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Viajes

aragón es extraordinario

Mucho ojo con Mazaleón y su doble prisión

La ruta de las cárceles del Matarraña tiene en los dos calabozos de esta localidad a una de las paradas mejor conservadas del lúgubre e interesante recorrido

Miriam Dolz es auxiliar del Ayuntamiento de Mazaleón. Está acostumbrada a desgranar las paradas imprescindibles de su pueblo al visitante, y no duda al señalar las antiguas cárceles como el punto magnético de las miradas foráneas. «Es lo que más quiere ver la gente, vienen de diversos puntos del país; las cárceles están situadas en un latera del edificio consistorial, en dos niveles. Ya sabréis que hay ruta de cárceles en el Matarraña, datan de los siglos XVI y XVII, y casi todos los pueblos de la comarca tienen las suyas. Las de aquí están muy bien conservadas, la verdad; estuvieron en uso hasta finales del XVIII».

En aquellos tiempos, el alcalde decidía el destino de cada reo según su crimen, según explica Miriam. «Podían ir al calabozo de la planta inferior, del cual a veces ya no salían por las durísimas condiciones del encarcelamiento, o a la planta superior, de reclusión algo más suave, sin encadenar. para presos con delitos menos graves. Se conservan en la pared grafitis de la época con fechas y frases que hablan de las causas de encarcelamiento y que por lógica pertenecen a los presos más instruidos, que sabían escribir; ahí se habla de pesetero a ladrón. También hay garabatos de pájaros, juegos de tres en raya, mujeres como fantasías sexuales, una pistola… hubo presa gente de todas las clases sociales e ideologías». Las cárceles abren regularmente para la visita de lunes de viernes, de 11.00 a 14.00h, en horario hábil del Ayuntamiento.

El nivel inferior

Para ver las cárceles se sube por una escalera desde la plaza Mayor. En la planta primera, con la compañía de letreros explicativos, está el temible calabozo de angosta entrada, destinado a los presos más peligrosos. Es pequeño, sin ventanas y con un simple orificio en la zona inferior, usado como letrina y basurero. Conserva el cerrojo original: elemento que está totalmente encajado en el muro, por lo que tuvo que hacerse a la vez que la propia obra del muro.

En esta cárcel se conserva intacto el cepo original. Por medio de los dos maderos unidos por elementos metálicos, situados en el plano inferior, los presos quedaban retenidos por los tobillos; un maniquí ilustra las condiciones reales sufridas.

Al calabozo superior, situado en la segunda planta, se llega por una escalera pegada a la roca. Es una sala más amplia, de unos 16 metros cuadrados. Al lado de la puerta se abren dos sencillas ventanas rectangulares a modo de aspilleras. En el muro izquierdo se conserva el mentado conjunto de grafitis en un panel de siete metros de longitud por algo más de metro y medio de alto, lleno hasta los topes de inscripciones que en su mayoría datan de los últimos tiempos de uso de la prisión, de mediados a finales del XVIII.

La ruta de las cárceles del Matarraña es un buen modo (aunque suene algo lúgubre) de hilar la visita a la comarca e irse sorprendiendo con todas sus bondades. Las hay en La Fresneda (también dos), Fuentespalda, Monroyo, Fórnoles, Cretas, Peñarroya de Tastavins, Ráfales, Torre de Arcas, Torre del Compte, Valderrobres y Calaceite. Todas tienen elementos comunes y reconocibles, pero no hay calcos a la vecina en los rincones de reclusión.

El Balonero, símbolo vivo de la actividad artesana más deportiva

En varias calles de Mazaleón se ven a ras de suelo una especie de respiraderos circulares en la base de los muros. Abajo están las bodegas de muchas casas, destino habitual de las barricas de aceite y vino, amén de albergar depósitos de agua. Antiguamente había algunas conectadas con la iglesia por túneles, que ahora están sellados, pero aún pueden verse los arcos y el inicio de esos pasadizos en varios puntos.

Las bodegas son un tesoro local, santo y seña de Mazaleón, como Juan José Tiñena El Balonero. «Así me llamaban antes, ahora menos porque han pasado muchos años de aquello, pero sí, fui balonero. Todo empezó cuando fui a la mili de voluntario, allá en Sanjurjo; había uno en fila detrás de mí cuando tenías que presentarte, y vimos que teníamos el mismo apellido, él era de Fabara, que está aquí cerca, aunque ya es Zaragoza. Nos hicimos amigos; él ya cosía balones, y me dijo cuando volvimos a casa que cuando quisiera bajase a buscar unos cuantos para ganar unas perrillas. Aquí lo comenté charlando en el bar, que había aprendido el oficio; hacía todo el comienzo del trabajo, y él los cerraba».

Juan José se emociona al recordar. «Un día vinieron dos señores de Barcelona por el bar, y me dijeron que se había enterado de que yo sabía coser balones; querían que trabajase para ellos. Así que empezó a venir cada semana un recadero de Barcelona a mi casa a buscar balones; hablé con mi amigo de Fabara y él me enseñó a rematar la faena. Se cosen del revés, luego hay que darles la vuelta y apretar las costuras con unas mazas de madera; le ponías la cámara de hinchado, lo cerrabas del todo, y listo. Mucha gente hizo esto aquí, en Fabara con las fábricas, también alguno por Maella. Cuando llegaba la cosecha de olivas era duro compaginar, pero nos organizábamos».

San Cristóbal, asiento religioso y lustrosa huella de la civilización íbera

Alrededor del pueblo se conservaban en su día cuatro grandes pilones, puntos de vigilancia que marcaban los puntos cardinales. No obstante, el gran enclave vigía y pío es la ermita de San Cristóbal, con unas vistas de fábula. Justo detrás se conserva un antiguo poblado íbero, vallado pero abierto a la vista; anexa a la ermita está la Casa del Ermitaño, que se ha convertido en Centro de Interpretación de ese poblado.Se trata de una subida fácil, a dos kilómetros del casco urbano. Desde el poblado íbero se ven al fondo restos de la antigua botiquería en la pared montañosa, donde se conservaban las plantas medicinales empleadas luego en las fórmulas magistrales de los remedios que se vendían en la botica. El otro gran aliciente en el patrimonio religioso local es la iglesia de Santa María la Mayor, del siglo XIV: en su fachada destaca el rosetón gótico y un campanario de espadaña.

MAZALEÓN

Comarca. Matarraña

Cómo llegar. Desde Teruel, su capital de provincia, hay 179 kilómetros por la N-420 y la A-1412. Dista 35 kilómetros de Alcañiz.

Sociedad Cooperativa de San Isidro. Tienda-museo, con las piezas del antiguo molino presentes en la estancia. Se trabajan el aceite y las aceitunas, de excelente calidad y premiadas a menudo en certámenes nacionales. También se venden productos de cercanía.

Hostelería. Para tomar algo hay dos opciones principales: el bar D’Angelo y el Bar Lo Café.

Ruta Mazaleón-Calaceite. Este recorrido dura unas cuatro horas de ida y vuelta sin paradas, con un desnivel de 152 metros. La ruta discurre por el camino tradicional que arranca junto al río Matarraña, pasando por el poblado ibérico y la ermita de San Cristóbal.

Textiles Rams. Medio siglo de historia asiste a esta empresa familiar nacida en el pueblo, que con su marca Toni Barceló es una de las poquísimas fábricas de trajes de caballero que resiste a la crisis y la competencia extranjera en el mercado español.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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