El nuevo traje de Imelda May

No es el camaleonismo de Bowie, que en esa faceta el británico no tiene rival, pero Imelda May acaba de dar un timonazo estético y musical que la devuelve nueva e inédita, mutada, al mundo de la música, tras un divorcio y tres años sin publicar discos.

Adiós al tirabuzón rubio incrustrado en su cabello moreno y adiós al rockabilly. Su nuevo álbum, el quinto de su carrera tras ‘No Turning Back’ (2003), ‘Love Tattoo’ (2008), ‘Mayhem’ (2010) y ‘Tribal’ (2014), se llama ‘Live. Love. Flesh. Blood’ y transcurre por los caminos de la canción sedada, tranquila, lo que no significa que no haya algún chispazo de dureza y menos aún que la voz salga de cuna de terciopelo. Bien al contrario, a veces la rabia parece robada a su amigo y paisano Bono, pero hay mucha más dulzura que furia.

Por momentos, el disco parece una especie de acercamiento al Dylan último, una incursión en el cancionero americano de los 40-50 –swing, gospel, blues, R&B…-, si bien es ella quien firma todas las canciones. Lo que en modo alguno sorprende ni puede tomarse como un giro forzado: desde su más tierna infancia, merced al ambiente musical familiar, la irlandesa está impregnada en aquellas sonoridades y en especial en el sentimiento interpretativo de la gran Billie Holiday.

Todo ello se transparenta en este disco, amable, confesional, personalísimo, fruto de un agrio tramo vital marcado por el divorcio de su marido Darrell Highman, guitarrista de su grupo, y por una hija que adora. Ella lo califica como un disco de amor, culpa y deseo.

No ha estado sola en esta transfiguración. Su amigo Bono la ha estimulado y aconsejado, Jeff Beck y Jools Holland han colaborado y sobre todo ha contado con un productor de bandera como T-Bone Burnett, que no solo le ha ayudado tanto en lo personal y lo musical, sino que le ha reunido una banda en la que figuran músicos también de primera como el versátil Marc Ribot, que se nota, y mucho.

¿Recuerdan a Tanita Tikaram? No, no es lo mismo, pero aquel aire tristón y dulce, aquel sonido elegante, parece revolotear en algún momento por este disco, hay algún lunar visible en la superficie de este nuevo traje de Imelda. Ahora es morena total, sin tirabuzón rubio, con flequillo y más guapa, con una belleza a lo Chrissie Hynde sin colmillo sino amable. El traje le sienta bien, la transfiguración también. Si alguien lo quiere comprobar más de cerca, tiene la oportunidad de hacerlo el próximo día 8 de julio en el festival Castillo de Aínsa (Huesca). [Corregido: 8 de julio, no de junio]



Esta entrada fue publicada en Internacional. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a El nuevo traje de Imelda May

  1. Sescún Marías dijo:

    Gracias por la reseña. El festival Castillo de Aínsa es del 6 al 9 de julio este año, ¡menudo susto me has dado! Gracias por el adelanto​, el programa del festival es todavía un misterio… ¡ahí estaremos!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *