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aragón es extraordinario

Montañana, una historia del medievo escrita en piedra

El poblado medieval situado en la Alta Ribagorza, que comparte nombre (solo eso) con la barriada zaragozana, es un ejemplo de conservación de tal calibre, que la inmersión en una villa de hace mil años resulta natural

Se le nota en la mirada y la expresión: le gusta su trabajo. Por eso, y porque se ha currado la teoría, lo hace bien. Javier Torres es el responsable de la oficina de Turismo de Montañana (no confundir con la barriada zaragozana del mismo nombre) y guía de este enclave de la Alta Ribagorza. Viene de Pamplona, pero lleva ya muchos años (12, en concreto) asentado en la zona con su familia. En Aragón son unos cuantos más: 49, concretamente, de sus 56, aunque regresó con frecuencia a su tierra natal para competir como ciclista aficionado de alto nivel; de hecho, compartió lides con el campeonísimo de Villava Miguel Indurain. Puente de Montañana es su hogar, y el poblado y villa medieval de Montañana, el lugar en el que desempeña la parte clave de su trabajo.

“La gente se sorprende, sí, y gratamente. Más aún los aragoneses, la verdad; por la pandemia se ha explorado más lo que hay en casa, la gente se ha animado a conocer sitios por los que no se habían aventurado antes, y la sensación general al conocer Montañana es que no se habla lo suficiente de esto. A ver, que es el origen de la historia de Aragón lo que tenemos aquí, el punto de partida. Cuando les cuento la historia me lo dicen. Promoción ha habido en ciertos momentos, es verdad, pero al fin y al cabo se está abriendo un nuevo horizonte”.

Hay mil años de historia en un asombroso estado de conservación. “En 2026 celebraremos con exactitud esa efeméride, falta un lustro -apunta Javier- para que se cumpla el milenio de la consagración de la iglesia de Santa María de Baldós, lo que por lógica significa que el poblado llevaba ya un tiempo aquí, porque esa iglesia no se construye en dos días. Cuando la consagra el obispo Borrell de Roda le dio el nombre de San Martín y San Ponce, pero unos acontecimientos considerados milagrosos en el siglo XV llevaron al cambio de nombre”.

Un punto de inflexión

Javier tiene claros los valores de más peso a la hora de la visita. “El principal es la propia historia, más allá de loa arquitectónico; este lugar fue testigo de un giro en el devenir de los acontecimientos, el retroceso de los musulmanes y el arranque de las primeras conquistas de Aragón, materializadas en primer lugar en el castillo de Benabarre. Ahora que empieza a haber más interés por la historia de Aragón entre los propios aragoneses, pasarse por Montañana es una buena forma de ampliar o consolidar conocimientos”.

El hospital es una de las paradas más interesantes del recorrido. Hospital en el sentido de hospedería, siempre hay que aclararlo. “Se ha ido dotando de más elementos en el interior, remodelaciones aparte. Ahora se puede ver un telar inspirado en la época, una rueda de cerámica, la cocina más completa… se enseñan tres plantas y hasta hace poco solamente mostrábamos una. Tiene oratorio, con un pequeño altar. La hospitalera haciendo mantelería y servilletas, el hospitalero haciendo la vajilla y los cubiertos… tenían comida y techo para siempre, pero trabajaban sin cesar. En Fitur 2020, justo antes del inicio de la pandemia, escenificamos la recepción del peregrino en un hospital, y resultó espectacular, despertando mucho interés. Néstor ”.

El proceso tiene miga, literalmente. “Cuando el peregrino llegaba a Montañana y sabía que allí podía encontrar cobijo, tocaba el cuerno y el hospitalero se afanaba en prepararlo todo. Había un protocolo muy interesante: preparaba sopa de pan y especiaba el vino, lavaba los pies al caminante y le honraba otra serie de derechos: la cama, el baúl y el crucifijo. Y no solo pasaban los peregrinos del Camino de Santiago, muchos iban a Obarra o Roda”.

El horno de leña con bóveda de cal y accesos para reparaciones también llama la atención en Montañana. “En las dos recreaciones anuales que hacemos, en San Jorge y el Pilar, se hace pan a la antigua usanza, con recetas históricas, y el pan cocido sobre la brasa; está ‘preto’, como dicen los abuelos, y aguanta tiempo. Es feo, pero tiene mucho sabor. A las recreaciones vine Sergio, de San Sebastián, y ejerce de panadero. También se cuecen pasteles y carnes; en la Edad Media era como un bar, ahí se socializaba, la gente se llevaba su masa y charlaba. El panadero sabía calcular los tiempos de cocción y mezclas de harinas, y nunca revelaba sus secretos: eso lo mantenía vivo; incluso cuando le pillaban sisando masa lo castigaban, pero no lo mataban”.

En el poblado, por cierto, hay viviendas en las lindes del conjunto histórico, y muchas de esas casas colindantes están habitadas en verano; alguna queda en invierno, aunque la climatología es cruda.

Vídeo del conjunto medieval de Montañana en 'Aragón es extraordinario'

Una celebración diferente

La última recreación que se celebró fue en el Pilar de 2019. “Ahí cogimos una carta de Pedro III en la que pedía al condado de Ribagorza 300 hombres para la campaña de Sicilia. El rey les daba una lanza y un casco para una instrucción, a fin de que resistieran luego lo más posible en la batalla; cada uno iba como podía para vestirse y protegerse. Todo muy natural, no se trata de hacer una justa en el aparcamiento”.

Javier matiza un poco más la naturaleza de estas actividades para cerrar la explicación. “No hay feria en las recreaciones de Montañana por una sencilla razón: no las hubo en su día. No se vende nada, no hay réditos directos, ni grupos recreacionistas, sino invitados individuales, y la actividad no está subvencionada; cada cual se las arregla para ser fiel a la historia documentada, y te aseguro que el resultado gusta mucho”.

Espíritu indómito en las recreaciones que se traslada a un juego de pistas

La ermita de San Juan se ha recuperado, y se han escenificado las comunicaciones de la época trayendo palomas de Sangüesa. “Las personas suman de modo individual. Por ejemplo, tenemos un amigo recreador de Lérida que fabrica ballestas y tiene el atuendo; lo llamas, y viene. De hecho, hay un buen número de aficionados a la recreación que almacenan aquí sus cosas el año entero, se ha formado una especie de familia que comparte objetivos y valores. Alguno incluso ha echado raíces; Héctor Polite, compañero guía que trabaja durante el año en la visita de la Aljafería, viene en verano de refuerzo aquí, y le gusta mucho. El aforo máximo es de 30 personas en faena, que son las que caben comiendo en el hospital; no se aspira a traer 500 personas”.

Hay una actividad que viene funcionando bien: ‘escape room’ al aire libre. “Hemos armado un juego de pistas que mezcla datos reales y ficticios; el objetivo es buscar las reliquias de San Juan, preciado tesoro de la Ribagorza. Se encuentran en el Museo Diocesano de Barbastro, pues aparecieron en 1998 en la ermita de San Juan.

Este año, a pesar de las circunstancias, ha habido 2.000 personas atendidas en la oficina de turismo y 600 visitas guiadas de pago, con un precio de cuatro euros cada una. Para reservar y pagar se hace por internet en montañana.com (o montananamedieval.aragon.es) y para el juego de pistas hay un máximo de seis personas, que pagan 10 euros cada uno. El precio mínimo en la reserva es de 30 euros, y si se completa el cupo de la media docena hay una rebaja: se pagan 50 euros por el conjunto. Cuando consiguen el objetivo se llevan un detalle.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es Extraordinario'.

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