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aragón es extraordinario

En El Pobo saben de dinos, músicas y juegos finos

La actividad sociocultural de este pueblo turolense llena de argumentos su objetivo de consolidar y aumentar población

En El Pobo pasan cosas. Y no, la frase no alude a sucesos, aunque en todas partes cuecen habas; este pueblo turolense, a media hora en coche de la capital provincial, no descansa a la hora de idear actividades que den vidilla al devenir cotidiano y, de paso, animen a quienes busquen un buen lugar para materializar una hipotética vocación rural; se dan argumentos para ser el destino de uno de esos volantazos vitales minimalistas tan comunes en los últimos tiempos, pre y postpandémicos.

Pedro Casas es el presidente de la Asociación La Albada en El Pobo. “Y vecino de aquí, ése es el cargo que más me gusta. Participo en todo lo que puedo, desde colaborar con la asociación El Ardacho en el tema de la Poborina Folk a cualquier otro movimiento que surja. Poborina es uno de los festivales más interesantes de toda la provincia, con dos décadas largas de trayectoria; por desgracia no se ha podido hacer estos dos últimos años, como tantas otras ideas afectadas por la pandemia. Somos pocos y nos ayudamos en todo”.

Pedro se fue del pueblo a los cinco años. “Mis padres marcharon para Barcelona, algo muy común en los 60 en toda la provincia; veníamos a El Pobo en vacaciones. Volví aquí con mis estudios concluidos, a los 22, y monté una granja, que luego pasó a ser la cervecería Castel en otras manos; trabajé en una multinacional del pienso, Purina, y viví una larga temporada en Murcia. Luego pasé a una gran empresa aragonesa, Grupo Térvalis, en donde he ejercido varias funciones durante 24 años; lo último fue poner en marcha una explotación de viticultura y enología, desarrollamos la marca Lagar D’Amprius y sigo parcialmente involucrado como responsable de desarrollo. También monté una granja de conejos en El Pobo, donde ya he residido habitualmente la última década”.

Lo dicho: algo pasa en El Pobo, se arman muchas cosas. “El pueblo ha pegado un bajón demográfico, pero nos esforzamos por revertir la situación; nuestros padres se fueron, y los que se quedaron pudieron aprovechar la generosidad de nuestros campos, que dan cosechas abundantes de cereal y bastante girasol, además de carrascas truferas. Aquí se daban estudios a los hijos, y muchos no volvieron; en otros de la zona hubo menos oportunidades, y los hijos continuaron la faena de los padres. Los que quedamos aquí ahora tratamos de hacer cosas, cuidar el tema cultural… el Poborina es un ejemplo, pero hay más”.

El nuevo bar, restaurante y multiservicio de El Pobo, recién inaugurado, deja el anterior edificio en desuso. “Se está pensando en hacer un salón de reuniones con posibilidad de proyecciones, un ‘coworking’… nuevas herramientas para atraer a profesionales que quieran vivir tranquilamente en un pueblo y trabajar ‘online’ desde aquí. ¿Más cosas? Tenemos campo de golf, y una estrella de cine en el vecindario –ríe Pedro– que fue extra de ‘Salomón y la Reina de Saba’; Pedro Ros que estaba haciendo la mili en Valdespartera cuando se desarrolló el rodaje: tiene 85 años ahora y se acuerda de todo. Hicimos una proyección de la película, con llegada en descapotable y alfombra roja para nuestra estrella local”.

Los animales prehistóricos

Hace aproximadamente un lustro, a través de la comarca y en connivencia con Dinópolis, se empezó a hablar de una sede de Dinoexperience en El Pobo, que ha ido tomando forma en los últimos años. “Se levantó en el Parque de las Eras de Loreto tras la ermita, rehabilitada hace cuatro años. A las reproducciones de animales que había, como el tigre de dientes de sable o la jirafa prehistórica de cuello menos alargado, más un lobo y un hipopótamo gigante, se unen ahora un mamut y una hiena. A los pequeños les encanta pasear por aquí y la información de los paneles es muy interesante”

Este año y medio de parón se han ido haciendo más cosas en El Pobo. “Tenemos una zona de caravanas con servicios disponibles, y se ha consolidado el despegue de ala delta desde el monte Hoyalta, a 1.760 metros, donde se hacen competiciones oficiales. También se ha colocado una estación meteorológica que ofrece datos a través de la página oficial de El Pobo”.

El Pobo Norte fue otra iniciativa graciosa que reflejaba las temperaturas extremas que suele registrar el pueblo. “Con Filomena y todo, no ha sido el peor invierno, hace dos años fue más duro. Pedro, un vecino que tiene granja de cerdos, iba un día a trabajar con 14 bajo cero y ventolera y acuñó el término; seguimos con la broma y de ahí salieron vídeos, camisetas… también celebramos una vez al año una andada muy concurrida. Por otro lado, tenemos un grupo de Whatsapp que se llama ‘El Lunes al Gamellón’; a partir de septiembre, cuando quedamos los que vivimos todo el año, nos juntamos los lunes a cenar en un local que hemos habilitado, con horno incluido, para vernos más las caras en los meses de menos concurrencia”.

Esas cenas suelen acabar jugarndo a la tabla, una pieza de madera con orificios de distintos valores. “Se coloca en el suelo y se lanzan desde dos metros con unas fichas de hierro. La primera trajo mi padre de la mili, que hizo en San Gregorio, en Zaragoza; como llevó el bar en este pueblo, la puso allá y se cogió mucha afición. También se juega a la morra, pero eso está en muchos sitios. La tabla no debe rebotar demasiado, y se lanza con una suave rotación de abajo arriba, para tratar de que se quede sobre la tabla y sumar cuatro puntos; si entra en alguno de los agujeros se suma lo que puntúa cada uno”. 

Una nueva oferta culinaria

Gustavo Santamaría y su hija Tatiana han venido llevando el bar de El Vallecillo y ahora también se encargarán de El Pobo: abren a diario el bar, restaurante y multiservicio. Tatiana está centrada en El Vallecillo, y Gustavo va a tener este verano más ayuda familiar con otra hija, Mayra, y su yerno Sebas. Más adelante se planteará reclutar una cocinera para que le apoye en la tarea; de momento borda los menús en El Pobo con especialidades de la tierra, a las que da su toque sin alterar los sabores tradicionales de la zona. En las primeras semanas de actividad ha caído de pie con los hebituales y los visitantes veraniegos. “Gustavo –apunta Pedro Casas– es un profesional, muy buen cocinero y buena persona, ha estado en otros puntos de Teruel y en la propia capital de la provincia. El día de la inauguración no pude estar, pero me dicen que se lució con unas migas de escándalo y un chuletón por su sitio”.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'

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