse con la magnética ‘Up All Night’, evocando a Inmaculate Fool y House Of Love, a toda aquella gente con canciones de gran espesura instrumental y obcecados por la melodía. Incluso, salvando las distancias y sin hacer comparaciones odiosas, se reedita el ambiente de relajo y elegancia que ofrecía Roxy Music en aquel maravilloso ‘Avalon’. Y también anda por ahí de nuevo el espectro del Springsteen de ‘Dancing In The Dark’ y ‘I’m On Fire’, que aquí los Drugs despiertan y refunden vía ‘In Chains’…

Pero la pieza más significativa y vaporosa, la más sorprendente, es ‘Thinking Of A Place’, un single de ¡once minutos!, once minutos que dirían reiterativamente los taurinos, que editaron para el Record Store Day y que rescatan en este disco como su piedra angular. Suena en el fondo a mucho conocido, desde Pink Floyd a Steely Dan, Dire Straits o Roxy Music si se quiere, pero a nada se parece, tiene su personalidad y encanto propio, que es uno de los logros del cuarteto: echar la vista atrás pero sin clonar descaradamente, torpemente.

Aunque a buen seguro habrá quien tilde este tipo de pop-rock de siraposo y dulzón, de blando como la mantequilla, para quienes amamos la elegancia, el buen gusto, el perfeccionismo, la belleza, el hedonismo… esta es la mejor medicina que se nos puede suministrar para alisar la piel y las neuronas. Música de hoy pero, como la de coetáneos suyos del tipo Fleet Foxes, Bon Iver o Father John Misty, con la pátina del pasado. Probad, probad…

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