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aragón es extraordinario

El Castillo de Jarque de Moncayo llena al fin su vacío

La reapertura de la fortaleza para visitas después de dos años de obras de consolidación y acondicionamiento permiten disfrutar de esta fortaleza que conquista a la primera

Era una vieja aspiración del pueblo de Jarque de Moncayo, que comenzó a tomar forma en 2017 y cristalizó definitivamente en 2019: su castillo volvía a ser visitable, tras una concienzuda reforma y consolidación de sus restos. Francisco Javier Gran, guía turístico de la comarca, es de Brea pero tiene raíces familiares en Jarque, y conoce perfectamente el percal desde chiquillo. “Cuando lo muestro voy avisando desde abajo lo que hay;muchos de los que vienen han visto el castillo de Mesones de Isuela, por ejemplo, que también puede visitarse con la Comarca, y esto es otra cosa, desde la cantidad y magnitud de los restos conservados a los accesos o la propia localización en el terreno. Está vacío por dentro, pero sigue teniendo un valor indudable”.

Francisco Javier combina las explicaciones con descansos; la subida es corta, pero la velocidad y las paradas se adaptan al grupo y la climatología. siempre con la intención de ofrecer informaciones adicionales a la visita en el interior. “Lo que se ve desde fuera del castillo ya dice mucho de él. Por ejemplo, que es desigual; que está construido en mitad de una ladera y tiene por tanto que acomodar su planta y alzado, con zonas en pendiente; que nada más entrar ya se ven las piedras enormes en las que se ha picado y las zonas de la pared que se cayeron y volvieron a levantarse… la última reforma que se le conoce es del siglo XVI, ¿te imaginas cualquier edificio actual sin reforma de ningún tipo en 20 años? Ya le salen achaques, ¿no? Pues 500 son unos cuantos más”.

El castillo, desde luego, no se construyó de un solo impulso, y eso también se aprecia a simple vista, más allá de las restauraciones recientes. Hay ventanitas más pequeñas, propias de un interés más defensivo, y otras grandes, cuando pasó a tener un fin más residencial. El lateral que da al lado sur muestra a la perfección el modo en que ha ido readaptándose la construcción. “En los últimos tiempos ha tenido usos de todo tipo, desde corral a reducto hortelano. Los propios chavales veníamos a hacer el cabra en las ruinas, hasta que hace 20 años se paró todo; era peligroso. El hecho de que llegase el dinero del Ministerio de Cultura para desescombrarlo y arreglarlo por dentro fue un triunfo para el pueblo y la comarca, porque pasó a ser un activo patrimonial con perfil turístico; cualquiera que lo conociese de antes se asombra muchísimo al verlo ahora”.

Francisco Javier recuerda que “la fachada se cambió en la reforma del conde de Aranda en el siglo XVI. Quería colocar una puerta que pudiese admirar todo el mundo desde el pueblo, exhibir poderío. Algo parecido ocurrió en el castillo de Illueca: la ostentación de poder. La puerta original no se sabe exactamente dónde estaba, aunque según los arqueólogos que llevaron la rehabilitación del castillo pudo haberse ubicado en el lado que da a Gotor, un hipotético acceso por pasarela más fácil de defender en un ataque. Actualmente se prepara un libro que editará el Ayuntamiento, y que va a arrojar luz sobre ése y otros interrogantes gracias a los estudios realizados en los últimos años”.

No, no hay techo en el castillo, ni suelos conservados más allá de algún cuadrado en la parte baja y los dispuestos en la reciente reforma para hacer el lugar visitable. “Parece claro que este castillo fue humilde, no tenía aspiración de albergar ejércitos o ser la morada principal de un gran señor, sino que su fin era controlar el pago de los impuestos y acoger ocasionalmente a quienes poseían las tierras”.

Del primer castillo construido en este enclave quedan muestras claras, como una pared más grisácea que señala el joven guía. “Tras la guerra de los Dos Pedros, omnipresente en toda esta zona, empezaron a caerse paños de muro; don Lope, el vizconde de Mesones, decidió construir un muro externo para hacer de pegamento con el de dentro. Gracias a esa medida se han conservado algunas cosas, como una habitación esquinera o parte de las antiguas almenas. Hubo antes un castillo musulmán, levantado con otra piedra distinta. Se creía que había un aljibe en el centro del patio, pero tras las excavaciones no apareció. Sí había un caño de fuente, que se conserva; provenía de un manantial de este monte, canalizado por un tubo de cerámica. Este mismo invierno ha tenido un hilo de agua, quinientos años después: debía ser un buen tubo: La puerta principal tenía desagüe, además”.

Junto a la fuente un círculo en el suelo donde, al parecer, se ubicaba el hogar de los vigías. También se halló el emplazamiento del que podía ser perfectamente el almacén del castillo; una teoría que también enarbola José Luis Cortés Perruca, historiador y profesor tutor de la UNED de Calatayud. Las casitas bajo el castillo, desocupadas desde hace años, fueron donadas al Ayuntamiento para que se tirasen y pudiera haber un nuevo acceso a la fortificación. La gente de Jarque se ha volcado con detalles como ése.

Resumiendo:si se busca el castillo de Exin, juguete predilecto de los niños setenteros, se yerra el tiro. Tampoco es Loarre, o el vecino de Mesones. Su realidad tiene que ver con la restauración, en la que ha primado el respeto y la pulcritud; más que levantar un edificio, se han adecentado y consolidado sus ruinas, después de sacar 3.000 metros cúbicos de tierra y maravillarse con las historias que contaba el subsuelo. Jarque tiene muy claro que esas ruinas puede reescribir su historia como pueblo; de hecho, es algo que ya está ocurriendo.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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