El frente de Iván Zulueta contra el festival de Eurovisión

Este sábado próximo llega de nuevo el festival de Eurovisión…, ay, la apolillada nostalgia. No sé si tendré valor para seguir el ritual de ponerme un año más ante el televisor, pero es un viejo rescoldo de mis tiempos de infancia que aún no he superado: entonces, pese a los Beatles o los locales Brincos, que se comían el pastel, la cita eurovisiva era la cita musical suprema ante el televisor. El tiempo ha dejado marcado que, aunque aquello era un casposo mercadillo, no se hicieron tan malas canciones en el festival como ahora. Algunas de ellas, incluso, han devenido perdurables.

Hoy, sigue el mercadeo en mayor amplitud y en esta edición, hasta con boicots y polémica política y guerrera entre fronteras cuando precisamente el festival nació para que los europeos al menos dejaran de pelearse un rato, que menudo siglo XX llevábamos.

Aun cuando con menos atención, sigo pues enchufado a la pantalla porque, a falta de grandes canciones y aun con el sonido (no la voz) en playback, que manda güevos, es innegable que Eurovisión es un espectáculo músico-visual impresionante. Los miles de euros o de grivnas (que este año llega desde Ucrania) corren a chorros en favor del derroche tecnológico. Pero, ya digo, musicalmente apesta, por no decir que “es una mierda”, evocando y parafraseando la película que Iván Zulueta estrenó en el 70, aunque se rodó en el 69, con el título de ‘Un, dos, tres… al escondite inglés’.

¡Qué valor el de este vasco de San Sebastián! Sin un duro, pero con mucha cabezonería e ingenio, confeccionando él mismo los decorados y la cartelería, y con Jaime Chavarri como guionista que lo inventaba de un día para otro mientras se rodaba, con Borau como actor, productor y director asociado, y las mismas Vainica Doble haciéndose cargo de la música extradiegética, dejó plasmado el filme más psicodélico y surrealista de la música española. Hoy, una delirante pieza de lujo que hace bueno aquel cine atrevido e incomprensible en la época, que desembocaría en la aún más atrevida película de Zulueta, ‘Arrebato’, hoy obra de culto.

En ‘Un, dos, tres… al escondite inglés’ no solo se desplegó una cantidad de subversión visual desbordante sino todo un estacazo demoledor a aquel festival eurovisivo y a todos los de su estirpe, que en la España de los sesenta florecían como setas otoñales.

Contra ellos, contra los artistas que desfilaban por aquellos cónclaves entontecedores y en general contra la música comercial que producía la pacata España, Zulueta recurrió a un manojo de ‘conjuntos’ nuevos y punteros para mostrar que otra música pop era posible. Grupos de apenas unos meses de vida pero que ya tenían discos, sonaban en la radio, aparecían en la tele y contaban con canciones de mucho fuste amarradas a los metales, en onda con el soul-rock de Chicago o Blood Sweat & Tears, que marcaban tendencia mundial. Gracias a la osadía de Zulueta, hoy es posible disfrutar de aquellas canciones y de aquellos ‘conjuntos’ en copia restaurada en blu ray, que se publicó el año pasado y que andaba perdida desde que salió en VHS hace la tira de años.

En el batallón que Zulueta presentó para confrontar el nuevo pop español con las horteradas festivaleras estaban Los Buenos, Los Iberos, Shelly y Nueva Generación, Los Beta, Henry y Los Seven, Los Ángeles, Pop Tops, The End… y hasta Fórmula V, que aún no había enfilado el filón veraniego y contaba con nutritivas canciones pop como ‘Busca un amor’. También aparecía un Ismael cantautor, progreta pero despistado, y unos Mitos menos progres pero novísimos.

Traslademos aquel frente contra la comercialidad y la festivalitis de entonces a hoy día. ¿Qué grupos de tan apenas una año o dos de vida y con cierto caché mediático podrían pegarle una pedrada a Eurovisión y a la venidera, ¡aggg!, nueva edición de ‘Operación Triunfo’? Me temo que ninguno. El pop español más nuevo no solo anda en las catacumbas mediáticas sino en la inopia indie.

Zulueta, hoy, tendría que agachar la cabeza. ¿O con qué grupos nuevos, con difusión y con canciones consistentes, podría contar un Zulueta de hoy para hacer un hipotético remake de ‘Un, dos, tres… al escondite inglés’? ¿Cómo batallar contra Eurovisión, los mediocres concursos televisivos de nuevas voces y la inminente reposición de ‘Operación Triunfo’ y el PP volviendo a las andadas del ingenio zafio?

Batalla perdida. Hasta el mismo Iñigo, el presentador más vanguardista de aquella tele de finales de los sesenta, vía ‘Último grito’, y prota de ‘Un, dos, tres… al escondite inglés’ y paladín en ella no solo contra la festivalitis sino contra el pop, en favor de la música clásica, es hoy uno de los baluartes del festival de Eurovisión. ¡Cómo se revuelve el tiempo contra uno mismo! Y cómo tiempos pasados, aunque esté feo decirlo, parece que a veces fueron mejores.

Aquí, el tercer single de Los Buenos, con el gran Julián Granados al frente, y con una de su canciones mas famosas, ‘Groovy-Woovy’, editada en 1969 y con la que se abría la película de Iván Zulueta, ‘Un, dos, tres… al escondite inglés’:

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